lunes, 12 de octubre de 2015

Los historiadores modernos ante las semejanzas entre el templo de Jerusalén y El Escorial; por Juan Rafael Cuadra

Los Reyes David y Salomón en el Patio de Reyes del Monasterio de El Escorial
Las semejanzas entre el Templo de Salomón y el Monasterio de El Escorial no sólo han sido tratadas por los cronistas del siglo XVI y XVII, sino que los historiadores modernos  las han discutido tanto desde el punto de vista simbólico, como desde el punto de vista de la posible influencia del prototipo bíblico en la traza arquitectónica escurialense.

     A continuación, y antes de recoger sus opiniones por riguroso orden alfabético, los enumeraremos en función de sus opiniones, para por último señalar también sus opiniones sobre los parecidos entre el Es Escorial y el Templo de Villalpando. Curiosamente, sólo los muy convencidos, como Moya, Taylor y Osten Sacken, han podido elaborar una teoría coherente sobre las influencias salomónicas en El Escorial. El resto, tanto los que están a favor como en contra, se limitan a expresar sus opiniones -o como mucho sus dudas- sobre la importancia del tema, que suele ser el caso de los que han investigado las implicaciones simbólicas del asunto.

·                  Muy convencidos: Luis Moya, René Taylor, Cornelia Von Der Osten Sacken.
·                  A favor: José Luis Abellán, Luis Arciniega, Antonio Bonet, Fernando Chueca, John H. Elliot, Luis Fernández-Galiano, Ernesto Giménez Caballero, Antonio Martínez Ripoll, Pedro Navascués, Juan Antonio Ramírez, César Ruiz-Larrea, Santiago Sebastián López, Nicholas Wilcox, la Guía Visual de El País y la revista Geo.
·                  En contra: Juan Miguel Hernández de León, Francisco Íñiguez Almech, Henry Kamen, George Kubler.
·                  Tibios: Fernando Checa y Agustín Bustamante

José Luis ABELLÁN (Catedrático de la Universidad Complutense).

"Esta consideración del edificio como microcosmos presuponía una idea previa a la construcción y que esa idea tenía que condicionar la elaboración del diseño. El contenido de esa idea es muy posible que fuera el Templo de Jerusalén, y así lo confirma el historiador por autonomasia del edificio, el famoso fray José de Sigüenza, quien se refiere a El Escorial como "otro Templo de Salomón, al que nuestro patrón y fundador quiso imitar en esta obra". Esta interpretación se confirma si consideramos que Felipe II fue visto en su época como el segundo Salomón". [1]

Luis ARCINIEGA GARCÍA (Profesor del Departamento de Historia del Arte, Universitat de València).

"[...] la aspiración de legitimarse como nuevo Salomón, solicitando para sí el dominio del cristianismo. La voluntad regia de conectar con la dinastía bíblica se manifiesta desde el inicio de la construcción del Monasterio -en la Carta de Fundación y Dotación del mismo, toma Felipe II el título de Rey de Jerusalén- hasta el final de la obra, en 1584, cuando se colocan en la fachada de la iglesia los seis reyes veterotestamentarios del escultor Monegro. Asociación que fue respaldada por diversos tipos de documentos. Por ejemplo tiene resonancia en la reconstrucción del Templo de Salomón llevada a cabo por Prado y Villalpando. 

    El Escorial aparece en un momento de gran difusión de los tratados arquitectónicos y de estudios de arquitectura bíblica. La arquitectura que perseguía el arquetipo de la perfección encuentra una vía en el estudio de las medidas dadas por Dios a Noé para fabricar l nave, a Moisés para el Tabernáculo y a Salomón para el Templo, así como en la visión de Ezequiel del templo divino, puesto que lo proyectado por Dios no podía ser más que perfecto [...] La reconstrucción del templo salomónico es posterior a la finalización del Monasterio, sin embargo presenta grandes semejanzas que pueden explicarse por la estrecha relación existente entre Herrera y Villalpando. El vitruvianismo sacralizado en El Escorial recoge el testigo de la construcción salomónica; conectándose Felipe II y su Monasterio con la tradición bíblica adquieren un carácter de divinidad que los legitima [...] Es difícil delimitar hasta qué punto los modelos bíblicos están presentes en la ideación de la construcción, pero lo indiscutible es su uso "a posteriori" para destacar la figura de Felipe II y de su obra arquitectónica." [2]

Antonio BONET CORREA (Dr. Arquitecto, profesor de la Escuela de Arquitectura).

"Respecto al Templo de Salomón, el templo de los templos, para el cristiano la culminación de toda la arquitectura, existe una importantísima referencia. El jesuita Juan Bautista de Villalpando publicó en Roma una reconstrucción ideal del Templo de Salomón. Villalpando, discípulo de Herrera, toma como modelo El Escorial, edificio con el que ya el Padre Sigüenza había establecido el parangón".  [3]

"Felipe II, monarca que por su sabiduría y prudencia era calificado por sus contemporáneos de «nuevo Salomón» [...] El Templo de Salomón, por su planta y alzado, tal como lo imaginaron, ofrece gran paralelismo con el monasterio-palacio-panteón construido por Felipe II en la sierra madrileña. El clasicismo herreriano de las ilustraciones diseñadas por Villalpando es la prueba palmaria de la identificación ideal de ambas excelsas construcciones, conceptualmente consideradas como emanaciones de una idea absoluta de lo arquitectónico [...] El interés de Felipe II, muy enterado de arquitectura y mecenas artístico, por un libro que era como el reflejo de las ideas fundamentales de El Escorial, Octava Maravilla del mundo y remedo del Divino Templo de Salomón".  [4]

Agustín BUSTAMANTE GARCÍA (Profesor de Historia del Arte, Universidad Autónoma de Madrid, Facultad de Filosofía y Letras, Departamento de Historia y Teoría del Arte. Escribió su tesis doctoral sobre Valladolid, dirigida por Juan José Martín González. Vallisolitano militante, ha escrito un monumental trabajo monográfico sobre El Escorial, de la arquitectura y ornato del monasterio, realizado tras diez años de trabajos en el mismo).

"Es lógico pensar, así pues, que con Sigüenza, Juan Bautista de Toledo, Juan de Herrera y, probablemente, Felipe II, vieran en el Escorial no como imitación y superación del Templo de Salomón, sino que consideraran este hipotético modelo sólo como un eslabón sucesivo al Arca de Noé, el Tabernáculo y el propio Templo, construcciones para las que Dios había dado instrucciones y planos y, por tanto, emanaciones de la Sabiduría Divina. Los templos y estas obras no eran arquetipos, no se imitaban sus formas, sino su sapiencia en términos de simetría, armonía, proporción [...] de principios arquitectónicos divinos que había transmitido los antiguos." [5]

"El primer testimonio legendario fue la equiparación de la fundación filipina con el Templo de Salomón. Este punto, complicado ya en su época, ha acabado siendo uno de los aspectos más distorsionado de la leyenda escurialense [n. 14: El asunto de El Escorial y el Templo de Salomón, vínculo establecido ya en el siglo XVI, adquirió un sesgo pecularisimo a partir del estudio de R. Taylor]. Hay un dato incontestable que establece un vínculo entre Felipe II y su Monasterio de San Lorenzo el Real y Salomón y su Templo de Jerusalén: los seis Reyes de la Basílica [...] desde luego, las figuras no estarían en tan importantísimo lugar si el Rey Prudente no hubiese decidido que se hiciese y colocaran allí. Constatamos el hecho pero se nos escapan sus razones profundas, ya que no hemos encontrado información sobre el mismo [...] La nueva idea, que se sumaba a todo lo existente, sólo requería una vestimenta, unas actuaciones puntuales sobre la superficie [...] La idea de establecer explícitamente un vínculo entre la Basílica del Escorial y el Templo de Salomón ha de ser posterior a la traza de la fachada de Juan de Herrera. Ello nos lleva a considerar que tal concepción deberá surgir desde 1577. No existe, en toda la documentación conocida por nosotros, la menor referencia a este punto. Lo cual nos induce a pensar que tal noción no arrancó ni del Rey, ni del círculo de la Corte, ni del "estudio" de arquitectura dirigido por Juan de Herrera, ni del círculo escurialense, ya de la Congregación, ya del Prior y el Convento. La nueva idea procedía de Arias Montano [...] La fundación de Felipe II no era la imitación del Templo de Salomón, ni mucho menos pretendía superarlo. No existe una relación causa-efecto entre el desaparecido edificio bíblico y la obra española. Lo que une a las dos fábricas es la idea de lo perfecto, captada en la imitación de la naturaleza, creada por Dios, y reflejo de sí mismo; y todo ello dirigido a exaltar, a honrar al mismo Dios [...] San Lorenzo el Real de El Escorial no era otro templo, sino un edificio como el Templo de Salomón [...] este borrador del biblista [las inscripciones de los Reyes de Judá de Arias Montano] perdiéronse todavía en vida de Felipe II sin quedar memoria de él. Caso sospechosísimo, que nos inclina a considerar, que la oposición a Arias Montano y a su idea de un "Escorial bíblico", un "Escorial Templo de Jerusalén", era tan fuerte, que aunque hubo que aceptar la incorporación de los seis Reyes judíos en la faz de la Basílica, logró frenar las inscripciones, acaso por excesivamente claras [...] Los contactos con el Templo de Jerusalén se forjan en la década de los setenta, a partir de 1577, con la llegada de Arias Montano a la fábrica en obras; no afecta ni a la estructura arquitectónica, ni a las funciones que cumple la edificación, sino que cristaliza en la escultura y, como una máscara, se coloca sobre el marco arquitectónico [...] La Octava Maravilla, al convertirse en Única, se metamorfoseaba, no en el nuevo Templo de Salomón, sino en el Castillo de la Fe contra la Herejía". [6]

"Pero tanta perfección supo valorarla Arias Montano, que convenció al Rey para hacer de la Basílica la expresión de un nuevo Templo de Salomón, colocando en su fachada las seis efigies de los reyes de Israel". [7]

Fernando CHECA CREMADES (Profesor de Historia del Arte en la Universidad Complutense de Madrid. Actual director del Museo del Prado, comisario de la exposición "Felipe II, príncipe del Renacimiento" [1998] y uno de los mayores expertos del Renacimiento español y de Felipe II. Si bien no parece creer que la traza de El Escorial estuviera influida por la del templo hierosolimitano, sí constata el simbolismo adherido al edificio y al mismo rey, y sobre todo su presencia panegírica en las crónicas posteriores).

"Es en este contexto de desmesuradas aspiraciones en torno al significado del edificio done se sitúa la polémica acerca del sentido salomónico del monasterio [...] Pues, como en el monumento de Jerusalén, en el levantado en las cercanías de Madrid se pretendió crear una arquitectura perfecta, una estructura santa que sacralizara, desde el punto de vista cristiano, alguno de los dogmas intocables de la estética vitruviana [...] Pero desde nuestro punto de vista no nos interesa tanto el seguir los pasos de esta discusión, sino simplemente el señalar que la misma -es decir, la relación o no de El Escorial con el Templo de Jerusalén- ha influido en la imagen y en las interpretaciones historiográficas del mismo a lo largo de los siglos." [8]

"Aunque sobre la idea de comparar el templo de Jerusalén con el Monasterio de El Escorial se ha fantaseado mucho, sí es cierto que desde los últimos años de su vida Felipe II patrocinaba una empresa editorial como la llevada a cabo por los padres Prado y Villalpando en Roma." [9]

"Si un rasgo caracteriza su protección de las artes es el de cristianización de la Antigüedad y la sabiduría del pasado. Así fue percibido ya por sus contemporáneos, quienes comenzaron a calificarle al final de su reinado de nuevo Salomón [...] aparecían teatros [en la entrada a Bruselas, en 1549] con representaciones de la Biblia o espectáculos en los que figuraba la relación de Felipe con Salomón, que más adelante se convertirá en tópica [...] Los arcos triunfales le recordaban de continuo la grandeza de su estirpe y especialmente la de su padre el Emperador a través de las consabidas alusiones a Hércules, a la historia de Salomón y David [...] El tema sucesorio se convierte en uno de los favoritos de estas entradas; y su ejemplificación a través de la historia de David y Salomón es de las más frecuentes.

Es aquí donde aparece la alusión salomónica [en Excelencias de la Monarquía..., de López Madera, 1597]. El rey de la Biblia es considerado como el personaje sabio por excelencia y es continuamente comparado con Felipe II. Según López Madera fue Salomón quien dijo que el rey justiciero y sabio debía estar armado [...] de igual manera, el cuadro de Lucas de Heere que representa a Felipe II como Salomón es el mejor ejemplo que poseemos de esta idea del rey como Sabio y Justiciero [...] La Reina de Saba, que preside un cortejo que ofrece obsequios a Salomón, quizá simbolice a los territorios bajo el dominio hispánico, representado en la figura real del Felipe II-Salomón.

A lo largo de los años de la construcción no sólo comenzó a elaborarse una mitología en torno al mismo (que lo consideró como la «Octava maravilla del mundo» o un nuevo «Templum Salomonis»), sino que además el programa fue adquiriendo una complejidad cada vez mayor [...] Es éste uno de los temas habituales de la discusión historiográfica en torno al edificio, para el que se han señalado los más diversos orígenes: el Templo de Salomón, la arquitectura hospitalaria española e italiana, el templo de Diocleciano en Spalato, el convento de los benedictinos en Catania... Pero el precedente más inmediato y que probablemente Felipe II y sus arquitectos tuvieron en cuenta debió ser la arquitectura monástica medieval.

Fue a través del propio lenguaje arquitectónico como procuró cristianizar una cultura que, como la renacentista tenía tantos vínculos con el mundo de una Antigüedad anterior a la llegada santificadora de Jesucristo. Es desde este punto de vista desde el que hay que comprender escritos como el Discurso de la figura cúbica de Juan de Herrera, o el tratado sobre el Templo de Salomón que escribirán bajo los auspicios reales, los jesuitas Prado y Villalpando, así como la polémica salomonista entre éstos y Arias Montano [...] y no duda [el padre Sigüenza] en comparar la imagen de Felipe II que estuvo en «alta meditación y en un éxtasis soberano» durante la misa, con «otro Salomón», dando gracias a Dios por haberle permitido ver acabada la grandiosa fábrica de la Basílica [...] Frente al sentido salomónico que adquieren otras partes del edificio -como la fachada de la Basílica o las pinturas al fresco de la Celda del Prior-, o la importancia de los elementos del Antiguo Testamento, los aspectos de la teología católica contrarreformista predominan en este importante espacio [el claustro grande] [...] La Celda Baja del Prior, alrededor de la escena del Juicio de Salomón, obra de Francisco de Urbino [...] alude a un tema capital para la comprensión de El Escorial como es el de la Sabiduría asociada con Salomón, que ahora no se refiere tanto a Felipe II como a la sapiencia que debía adornar al prior que habitaba esa celda [...] La referencia a la Sabiduría se complica con la aparición [de un cuadro en esa misma habitación] que representa a un sacerdote del templo con un niño[...] Llama nuestra atención la presencia de elementos iconográficos vinculados al Antiguo Testamento. Recordemos que el elemento central es el Juicio de Salomón y que en algunas de las pequeñas figurillas que acompañan al conjunto es manifiesta la presencia de sacerdotes del Viejo Templo [...] Comenzaba entonces el mito y la leyenda -de diversos colores según el autor y la época- del Rey Prudente, del nuevo Salomón que encarnaba uno de los momentos estelares de la historia europea.

Además, ésta [la imagen alegórica del monarca] cumple con el requisito de estar basada en la religión cristiana (otra vez la cristianización de la Antigüedad, mediante el recurso de la retórica cristiana), ya que este «retrato digno» no es otro que el de «Salomón, aquel celebratísimo Rey, con quien lo comparo, y aun con un Plus Ultra, diciendo Ecce Plus quan Salomon hic. Mira a éste, más que Salomón» [...] fray Alonso establece una serie de similitudes entre David y Carlos V y Salomón y su hijo Felipe [...] como es lógico, la comparación con Salomón culmina con una referencia a El Escorial, en la que se establece un claro paralelismo entre el edificio y las maravillas del mundo [...] En el sermón predicado por Lorenzo de Ayala en Valladolid, a la vez que se recurre una vez más al tópico de la comparación entre Carlos V y David [...] El edificio y su promotor fueron objeto de intensas discusiones y múltiples interpretaciones. El coste de las obras, [...] su relación con el Templo de Salomón." [10]

Fernando CHUECA GOITIA (Madrid, 1911. Dr. Arquitecto. Catedrático de Historia del Arte y de Historia de la Arquitectura de la Escuela Superior de Arquitectura [Universidad Politécnica de Madrid], Académico de la Historia y de Bellas Artes).

"Deja solo resplandeciente el templo, santuario de la divinidad, pero no asamblea de los fieles. Una vez más, Felipe II se incorpora a la tradición más arcaica, más cerca del Templo de Salomón que de la asamblea de Cristo." [11]

"Miraba por una parte al pasado más remoto, incluso a esa reconstrucción del Templo de Jerusalén, que tanto le sedujo [...] Después de la cautividad de Babilonia, la profecía de Ezequiel era el anuncio de del futuro Reino de Dios. Después del gravísimo cisma de la Reforma luterana, El Escorial era la visión ideal de la iglesia restaurada[...] Los seis reyes simbolizan la restauración del Templo por antonomasia y todos ellos, monumentales y fastuosas, están allí porque todos ellos tuvieron parte en la edificación o restauración del Templo de Jerusalén. No es pues su presencia una glorificación de la monarquía hebrea sino de la Casa de Dios [...] Lo importante es que Felipe II tenía la conciencia íntima de estar resucitando el Templo de la Antigua Ley [...] "  [12]

"Quiere reencarnar la ley mosaica manteniendo el espíritu arcaico de los Reyes de Israel. Góngora le llamó Salomón II, y el Monasterio participó de las ideas del padre Villalpando, de su reconstrucción del Templo de Salomón, tal y como aparece en su libro sobre las Profecías de Ezequiel. En la fachada principal del templo, en lugar de otras imágenes, Felipe II colocó las estatuas monumentales de seis Reyes del pueblo hebreo." [13]

John H. ELLIOT

"Pero ¿cómo podía saber Villalpando cómo era el Templo de Salomón? Lo sabía porque había visto algo muy similar, ya que la planta del Templo de Salomón se asemeja enormemente a la de El Escorial. La similitud no puede sorprendernos, ya que Villalpando era alumno de Juan de Herrera [...] Al tomar El Escorial como modelo, Villalpando está honrando a su maestro [...] No es seguro si el mismo Herrera concibió El Escorial como una versión moderna del Templo de Salomón, y ello ha sido ampliamente debatido. Pero una vez construido no podía escapar a la comparación, y se da el caso de que Fray José de Sigüenza, el gran historiador contemporáneo de El Escorial, dedica todo un Discurso de su historia a la comparación de los dos edificios [...] el Templo de Salomón se convirtió en punto de referencia obligado para El Escorial, llenándolo de significado y simbología. La simbología resultaba aquí especialmente apropiada, puesto que el Rey Prudente tenía todas las características de un Salomón contemporáneo. El Escorial era la residencia del Rey Salomón español y ésta era precisamente la imagen nacional e internacional que se había ido forjando y que estaba latente al final de la vida de este gran rey [...] Para la primera generación de españoles que vivió bajo la pesada sombra del edificio, verdaderamente era el templo del Salomón español".  [14]

Luis FERNÁNDEZ-GALIANO

"[...] es verosímil que a Felipe, que fue llamado el Rey Prudente, le halagase verse a sí mismo como un nuevo Salomón: un sabio constructor hijo de un guerrero, Carlos V o David, y las estatuas de los dos reyes de Israel que flanquean la entrada a la Basílica deben interpretarse en esta clave hermenéutico-propagandística." [15]

Ernesto GIMÉNEZ CABALLERO (Ideólogo falangista).

"[El Escorial era] la ecuación catolicista, universal entre Oriente y Occidente, entre libertad y autoridad, entre racismo germánico e igualitarismo semita".  [16]

Juan Miguel HERNÁNDEZ DE LEÓN (Dr. Arquitecto, catedrático de Estética y Composición de la Escuela de Arquitectura en Madrid).

"tras interpretaciones tan opuestas sobre el significado de la invención de El Escorial puede subyacer una cierta confusión metodológica: la de atender de forma reduccionista a alguno de los niveles de la obra como configurador en exclusiva de su contenido [...] La intencionalidad de levantar El Escorial como nuevo Templum Salomonis es un dato claro que no anula otras posibles lecturas de sus códigos iconológicos [...] En torno a la presencia de esta «idea del Templo de Jerusalén» en la traza de la obra de El Escorial no deja de ser clarificadora la aportación de Juan Antonio Ramírez sobre la diferencia entre la idea sobre el Templo («como recuerdo de un lugar y simultáneamente como un símbolo de la salvación prometida») y la morfología concreta elegida para su representación [...] El Templo de la Pintura de Lomazzo está, por tanto, más cerca ideológicamente de la idea de El Escorial que algunas otras referencias." [17]

Francisco IÑIGUEZ ALMECH (Madrid, 1901 - Pamplona, 1986. Dr. Arquitecto, catedrático de Historia del Arte y de Historia de la Escuela de Arquitectura en Madrid y Pamplona, y académico de Bellas Artes).

"[El Patio de Comares y el de los Reyes de El Escorial] tienen parecidos de composición indudable, aunque su escala los separe totalmente". Respecto a las comparaciones hechas por el padre Sigüenza de Felipe II con el rey Salomón, cree que "no son todos en junto más que los acostumbrados elogios y simbolismos presentes en su castiza y erudita prosa [...] de otro modo lo hubiera dicho con su entusiasmo elocuente; más aún citando a otro escurialense, Arias Montano, encargado de otra reconstrucción del templo de Jerusalén, nada parecida por cierto, al Monasterio, a pesar de su intervención en que se colocasen los reyes y sus letreros [...] San Lorenzo no quiso ser una copia del templo de Jerusalén, y las semejanzas de planta que puedan existir entre las famosas «parrillas» y la planta del P. Villalpando, son las normales entre trazas y diseños renacentistas".  [18]

Henry KAMEN (Rangún, Birmania, 1936. Distinguido hispanista, doctorado por la Universidad de Oxford, ha enseñado en varias universidades de Inglaterra y de Estados Unidos. Miembro de la Royal Historical Society de Londres. Actualmente es profesor de investigación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, de Barcelona.

"Es improbable que las ideas ocultistas interviniesen conscientemente en los planes, o que el Rey haya tenido alguna intención de recrear el antiguo templo de Salomón".  [19]

George KUBLER (Los Angeles, 1912-1996. El renombrado hispanista George Alexander Kubler vivió en Francia y Suiza, hasta que en 1929 recaló en Yale, desde donde escribió numerosos estudios sobre la arquitectura española y portuguesa de los siglos XVI al XVIII).

"Siempre que un rey construye, surge el recuerdo de Salomón [...] la estatua que representa al rey bíblico [...] fue una idea tardía, anterior a 1580, pero ausente del primitivo dibujo herreriano de la fachada [...] la idea de los seis reyes bíblicos no halló expresión hasta el momento en que se encargó su talla a Monegro. Igualmente posterior a la edificación de El Escorial es la lujosas publicación (1598-1604) de un estudio que reconstruye con mucha imaginación el Templo de Jerusalén".  [20]    

Antonio MARTÍNEZ RIPOLL (Murcia, 1947. Doctor en Filosofía y Letras, catedrático de Historia del Arte de la Universidad de Alcalá de Henares (Madrid) y académico de la RABA de San Fernando y de la de Alfonso X el Sabio).

"Precisamente, su erección [la de El Escorial] fue la causa más o menos tácita que originó el polémico debate sobre la reconstrucción del Templo de Salomón entre Benito Arias Montano y los jesuitas Jerónimo del Prado y Juan Bautista Villalpando [...] Al rey Felipe II se le consideró, con o sin razón, un nuevo Salomón y a su magna obra arquitectónica se la vio como un nuevo Templo de Salomón".  [21]

"El Escorial movilizó en su torno -propiciados por el mecenazgo real de Felipe II- una serie de ensayos de reconstrucción del prototipo jerosolimitano del Templo de Salomón [...] ¿Cómo sino explicar convincentemente el conocimiento que el rey demostró del arquetipo jerosolimitano presentado por Villalpando, y que le sugirió la corrección y variación de varios elementos? [...] La Idea que informó el diseño o traza universal plasmada originalmente en El Escorial, y no cambiada en lo fundamental, fue la "descripción que hace la Sabiduría de la Santa Jerusalén" sugerida por el mismo Rey Felipe II a sus colaboradores, ejecutada por mano de su primer arquitecto Juan Bautista de Toledo".  [22]

Luis MOYA BLANCO (1904-1990. Arquitecto. Catedrático de Composición en la Escuela de Arquitectura de Madrid en 1936, donde fue director entre 1963 y 1966. En 1970 pasó a enseñar Estética y Composición en la Escuela de Navarra. Académico de Bellas Artes en 1953. Fue uno de los más firmes defensores de esta teoría).

"El edificio no es, a a los ojos de un arquitecto, consecuencia del vitrubianismo que el Padre Sigüenza y otros atribuyen a sus autores [...] una organización en planta que no recuerda nada a las composiciones que describe Vitrubio, ni a las que conocemos de la Antigüedad clásica, ni menos a las del Renacimiento italiano [...] este tipo de planta se encuentra en Siria, realizada en varios Alcázares -Mxatta, Balkuvara, Ukhaidir- durante la alta Edad Media, entre los siglos VII y IX probablemente (aunque algunos autores dan fecha anterior, hacia el año 400 para Mxatta). En España, el conjunto del patio y la sala de Comares, en la Alhambra, reproduce la composición del eje central de estos alcázares sirios que es también la de otros más recientes repartidos por el mundo islámico medieval. Y precisamente esa parte de la Alhambra es la misma composición del eje central de El Escorial, y con las mismas proporciones (en la planta) [...] Este esquema [el del Templo de Villalpando] debió ser preparado ya desde el principio de los estudios, y por lo tanto, para servir en el trazado de El Escorial. Puede creerse esto, con cierta seguridad de no equivocarse, mediante el examen de las magníficas láminas que lleva la obra [...] Parece que lo sucedido fuese esto: primero, se establecen dos principios -que se han de mantener hasta el fin-, que son la imitación y mejora del Templo de Salomón, y el estilo "greco-romano", o sea el manierismo; segundo, se decide que, puesto que el Templo de Salomón está ya mejorado y ampliado por el de la visión de Ezequiel, sea éste el que sirva de modelo; tercero, los padres Prado y Villalpando proporcionan los datos del de Ezequiel a un magnífico arquitecto -probablemente Juan Bautista de Toledo- para que trace unos planos; cuarto, este arquitecto, formado en Italia, completa con temas manieristas todo lo que falta en la descripción de Ezequiel para hacer un verdadero proyecto [...] quinto, el proyecto de Templo Ezequiel resulta estupendo, pero algo vacío [...] se encuentran las bases formales en la propia España: para los cuerpos laterales, en los hospitales -tal como descubrió Zuazo-; para el eje central, en la alberca de la Alhambra; para la decoración arquitectónica en el sistema español de portadas superpuestas; finalmente para cada aspecto del edificio se buscan precedentes en castillos, alcázares y monasterios españoles." [23]

"[...] lo que les interesa concretamente a los autores de El Escorial es el propio Templo, y ese interés tiene un fin práctico: se trata de saber cómo fue, para hacer otro edificio mejor y más grande [...] El deseo, y casi la necesidad, de superar la obra de Salomón, como la Nueva Ley lo hace con la Antigua, se logró aquí, como mil años antes se había conseguido en Santa Sofía [...] La absorción de la arquitectura del Templo de Salomón por la obra de Felipe II no fue una metáfora, sino una realidad hecha efectiva hasta donde alcanzaron los conocimientos sobre la arqueología del Oriente Medio, vigentes en el siglo XVI [...] Del Templo de Salomón no se conocía nada, aparte de las descripciones en varios lugares del Antiguo Testamento [...] No es posible, por tanto, decidir hasta dónde se parece El Escorial al antiguo Templo. Pero sí es notable que la organización del edificio de Felipe II reproduzca fielmente la de varios alcázares del Oriente Medio [...] los monumentos árabes en España no reflejan en sus conjuntos tal tipo de composición, aunque sí lo hacen en algunas partes importantes [...] ningún precedente se encuentra para el conjunto de la composición y su articulación [...] Podría concluirse que el edificio muestra un estilo bíblico-oriental que se fue haciendo clásico, en tanto que las fuentes literarias indican lo contrario: un estilo clásico que recibió un ropaje bíblico".  [24]

"Como en el Templo de Salomón, en este edificio no podía entrar animal alguno, según explica Sigüenza con toda precisión; en consecuencia hubo que construir el edificio de la Compaña [...] muchas veces se refiere al Templo de Salomón como modelo que influyó en todo, hasta en la organización de los trabajos de la construcción. Arias Montano debió tener mucha parte en este aspecto. Las ideas de Sigüenza entrañan una contradicción que se salva suponiendo el Templo de Salomón de estilo romano, como aparece en la interpretación de Ezequiel según Villalpando y del Prado; dicen que Salomón, inspirado por Dios, no podía desconocer la «verdadera arquitectura»"  [25]

Pedro NAVASCUÉS (Catedrático de Historia del Arte de la Escuela de Arquitectura, en la Universidad Politécnica de Madrid).

También cree que la mezcla de lo real y lo sagrado en torno al Rex-Sacerdos confluyen en un nuevo Templum Salomonis o Civitate Dei, apoyándose de nuevo en el Padre Sigüenza, en la presencia de los Reyes de Judá en la fachada de la Iglesia con sus inscripciones, en la relación de la fábrica escurialense con las reconstrucciones, a posteriori, de su bibliotecario Arias Montano y el alumno de Herrera, el jesuita Villalpando, con similitudes reconocidas. [26]

"Esta obra [la de Villalpando] y la reconstrucción del Templo de Salomón hecha por Arias Montano en la Políglota Real (1572), fueron conocidas por Felipe II y Herrera, formando con el proyecto del Monasterio un triángulo dentro del que se ha ido tejiendo, a lo largo de la historia, un discurso teórico de importante calado sobre la forma, medida y proporción del templo perfecto [...] Si se tiene en cuenta que Felipe II costeó la edición de las obras de Arias Montano y Villalpando; que Villalpando fue discípulo de Herrera y éste probablemente inductor de la obra de aquél; que el gran hebraísta Benito Arias Montano fue persona muy ligada a Felipe II y al monasterio, bien como su bibliotecario, bien como inspirador de algunos programas iconográficos, como pudiera ser el de los Reyes de Judá en la fachada de la iglesia; que una y otra obra incorporan , además del texto teórico-descriptivo, unas interesantísimas láminas grabadas con plantas, secciones y alzados del templo de Salomón, etc., puede entenderse como muy probable que se haya producido un transvase de ideas entr aquellos modelos del templo ideal y perfecto y el planteamiento general del monasterio escurialense, y viceversa. Ello no quiere decir que haya que hacer depender unos de otros sino que se convierten en telón de fondo conceptual de la empresa de Felipe II en El Escorial." [27]

Juan Antonio RAMÍREZ DOMÍNGUEZ (Catedrático de Historia del Arte en la Universidad de Málaga, Salamanca y en la Autónoma de Madrid, ha desarrollado su actividad docente e investigadora en diversas universidades españolas y extranjeras. Gran experto en cuestiones salomónicas, especialmente en el estudio de las evocaciones del Templo en la pintura y arquitectura).

"Dejando a un lado momentáneamente la cuestión polémica de si en el diseño inicial del Monasterio de El Escorial existió una intención salomónica, sí parece evidente al menos el deseo del monarca de utilizar la obra de Villalpando como una justificación a posteriori del monasterio [...] El paralelismo entre las láminas de El Escorial y las del Templo de Salomón tiene muchas lecturas: la más fácil es suponer que así se presentaba al rey católico como un nuevo Salomón. También podemos aceptar que al exhibir las diferencias entre los dos edificios (algo mucho más palpable al emplear para ambos el mismo sistema de representación) se acentuara la «prudencia» de Felipe II [...] Enfatizando públicamente las diferencias entre su Monasterio y el antiguo Templo de Salomón, el rey aumentaba su prudencia [...] no parece que el anciano monarca se deleitara comprobando la hipotéticas semejanzas entre el Templo y el Monasterio de El Escorial, sino más bien todo lo contrario. A estas alturas de su reinado, después de tantos fracasos políticos y militares, la gloria de Salomón se consideraba inalcanzable, su Templo irrepetible y la Tierra Santa irrecuperable. Ya que no era posible ejercer como rey efectivo de Jerusalén (no olvidemos que poseía la soberanía nominal), custodiaría con celo las llaves de su maqueta." [28]

César RUIZ-LARREA CANGAS (Profesor de Proyectos de la Escuela de Arquitectura de Madrid, Universidad Politécnica de Madrid).

"Estoy convencido de que ese inmenso cubo [el de la bóveda del coro] atesora los auténticos planos del Templo de Salomón, celosamente guardados por el rey Felipe y que por fin consiguió realizar en la desnuda serranía madrileña. El Escorial no imita el Templo de Salomón. El Escorial lo construye exitosamente mediado el siglo XVI merced a esa información original que compartían el rey y su arquitecto. Es por tanto esa obsesiva búsqueda de referencia a un modelo cuya traza proviniera de un modelo superior, orden del universo lo que le imprime de algún modo es aconciencia." [29]

René TAYLOR (Muerto en 1997. Fue discípulo de Wittkower en Londres y profesor de Arte en Universidades europeas y americanas. Director del Museo de Arte de Ponce, Puerto Rico, desde 1962. Sus trabajos sobre la contribución jesuítica al Barroco, la arquitectura de Villalpando y los aspectos mágicos y herméticos de El Escorial son ampliamente conocidos).

"Otra cuestión que inevitablemente provoca la amistad entre Villalpando y Juan de Herrera es la de la posible influencia de estas ideas acerca del Templo de Salomón en la traza de El Escorial. Claro está que Villalpando no pudo haber influido en los diseños de Juan Bautista de Toledo, ya que éste había dado comienzo a su famosa obra años antes de emprender Villalpando su reconstrucción. Sin embargo, se sabe que el templo, el supremo arquetipo, llenaba mucho el pensamiento de Felipe II mientras concebía el proyecto de edificar El Escorial. Fray José de Sigüenza lo califica de "otro Templo de Salomón..." [...] Tal semejanza no puede ser accidental. Es probable que ya se había intentado años antes reconstruir el templo en sus líneas principales, pero que le cupo al jesuita elaborar el proyecto con todos sus detalles. Sin embargo, la falta de datos concretos no permite dogmatizar sobre esta cuestión, que por la importancia que reviste merece ser investigada a fondo." [30]

"Generalmente, hoy se acepta que el punto de partida del diseñador o diseñadores de El Escorial debe haber sido alguna "idea", que proporcionó al edificio su simbolismo fundamental. No obstante, se ha estado menos de acuerdo en lo que era precisamente esta «idea». Hace unos años, el autor de este texto sugirió brevemente que no se trataba de otra cosa que el Templo de Salomón [...] Existen varios indicios que parecen reforzar esta tesis [...] la planta en ángulos rectos, la posición de la iglesia dentro del conjunto y la presencia en la fachada de las efigies de los reyes de Israel. Tenemos además la afirmación en este sentido del Padre Sigüenza. Se refiere a El Escorial como «otro Templo de Salomón, al que nuestro patrón y fundador quiso imitar en esta obra». Se ha querido restar importancia a las palabras del fraile alegando que sólo se trata de un símil [...] La idea desde luego dista mucho de ser nueva o insólita. El «salomonismo» fue un concepto ampliamente difundido en aquella época [...] Battisti ha subrayado la importancia de la figura de Salomón como el móvil simbólico de las empresas constructoras de [Nicolás V, Sixto IV, Pío II, Paulo II y, sobre todo, Julio II. Sería sumamente ingenuo tratar de mantener que a Felipe II no se le hubiera ocurrido equipararse con el rey Salomón antes de 1561 [...] Existen casos bastante inverosímiles de ello, como el de Enrique VIII una generación antes [en un cuadro de Hans Holbein] [...] En 1571 en la edición 16ª sw la Humane Salutis Monumenta de Arias Montano el grabador de la plancha 24 ha dado al rey Salomón los rasgos faciales de Felipe II"

"Así como Salomón había recibido de su padre David el encargo de erigir el Templo de Jerusalén de acuerdo con las trazas que le entregó, Felipe recibió del suyo la encomienda de proveerle de un mausoleo propio de su preclara estirpe. No sería exagerado decir que todo el origen de El Escorial respira Salomonismo [...] Se puede remontar el origen de la ecuación Escorial-Templo a por lo menos el año 1563, fecha de la colocación de la primera piedra del monasterio. Suministra la evidencia la medalla que en ese año acuño Jacome da Trezzo [...] es posible, por no decir probable, que también encierre una referencia al templo de Jerusalén [...] Existía en la biblioteca de Juan de Herrera una obra con el título de Copia del tratado que se hizo del Templo de Salomon, manoescrito [...] Al considerar El Escorial como una especie de trasunto o «copia» del Templo de Jerusalén, hay que tener presente que nunca se buscó elaborar una versión fiel o vera imago del prototipo salomónico. EL culto a las reproducciones exactas pertenece al siglo XIX. El siglo XVI no pensaba en esos términos. El Escorial no fue concebido como un ejercicio teórico; debía cumplir una serie de funciones prácticas." [31]

"Aunque se suele mantener que la ecuación Templo-Escorial es algo muy tardío, es de dudar que fuera así. Sería absurdo pensar que Felipe II, cuyo interés por la arquitectura remontaba por lo menos a sus catorce años de edad, desconociera estas ideas y que sólo se preocupaba por las formas de la arquitectura y nada por su significado [...] Todo el origen de El Escorial respira salomonismo. Así como Salomón había recibido de su padre David el encargo de erigir el Templo de acuerdo con las trazas que le entregó, Felipe II recibió del suyo, el emperador Carlos V, la encomienda de proveerle de un mausoleo digno de su preclara estirpe. La semejanza entre ambos casos queda reforzada por el hecho de que los cuatro soberanos ostentaban el título de rey de Jerusalén".  [32]

Cornelia VON DER OSTEN SACKEN (1950-1982. Investigadora alemana, presentó su tesis doctoral en la Universidad de Munich sobre el significado profundo de El Escorial).

"Llama la atención que la mayoría de los cronistas recurran al tópico de 'Felipe II, el nuevo Salomón' y 'El Escorial, el nuevo Templo Salomónico'. No se sabe en qué año apareció este lugar común ni quién lo empleó por vez primera, pero está presente desde las primeras crónicas conocidas; así por ejemplo, en la 'Descripción' de Juan Alonso de Almela (1594) y en las 'Memorias' de Fray Juan de San Jerónimo (1591). Mientras que en algunos relatos el fundador y la obra son apostrofados sencillamente como "Nuevo Salomón", en otros encontramos comentarios prolijos. El más explícito es aquí también José de Sigüenza que, acontinuación de la historia de la obra y de su descripción, dedica todo un capítulo a comparar este edificio con otras construcciones famosas, principalmente con el Templo Salomónico [...] Hay muchos ejemplos de este tipo. Felipe II lleva el título de 'rey de Jerusalén' [....] Los puntos de apoyo que permitieron a los contemporáneos ver al rey español efectivamente como un nuevo Salomón podrían ser los siguientes [resumimos]:

·         El mecenazgo de Felipe II.
·         La pasión del rey por la construcción, que supera con creces a la de su padre.
·         La ampliación de su reino colonial a su mayor extensión.
·         La lucha por la pureza de la fe y la imposición de una liturgia única.
·         La ciudad de Salomón se encontraba fuera y por encima de Jerusalén.
·         La ciudad de Salomón se encontraba aislada del entorno.
·         El conjunto estaba divido en tres partes (atrios, palacio real y templo).
·         El Templo Salomónico era una 'capilla del palacio' de Salomón.
·         El Templo era centro de culto de todo Israel.
·         Los enterramientos de los reyes judíos se encontraban muy cerca del Templo, en las construcciones del palacio.

No se debe afirmar desde un principio que los mencionados rasgos comunes sean propios exclusivamente de El Escorial -existen algunos 'eo ipso' entre esa 'acrópolis político-religiosa' y la ciudad de Salomón en lo relativo a su unión de templo y palacio- ni tampoco que se trate de una idea consciente y deliberada por parte de Felipe II [...] Las [re]construcciones del Templo de Villalpando y Arias Montano surgieron, por así decirlo, a la vista de Felipe II y fueron financiadas por él [...] [Las semejanzas entre el Escorial y los alcázares de Siria] se deben al hecho de que los palacios de los omeyas, por su parte, tienen su origen en los campamentos fortificados que los romanos construían en sus provincias [...] En el único fresco figurativo de todos los recintos del convento nos encontramos al rey Salomón. Las celdas, el refectorio y la capilla del convento no tienen ninguna clase de frescos y las bóvedas de la sacristía y de la sala capitular están decoradas con frescos únicamente ornamentales (grutescos, rosetas y otros adornos), en el esquife de la bóveda de la habitación del prior de la planta baja del gran claustro está representado el juicio de Salomón [...] De la misma manera que el fundador emula a Salomón, así también el representante elegido por el fundador, el prior, ha de tener siempre el mismo modelo ante los ojos. También a él han de guiarle la sabiduría y la justicia [...] Donde más claramente se ve la intención del fundador de legitimarse como 'Nuevo Salomón' es en la 'galería de reyes' de la fachada de la iglesia [...] En vista de que estas seis estatuas sobre la entrada principal de la fachada occidental, aparte de la del santo titular San Lorenzo, constituyen el único adorno figurativo del exterior de El Escorial, hay que suponer que se les confiere gran importancia." [33]

Santiago SEBASTIÁN LÓPEZ (Licenciado en Historia de América en Sevilla y Madrid, doctorándose en Historia del Arte en la Complutense de Madrid. Estuvo pensionado en Heidelberg y becado en Yale. Profesor titular de las Universidades de Valle, en Cali, Colombia, Palma de Mallorca, desde donde dirigió la revista "Traza y Baza", tan importante en el desarrollo de la iconología en España, Barcelona y Córdoba. Finalmente fue director del Departamento de Historia del Arte en la Universidad de Valencia).

Sobre el fresco de Salomón y la reina de Saba en la biblioteca, en el que ésta confiesa su interés en conocer a un hombre tan sabio, opina: "Fácil es de suponer que semejante testimonio bíblico fue más que suficiente para conceder a Salomón en la Antigüedad y en la Edad Media el título de mago por excelencia y aún el de maestro del arte cabalístico. En este conjunto nos interesa esta referencia salomónica porque viene a subrayar el papel de esta Biblioteca como Templo de la Sabiduría [...] No podía faltar en un centro como El Escorial, con tantas resonancias salomónicas y como vínculo importante en la transmisión de la sabiduría que Dios reveló en el Sinaí"  [34]

Nicolas WILCOX (Lagos, 1938. Graduado en historia por Oxford. Gran admirador de España, pasa largas temporadas en la sierra de Cazorla. Ha viajado por todo el mundo como reportero free lance y como productor de la BBC. El «best-seller» que aquí tratamos es el típico caso de literatura pseudo-histórica que explota el esoterismo templario del Templo de Salomón, que tanto daño hacen a nuestra tesis del salomonismo escurialense. Debo el hallazgo de este librito a Juan Vacas y a Rosa Collado).

"El rey Felipe II de España conoció la historia de la Mesa de Salomón y del códice templario, y considerando que ambos le pertenecían, se empeñó en dar con ellos. Estaba obsesionado con la idea de reproducir fielmente el Templo de Salomón, la arquitectura sagrada, en su monasterio de El Escorial. Durante muchos años empleó en la investigación a dos sabios jesuitas, Juan Bautista Villalpando y Jerónimo de Prado [...] No es muy conocido que Arias Montano perteneció a una sociedad secreta denominada «Los Hijos de Dios», una sociedad secreta cristiana y a lo que parece ortodoxa que se interesó por los estudios bíblicos a un nivel entonces desconocido [...] «Los Hijos de Dios» tenían relaciones, sobre las bases de su mutuo interés en la Biblia y en el legado del rey Salomón, con otra sociedad judía más antigua denominada «Tadea Tecta», es decir, «Lámpara Tapada». No es seguro que Felipe II perteneciera a «Los Hijos de Dios», pero desde luego estaba tan interesado como ellos en el legado salomónico; este monasterio es la prueba. Su deseo era reconstruir el Templo de Salomón a partir de Ezequiel y Verginus." [35]

GUÍA VISUAL DE PINTURA Y ARQUITECTURA (Ana Chávarri y otros, El País-Aguilar, Madrid, 1997).

"Parece inspirarse en la tradición de hospitales cruciformes, con elementos del Renacimiento italiano y siguiendo como referente la idea que se tenía del Templo de Salomón".

GEO (Pablo Colado y otros, G y C España Ediciones, nº 149, p. 145, Madrid, Junio 1999).

"El monasterio es una ciudad sagrada [...] La idea de Felipe II, registrada en los documentos fundacionales, era la de construir un recinto sagrado, aislado del mundanal ruido, donde descansaran los restos de su padre, el emperador. [...] Su antecedente mítico hay que buscarlo en el Templo de Salomón".

Parecidos entre la reconstrucción del Templo de Salomón de Villalpando y El Escorial
Por otra parte, debemos reseñar en un capítulo aparte las muchas páginas en que se ha estudiado la posible relación con la obra de Villalpando, ya sea por su origen común salomónico o por su parecido formal, incluso salvando la diferencia de fechas entre ambos proyectos.

Moya creía posible la influencia por vía indirecta de las láminas del Templo de Ezequiel de Villalpando, cuyas primeras pruebas pudieron ser contemporáneas al monasterio. Como no parece posible que los alcázares sirios que tanto se parecen al Monasterio fuesen conocidos por los hombres de El Escorial, Moya explica las coincidencias por los orígenes tipológicos comunes de la arquitectura oriental. Los principios de El Escorial estarían en la imitación del Templo de Salomón, en su mejora y ampliación del Templo de la Visión de Ezequiel. El autor llega a insinuar que el estupendo y desconocido arquitecto que hizo los primeros diseños para el libro de Prado y Villalpando fuera el propio Juan Bautista de Toledo: "En ellas se ve una arquitectura muy interesante, sin precedente; pero que, observándola bien, puede serlo de El Escorial, antes que en éste apareciesen las «impurezas de la realidad», y antes también de que apareciesen los chapiteles y las pizarras" (Composición, p. 9). Pero el Monasterio no sería un modelo ideal no construido. Mientras Prado y Villalpando estudian un templo irreal y algo vacío, el rey, la corte y los jerónimos exponen las necesidades de las que proviene la realidad constructiva de Toledo y Herrera.

El arquitecto Hernández León cree que "comparada con la del Monasterio, la real o la de sus propuestas, la relación no deja de estar limitada a un similar esquema generador, de parecida importancia a los antecedentes tipológicos propuestos por Mor Moya o Zuazo".

René Taylor señaló que las fachadas tienen en ambos edificios una complicada superposición de órdenes de aire más plateresco que romano (Villalpando; ideas estéticas, p. 416-422). A los lados de la fachada, se dibujan unas logias adinteladas, que formarían un conjunto semejante al de la fachada Sur de El Escorial con la Galería de Convalecientes. El estilo muestra, en palabras de Taylor, una corrección casi académica, muy lejos de las estridencias y caprichos del manierismo inicial de Miguel Angel, Giulio Romano y Machuca. Taylor tenía claro que Villalpando no pudo influir en los diseños de Toledo, pero ello no quitaba que Felipe II estuviera interesado en el tema mucho antes. Incluso encuentra parecidos formales entre las dos plantas: "Si se suprimen los tres patios interiores del templo que miran hacia el oriente, nos quedamos virtualmente con el plano de San Lorenzo. El lugar que ocupa el santuario del templo es el mismo que ocupa la iglesia en el conjunto escurialense, y los patios restantes están también dispuestos de manera casi idéntica. Tal semejanza no puede ser accidental. Es probable que ya se había intentado años antes reconstruir el templo en sus líneas principales, pero que le cupo al jesuita elaborar el proyecto con todos sus detalles". En Arquitectura y magia (p. 30) sólo señalaba que los paralelismos con el arquetipo divino eran de naturaleza puramente simbólica: "Nunca se pretendió hacer una transcripción literal del divino arquetipo. Por lo tanto, sería inútil buscar en el texto bíblico una identidad de forma y dimensiones. No obstante, es evidente que existían ciertos paralelismos y el Padre Sigüenza cita algunos de ellos [...] La explicación más verosímil es que el parecido se debe a que ambos proceden de la misma idea básica, modificada en el caso de El Escorial por consideraciones prácticas".

Para Chueca, sin embargo, es más verosímil pensar en las influencias del monasterio sobre las trazas del Templo, que en lo contrario: "lo curioso es que el templo de Jerusalén según lo interpreta Villalpando tiene no pocos puntos de contacto con El Escorial, cosa no inverosímil, pues parece que el sabio jesuita pidió ayuda a Juan de Herrera para penetrar en el laberinto de las descripciones arquitectónicas del Profeta" (Piedra profética, p. 19).

Fernando Checa cree también que Villalpando "pretendía reconstruir la verdadera imagen del templo hierosolimitano, inspirándose ciertamente, y ahí están los grabados para demostrarlo, en el edificio escurialense" (Arquitectura del Renacimiento, p. 321).

J. A. Ramírez piensa también que los diseños del jesuita están influidos por la estética de Herrera, de quien había sido discípulo como arquitecto (Construcciones ilusorias, p. 120). También establece un cuidadoso estudio de la representación formal del libro de Villalpando y las «estampas» de Herrera, concluyendo con su intencionado parecido formal en cuanto a su representación gráfica, sobre todo "teniendo en cuenta que la primera idea no era publicar los tres inmensos volúmenes, sino un sencillo opúsculo literario que daría breves explicaciones a las excelentes láminas del templo (Dios, arquitecto, pp. 28s).

Para Osten-Sacken, las dos plantas se basan en la misma concepción ideal, que en el caso de El Escorial está adaptada a las necesidades prácticas, aunque se encuentran similitudes más allá de la planta: "Los dos edificios se levantan sobre altos muros de terraplenamiento divididos por nichos de arcadas, que en El Escorial no sobrepasan una medida realista y funcional y que, por el contrario, en Villalpando son tres veces más altos que la propia obra; la misma sucesión monótona de ventanas rectangulares en el piso del zócalo y en otros cuatro pisos separados por una cornisa; en El Escorial se suprime el quinto piso debido a los tejados de pizarra; el piso principal se continúa en Villalpando a ambos lados en columnatas, que en El Escorial se corresponden ópticamente con la galería de Convalecientes del Oeste. Las construcciones de cimentación sobre las que se asienta el jardín de los monjes de El Escorial sirven en Villalpando, según se desprende de una inscripción, para posibilitar mayores antepatios al templo [...] elevación de las esquinas y de las "zonas articuladas" del esquema de retícula, y el santuario o la iglesia destacando en el centro" (Estudio iconológico, p. 127).

El parecido formal de la planta se debería según Antón Capitel al uso decidido en los dos casos del tradicional sistema compositivo de crujías en torno a patios o claustros: "los vacíos son los que están arquitectónicamente configurados, los que definen el espacio, tanto planimétrica como figurativamente, los que arquitectónicamente están más «llenos»" (Planimetría y tradición, pp. 74s).

Kubler destaca que "Villalpando fue discípulo de Herrera, y su reconstrucción revela la influencia de las trazas escurialenses en muchos aspectos. No es probable que el rey conociera la obra de Prado antes de que el jesuita partiera para Roma en 1592. A pesar de su grandiosidad, los apocalípticos alzados y plantas del Templo realizados por Villalpando están tan lejos de la arquitectura del Monasterio como las visiones de William Blake lo están de los dibujos técnicos de un ingeniero" (La obra de El Escorial, p. 70).

Notas:
[1] "La concepción esotérica de San Lorenzo de El Escorial", en El País, p. 25, Madrid, 26 julio 1993.
[2] "El Escorial y la Torre de Babel", en Ars Longa. Cuadernos del Arte, III, pp. 20 y 27, Valencia, 1992.
[3] Monasterios reales del Patrimonio Nacional, p. 43, Patrimonio Nacional - Lunwerg ed., Madrid, 1988.
[4] "La construcción ilusoria del Templo de Salomón", en ABC, p. 151, Madrid, 31 octubre 1991
[5] Con Fernando Marías Franco: "El Escorial y la cultura arquitectónica de su tiempo", en El Escorial en la Biblioteca Nacional, p. 119, Madrid, Ministerio de Cultura, 1985.
[6] La Octava Maravilla del mundo, estudio histórico sobre El Escorial de Felipe II, pp. 636-647, Madrid, Alpuerto, 1994.
[7] "La arquitectura de Felipe II" en Felipe II y el arte de su tiempo, p. 504, Madrid, Fundación Argentaria, 1998.
[8] "Fortuna e infortunios de un edificio", en El Escorial, biografía de una época. La historia, p. 348, Madrid, MEC, 1986.
[9] Arquitectura del Renacimiento en España, 1488-1599, parte tercera: "El estilo clásico, 1564-1599"; con Victor Nieto y Alfredo J. Morales, Madrid, Cátedra, 1986.
[10] Felipe II mecenas de las artes, pp. 14, 81, 82, 202, 208, 267, 297, 356, 363, 441, 452 y 461 Madrid, Nerea, 1992. Premio al Libro Mejor Editado en 1992 y premio Nacional de Historia 1993
[11] Casas reales en monasterios y conventos españoles, p. 135, Madrid, Xarait, 1982.
[12] El Escorial, piera profética, pp. 11, 19 y 36, Madrid, Instituto de España, 1986.
[13] Historia de la arquitectura occidental, t. V: Renacimiento, p. 271 y 277, Madrid, Dossat, 1988.
[14] "El Escorial, símbolo de un rey y de una época", en El Escorial, biografía de una época. La historia, p. 15, Madrid, MEC, 1986.
[15] "Juan de Herrera, arquitecto de Felipe II", en Arquitectura Viva, p. 84, nº 39, Madrid, nov-dic. 1994.
[16] "Arte y Estado", en Semanario Escurialense, 289, p. 3, Madrid, 1984.
[17] "Invención y traza del Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial", en El Escorial. La arquitectura del Monasterio, p. 19-28, Madrid, COAM, 1986.
[18] Las trazas del Monasterio de S. Lorenzo de El Escorial. Discurso del académico numerario leído en el acto de su recepción pública, p. 66 y 95, Madrid, Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, 1965.
[19] Felipe de España, p. 196, Siglo XXI de España, Madrid, 1998.
[20] La obra de El Escorial, pp. 69-70, Madrid, Alianza, 1983
[21] "Pablo de Céspedes y la polémica Arias Montano - Del Prado y Villalpando", en Real Monasterio-Palacio de El Escorial. Estudios inéditos en el IV Centenario de la terminación de las obras, pp. 135-156, Madrid, CSIC, 1987.
[22] "La controversia sobre la reconstrucción del Templo de Salomón entre Arias Montano y los Jesuitas Del Prado y Villalpando". En Fe y sabiduría. La Biblioteca, pp. 53-75, Madrid, Patrimonio Nacional, 1986.
[23] "La composición arquitectónica en El Escorial", en Arquitectura, 56, pp. 6-19, Madrid, COAM, ago. 1963.
[24] "Caracteres peculiares de la composición arquitectónica de El Escorial", en El Escorial, I, pp. 155-180, Madrid, Patrimonio Nacional, 1963.
[25] "Centenario de El Escorial", en Ideas y diseño. La Arquitectura, pp. 13-22, Madrid, MOPU, 1986.
[26] Monasterios de España, I, pp. 107 y 115, Madrid, Espasa Calpe, 1991.
[27] El Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial, Madrid, Lunwerg, dic. 1994). En este libro, publicado pocos meses después de la lectura de mi tesis (perteneció al tribunal que la juzgó) matizó su tesis anterior, dedicándole un capítulo completo: «La iglesia, nuevo Templo de Salomón» (pp. 36-42), aunque negando un posible parentesco formal, que reduce al terreno de las ideas.
[28] Dios, arquitecto, pp. 27s y 224s, Madrid, Siruela, 1994.
[29] "Críticas y críticos 400 años después. A modo de presentación", en El Escorial. La arquitectura del Monasterio, p. 6, Madrid, COAM, 1986.
[30] "El padre Villalpando (1552-1608) y sus ideas estéticas. Homenaje en su cuarto centenario", en Academia. Anales y Boletín de la R.A.B.A. de San Fernando, 3ª ep., vol. I, p. 421, Madrid, 1952.
[31] "Architecture and magic. Considerations to the Idea of the Escorial". En Essays on the History of Architecture, presented to Rudolf Wittkower, Londres, Phaidon, 1967; ed. esp. "Arquitectura y magia. Consideraciones sobre la idea de El Escorial", en Traza y Baza, 6, pp. 5-62, Barcelona, 1976. Ed. post. Madrid, Siruela, 1992.
[32] Dios, arquitecto, J. B. Villalpando y el Templo de Salomón, p. 208, n. 67; ed. J.A. Ramírez, con otros autores, Madrid, Siruela, 1991.
[33] San Lorenzo el Real de El Escorial. Studien zur Baugeschichte und Ikonologie, 1979; El Escorial. Estudio iconológico, pp. 119-136, Madrid, Xarait, 1984.
[34] "El Escorial como Palacio emblemático", en Real Monasterio-Palacio de El Escorial. Estudios inéditos en el IV Centenario de la terminación de las obras, pp. 101-102, Madrid, CSIC, 1987.
[35] La lápida templaria, p. 283 y 378, Planeta, Madrid, 1997. Ed. org. The Templar Stone, 1996.

miércoles, 23 de septiembre de 2015

La Masonería y el Arte del Bordado; por María Ángeles Díaz


I

La Masonería es una vía iniciática cuya realidad emana del Gran Arquitecto del Universo, principio a cuya Gloria los masones realizan todos sus trabajos. Y es apoyándose en la simbólica del oficio de constructor como el masón cumple su labor interna de autoconocimiento. Tomándose a sí mismo como un pequeño todo, llega a descubrir en sí mismo las leyes que rigen el cosmos.

Siendo simbólicos todos los oficios tradicionales, estos permiten la apertura a espacios internos de uno mismo, lo que sucede de forma simultánea al propio desarrollo de la función del oficio, por constituir su estructura un código ordenado que imita el modelo cósmico, siendo esta cualidad la que les confiere a dichos oficios su papel de soportes para la transmutación de la conciencia.

Es así que, en el origen de la Masonería, el trabajo operativo de construcción se hallaba perfectamente unido al propio proceso interno del masón, por lo que el rito y el símbolo se cumplían al mismo tiempo que el edificio externo se iba levantando. El aprendiz masón, asesorado por su maestro de obras, aprendía a descubrir las aristas de la piedra bruta, de la que él mismo era símbolo vivo. Ayudándose con las herramientas propias del oficio, es decir con la escarpa, o cincel, y el mazo, desbastaba y pulía la piedra al mismo tiempo que pulía sus propias imperfecciones y condicionamientos psicológicos, que son el impedimento principal para que la piedra llegue a ser cúbica y tallada a escuadra, convirtiéndose en la parte sólida y estable que requiere todo edificio bien construido. El desarrollo de las facultades intelectuales del masón operativo se producía al aplicar a la propia construcción efectiva del edificio, la transposición simbólica de la idea trascendente. Pues la regeneración psíquica, el ordenamiento de lo mental, nace de la comprensión del Orden Superior a que el símbolo permanentemente alude, por medio de la sugerencia y la evocación que afloran al meditar sobre él. De este modo el masón descubría facultades en sí mismo, antes incluso insospechadas, y que de no ser por la propia purificación psicológica y la aplicación al rito de la memoria, nunca tendrían la oportunidad de desarrollarse.

Hemos de destacar el hecho de que este oficio de constructor era desempeñado exclusivamente por hombres. Esto es debido a que la mujer tenía sus propios ritos iniciáticos, adaptados a oficios más particularmente femeninos, y a través de los cuales llevaba a cabo su trabajo de realización interna. Estos oficios están relacionados sobre todo con el tejido, como fue el caso de las "hiladoras de seda". Desafortunadamente ningún ritual que se refiera a este tipo de iniciaciones femeninas parece haberse conservado hasta hoy, al menos en cuanto a Occidente se refiere, aunque se sabe, eso sí, que dichos oficios estaban vinculados al Compañerazgo, organización iniciática artesanal muy cercana a la Masonería. Se da la circunstancia de que aunque los oficios relacionados con el tejido están más vinculados a la mujer, algunos de entre ellos eran desempeñados por hombres y por mujeres conjuntamente. Esto sucedió, por ejemplo, en el arte de la tapicería durante la Edad Media occidental. Con frecuencia esos tapices, de una sugestiva y gran belleza, además de una laboriosa composición artesanal, se confeccionaban para adornar las catedrales construidas precisamente por los masones y los compañeros. Lo que hace suponer que existían talleres durante la construcción de estos edificios dedicados exclusivamente a estos trabajos y por consiguiente en estrecha relación con la propia tarea de los constructores y arquitectos. Sin embargo, los tapiceros y tapiceras, eran dirigidos en su labor por maestras tejedoras y bordadoras, que al mismo tiempo que enseñaban la técnica del oficio, también transmitían su código simbólico. Que una mujer, en este caso concreto, fuera la que dirigiera también a los hombres, nos indica claramente la preeminencia del elemento femenino en el arte del tejido. Actualmente, entre los indios guatemaltecos, todavía se sigue conservando el arte de la tejeduría, como patrimonio de su cultura, y cuyos brocados [1] repiten los modelos geométricos, florales, de animales o pájaros, que desde siempre han constituido los motivos de sus ornamentos. Constituyendo dichos brocados el reflejo de una simbólica mediante la que este pueblo, descendiente de los antiguos mayas, expresa y transmite su mensaje. Precisamente son los brocados realizados por "mano de mujer" los de mayor prestigio por la belleza de su composición, confirmándose con ello lo que anteriormente decíamos acerca de la preeminencia femenina en un arte que le es propio. De todos modos hay que señalar que todo oficio desempeñado conjuntamente por hombres y por mujeres, es siempre algo excepcional, ya que en una sociedad tradicional siempre existió una clara distinción entre oficios masculinos y femeninos, los cuales están adaptados a las condiciones particulares de las naturalezas del hombre y de la mujer, que aunque una en esencia, es doble y se manifiesta como dual, y en aparente oposición, en el plano de las formas.

Los ritmos de las estaciones, los ciclos y los períodos de la luna y de las cosechas..., están tan unidos al propio organismo de la mujer, que ésta los vive de forma espontánea y natural. Ese es un rito del que participa por imperativo divino, y al cual no es menester añadirse porque ya es en ella. Esta realidad señala el modo distinto que la mujer tiene de desvelar los secretos de las cosas y de reflejar el orden del universo. De esa visión particular del mundo nacen sus oficios, caracterizados por el empleo de materiales sensibles y acordes con su naturaleza receptiva (yin). Dicha receptividad está simbólicamente en correlación con la de la Tierra; ésta, en su quietud activa, acoge en sus entrañas la semilla, a la que fertiliza por la acción captadora de las energías del cielo, y de cuya unión nace el fruto de la cosecha. Naturalmente esta relación cielo-tierra se mantiene entre el hombre y la mujer. Esto es como decir que es a través de la unión de los complementarios como se llega a la visión sintética del Orden Universal, siendo que de esta unión, surge la vida en todos sus órdenes de realidad.

Ahora bien, dejando de lado los caminos religiosos, ya que es la Masonería una vía iniciática que en Occidente mantiene vivos sus ritos y su código simbólico, es a ella a la que la mujer hoy en día puede incorporarse en el camino del Conocimiento, sin que los símbolos masónicos que se refieren al oficio de la construcción suponga un condicionante a su realización, sino un modo nuevo de adaptación a la realidad de los tiempos. Pero sin dejar al margen el estudio y la investigación de los símbolos y ritos propios de los oficios femeninos, sabiendo de antemano que estos se reúnen en la unidad de un mismo mensaje. El interés por hallar la analogía entre la simbólica del oficio de constructor y la simbólica de los oficios de mujer, constituiría, pues, el trabajo colectivo de una Logia femenina, rescatando así una herencia que es conforme a su naturaleza. Decimos logias femeninas, no logias mixtas, pues éstas, como advierte René Guénon, suponen una desviación de todo proceso iniciático auténtico. [2]

Teniendo, pues, la Masonería un origen artesanal, su simbólica está de una u otra manera vinculada a cualquier oficio tradicional, y particularmente, como hemos visto, a los relacionados con el tejido. Así lo demuestran, además, algunas leyendas masónicas relativas a los orígenes míticos de esta Orden iniciática, como más adelante veremos.

Todo ello nos lleva a pensar que es en el arte de tejer, y más particularmente en el de bordar, donde mejor puedan hacerse estas correspondencias simbólicas entre distintos oficios, basándonos en el "don de lenguas" a que se refiere la Tradición. Pues la palabra se ilumina cuando expresa la armonía del mundo, que es también su Verdad. El bordado es una representación de ello, y su locución se expresa por medio del color, de la textura del tejido y del brillo de las sedas, que son los elementos con los que el bordado configura su código y su mensaje tradicional.


II

Señalaremos que en antiguos manuscritos masónicos se habla de Noemá [3] como la primera tejedora. Concretamente se dice que ésta inventó el arte de tejer que hasta entonces no se conocía. Por ello –dicen los manuscritos– es que a este oficio se le llama "arte de mujer". Por otro lado, René Guénon se refiere al arte del bordado como un ejemplo de oficio exclusivamente femenino, resaltando el hecho de que estos oficios son perfectamente susceptibles de servir de soporte a una iniciación [4]. Todo ello nos lleva a la conclusión de que es a través del bordado, tomado como una parcela en el orden de los oficios femeninos, como pueda lograrse la síntesis que haga posible la transposición simbólica con el propio simbolismo de la Masonería.

Diremos que la Logia es un lugar protegido y "encuadrado" simbólica y ritualmente, donde se fijan los signos que hacen reconocible ese espacio sagrado. Asimismo, una tela dispuesta para su ornamentación, es el enmarque inicial y protector al abrigo del cual se despliegan todas las formas manifestadas de la creación del bordado. Esto es, un espacio yin (receptivo o femenino), dispuesto para atraer la energía yang (activa, masculina).

Este encuadre que circunscribe el tejido es ya un espacio cualificado por la medición y la elección de la textura de la tela, en donde la bordadora traza el orden que antes ha sido diseñado en el plano de las ideas. Esta acción que lleva a cabo la bordadora es idéntica a la del maestro arquitecto, cuyos planos y diseños geométricos son la traducción simbólica de las ideas y principios universales que se plasmarán en la construcción del edificio. La tela, que en el simbolismo geométrico se corresponde con la horizontal, representa el plano donde se describen y multiplican todas las formas indefinidas de la creación. La vertical vendría dada por la aguja, símbolo del eje que comunica entre sí los distintos planos de la manifestación. De la acción de la aguja sobre la tela (yang sobre yin, la vertical sobre la horizontal) surge el relieve del bordado, es decir el resultado final de esa unión entre complementarios.

A su vez, este encuadre que circunscribe el tejido dispuesto para el bordado, guarda una perfecta analogía con el cuadro de Logia masónico, donde se trazan los signos más significativos del grado a que este cuadro corresponda. Dicho cuadro, medido a escuadra, es decir con justa proporción, simboliza el plano en donde se hará manifiesta la inteligencia creadora. El representa una síntesis de la Logia, que es asimismo una imagen del cosmos. Los cuatro lados del rectángulo del cuadro, o análogamente del tejido, están orientados según las cuatro direcciones del espacio: Este-Oeste y Norte-Sur. Es, por consiguiente, un espacio ordenado y delimitado, y este orden es además consagrado por el rito de su trazado y de su diseño, tal y como los antiguos masones operativos lo realizaban. Aquí podemos ver una correspondencia entre el trazado del cuadro de la Logia, efectuado con una tiza sobre el pavimento, y la propia aplicación de la aguja y la hebra sobre el tejido, igualmente enmarcado como hemos dicho. En ambos casos el gesto ritual es el mismo. El masón y la bordadora cumpliendo su oficio se hacen copartícipes del "gesto" del Gran Arquitecto. Esto es, las leyes del macrocosmos adaptadas al microcosmos, que no es sino la misma cosa

De igual modo, la parte de un bordado en nada difiere del conjunto íntegro de la obra, sino que cada una de sus divisiones la contiene por entero. "La parte contiene al Todo", nos dice la Tradición. Así, en el camino hacia el conocimiento de uno mismo y del mundo, también es menester parcelar el terreno’ o campo’ de la conciencia, es decir "limitarlo" y "medirlo", plasmando en él una estructura geométrica análoga a la estructura del cosmos, lo cual se lleva a cabo a través de diferentes etapas para concluir en lo que está más allá de esos mismos límites, esto es lo supra-cósmico y lo metafísico.

La fragmentación del tejido a la que está sujeta la técnica del bordado en el bastidor, define la situación concreta en el plano o dibujo, es decir, y por analogía, la propia realidad espacio- temporal de uno mismo, evitando así la dispersión de las ideas. Es por la acción reiterada de las herramientas del oficio, el hilo y la aguja sobre la tela, como el bordado va tomando relieve. O sea, que la reiteración de aquello comprendido por el símbolo, su ritualización, conduce la mente al reconocimiento de la Idea, que configura al símbolo y al rito.

Este reconocimiento inicial que efectúa la aguja y el hilo dentro del tejido enmarcado, representa el recorrido por el laberinto de la psique, al cual el iniciado intenta poner orden. Este orden, que es también armonía, comienza a definirse a medida que la bordadora rellena los espacios de la tela. De esto se desprende que sólo aquello que uno puede nombrar (definir) es en definitiva lo que comprende, y eso es porque en el nombre de las cosas está su propia esencia, lo que en verdad ellas son. De esta manera el bordado es bello porque en él se recrea la Belleza, el Orden y la Armonía que comprendió la bordadora, siendo por eso mismo que la obra es simbólica, pues con ella transmite esa comprensión.

Hemos anotado ya que los útiles principales del oficio de la bordadora son la aguja y el hilo. La primera tiene su manejo ascendiendo desde la tela, por el eje invisible que conecta los mundos, conexión que confirma en su descenso donde traba en un punto del relieve la unión entre el plano superior y el inferior, el cielo y la tierra. Esto es, la Idea fijada en el plano concreto de las formas. Lo que equivale a decir que la comprensión de lo supra-individual, repercute inmediatamente en lo individual. La aguja, símbolo axial, cuya función es semejante también a la de la plomada, ubica la hebra conductora en la horizontal (equivalente al nivel) configurando la cruz. De arriba (del plano de las ideas arquetípicas), descienden las energías superiores que fecundan la materia, convirtiendo en acto lo que estaba en potencia, que no habrá sino de reflejar una energía en esencia inmutable.

Nos estamos refiriendo aquí al simbolismo propio del bordado efectuado sobre bastidor, en el cual, como decimos, la aguja asciende verticalmente y desciende de igual modo. Este doble recorrido que hace la aguja, tiene su inicio en la parte inferior e interior de la tela, donde fija la hebra por medio de un nudo. Esto significa que todo proceso iniciático parte del lugar más oculto del ser. De su propio corazón. De no ser así el intelecto creador no podría renacer a la luz de su realidad. El nudo representa el enganche con la tradición y la fe intrépida, sin la cual el camino se convierte en un viaje hacia otra parte de las tinieblas, quizá mucho más oscuras y lúgubres del ser humano; son las tinieblas sin retorno a que conduce la mente desposeída del sentido sagrado de la existencia. Este primer nudo con que da inicio toda labor de bordado, equivaldría a la "piedra de fundamento" en el simbolismo constructivo. Es decir la primera piedra con que se da inicio a la obra.

La hebra queda así sujeta desde lo invisible, o sea por debajo de la tela, hasta lo visible, por encima de ella. Al descender, la aguja atraviesa el tejido, quedando nuevamente oculta, pero no así el relieve creado. En verdad, los útiles o los símbolos de toda vía iniciática son únicamente mediadores, pero nunca un fin en sí mismos, y estos dejan de ser necesarios cuando se llega a encarnar la idea que están representando, dando nacimiento a la verdadera libertad del ser, integrado conscientemente en la trama del universo. Esto sucede al ritualizar todas las acciones, es decir al participar del orden del mundo, análogo al de la Gran Obra, lo que en la simbólica del bordado está representado por el ritmo (rito) de ascenso y descenso de la aguja, recreando, por la sucesión cíclica de los puntos, la manifestación del bordado.

En la ornamentación, trabajada sin bastidor, la acción de las herramientas del oficio permiten la descripción de otros símbolos geométricos, tales como el círculo [5], la espiral [6], la cruz [7], el triángulo [8], y tantas otras como sugiera el tipo de punto con que se efectúe la labor. Esto puede ser así debido a la ductilidad de la tela no tensada por el aro o marco del bastidor. Como vemos cada tipo de punto o técnica aplicado a este oficio tiene una sugerencia particular. El arte de la bordadora consiste en tornarse hebra, revestir su alma de brillo y de color, y penetrando con la aguja la trama y la urdimbre del tejido universal ir reconociendo su propio ensamblaje con el resto de la creación. Siendo que todos los seres conforman el rico y majestuoso bordado de la existencia.

Lo que decimos no necesita mayor exposición para comprobar que este oficio es un soporte totalmente válido para la meditación. O lo que es lo mismo, una auténtica vía simbólica de acceso al Conocimiento, ya que su estructura es un perfecto diseño de la realidad del Orden Universal al que por analogía está representando.

Hemos dicho que el hilo es el conductor de la obra, lo que la encadena y al mismo tiempo la une. Significa que para que se produzca una auténtica regeneración de la mente, uno debe comprometerse firmemente con la Tradición, aplicando su capacidad intelectual en descifrar los códigos simbólicos que la representan. Estando firmemente convencido que existe un mensaje revelador de la Verdad, de la Unidad que da la vida y la ordena. Una vez admitido que este mensaje está contenido en cada símbolo, inmediatamente uno debe sentir la imperiosa necesidad de descifrarlo. Lo que exige un estado permanente de vigilia.

Este primer nivel de reconocimiento de uno mismo, se corresponde con el primer trazado de la hebra sobre la tela, ya que el bordado sin bastidor no se trabaja por partes conclusas, sino que su desarrollo se efectúa a través de diferentes etapas [9] es decir, que por el plano del dibujo deben hacerse varios recorridos, tantos como colores y tipos de punto vaya a contener la obra, pasando así de la multiplicidad de todas sus formas a la unidad del conjunto del bordado. Decimos que este primer trazado encuentra su correspondencia simbólica con la iniciación masónica, durante la cual el recipiendario entra por primera vez en la Logia, y antes de recibir la Luz solicitada, efectúa un primer recorrido por el plano del Templo, tomando noción de sus proporciones y medidas que son análogas a las del cosmos. Por ello, al cruzar la "puerta estrecha" que separa el mundo profano del sagrado, el recipiendario penetra en el orden de su propio universo, el que recorre como neófito, es decir como nuevo nacido. 

La segunda etapa del bordado consiste en el relleno de otros espacios del tejido, ya cualificados por el primer recorrido del hilo sobre él. La semilla que ya fue plantada ha brotado y comienza su crecimiento. El viaje hacia el centro de uno mismo aparece ya definido en su estado individual y humano, y es tiempo de ver resultados. Estos no se logran sino hay una realización efectiva, esto es, entregándose abiertamente y sin reservas a la obra. La multicolor belleza con que se expresa la manifestación, nacida de su realidad invisible, muestra su exuberancia sólo cuando se la recrea. No es sino la libre elección que uno hace a través de su inteligencia, la que permitirá que la venda caiga de sus ojos, y goce con ella.

Asimismo, este segundo viaje que realiza la aguja, reafirmada en la hebra, guarda estrecha relación con el segundo grado masónico, el de compañero. Este, que ya ha sido instruido en su etapa de aprendiz, descubierta y desbastada su piedra bruta, se encuentra ahora capacitado para efectuar su tallaje, para lo cual tiene el apoyo de las herramientas propias del oficio, diseñadas especialmente para hacer más fácil su trabajo. Este segundo nivel en el bordado se hace al amparo del primero, es decir que es gracias a una primera toma de conciencia, a un compromiso adquirido con uno mismo y con la Tradición, como se hace posible que la conciencia ascienda a otros niveles de comprensión. Simbólicamente, esto podría describirse mediante una espiral de movimiento centrípeto que encuentra su centro en el corazón mismo del ser humano, donde reside la verdadera intuición intelectual.

La plancha de trazar, la tela, que aparecía "blanca" al principio, es decir virgen, toma las formas que la artesana borda sobre ella, formas que han sido realizadas siguiendo los planos del Gran Arquitecto del Universo. La bordadora no hace sino imitar esos planos, siendo ese trabajo un viaje por la trama y la urdimbre del tejido universal. Contando y midiendo (numerando y geometrizando) en un pequeño espacio (el del bordado, en este caso), las medidas y proporciones del cosmos, el resultado habrá de ser una obra hecha conforme al Plan Divino, en la que la bordadora también está incluida.

La culminación de la obra artesanal se produce tras el último recorrido que la aguja y el hilo efectúa por la tela. Esta fase corresponde al relleno de los espacios más pequeños, aquellos más internos del "mandala" del bordado y de la existencia. Son los puntos que concluyen la obra, dándole su verdadera unidad por la complementariedad de todas sus partes, a las que el hilo, conducido por la aguja encadena y conecta con su principio; es decir, la idea de donde surgieron, la no forma. Dicho de otra manera: que todas las partes del ser individual coexisten y quedan resueltas en el Ser Universal, Principio y Fin de todas las cosas.

Es así, como ocurre en la elaboración del propio bordado, que toda vía iniciática consta de diversas etapas de realización, las cuales van señalando la paulatina integración de todos los estados del ser, ligándolos a su unidad. Esa Unidad es como el ornamento del bordado al que nada se le puede restar o añadir, y que no guarda diferencia con ninguno de sus puntos, de los cuales no es posible prescindir una vez terminada la obra, compuesta por todos los colores y matices, todas las formas y sus relieves. Por tanto, el acabado del bordado es la expresión máxima dentro de este arte, por tratarse de la recreación de la Gran Obra, la del Supremo Hacedor, en la que todos los seres están insertados como lo están los hilos del bordado.

Pero el trabajo de la bordadora no concluye al término de su obra, como tampoco la creación está acabada, sino que ésta continúa haciéndose a cada instante. El hilo, conductor de su viaje por los diferentes planos de la existencia, es el símbolo de su propia alma, y esta no puede quedar sujeta a ninguna forma o imagen determinada. Significa que la bordadora no debe identificarse con su obra, ya que de ser así coartaría su libertad y en consecuencia su propia realización, pues lo que hace a la obra "perfecta" es aquello que no está incluido en ella, ni forma parte de ningún elemento de los que la componen, pero que sin embargo es lo que le da toda su realidad. "El principio de una cosa no es ni una de sus partes entre las otras ni la totalidad de sus partes, sino aquello en que todas las partes se reducen a una unidad sin composición" [10]. La belleza del bordado es solamente una envoltura de la verdadera Belleza y ésta no está encadenada a la existencia relativa, sino que es la Existencia misma que trasciende toda dualidad, que es también toda ilusión y toda forma. El bordado representa uno de los velos de Maya la diosa hindú, hacedora de las formas, que es también el Arte con el que el Gran Arquitecto realiza la obra de la creación. Detrás de esos velos se halla el misterio de la vida. Por ello el verdadero trabajo de la bordadora no debe tener otra finalidad que la de ir descorriendo esos velos, con la esperanza de hallar el Conocimiento, e identificarse con la realidad que emana de él.

Notas:

[1] El brocado es la técnica de aplicar hilos de colores durante la propia elaboración del tejido, de modo que estos hilos formen diseños sobre él.
[2] Oswald Wirth a propósito de la iniciación femenina dice: Hace falta mujeres con coraje capaces de rescatar el simbolismo de la aguja.
[3] Noemá, hermana de Tubalcaín, ambos hijos de Sela y de Lamec, de la descendencia de Caín (Génesis IV). Es de destacar, en este sentido, la imagen de Eva con una rueca, tal y como se ve en uno de los capiteles del claustro del monasterio de San Juan de la Peña.
[4] Etudes sur la Franc-Maçonnerie et le Compagnonnage (tomo II, cap. "Initiatión fémenine et initiations de métier").
[5] En el punto llamado de "cadeneta" "vainica" "creta" y otros.
[6] En el punto de "nudos" en el que la hebra se enrosca a la aguja como una serpiente, que es también la imagen del Arbol de la Vida, eje del mundo con la serpiente enroscándose a su alrededor. Esta geometría nos lleva de nuevo a la correspondencia con el trazado del cuadro de la Logia.
[7] En el punto llamado "de marcar" o "de cruz".
[8] En el punto "rumanía".
[9] Conviene aclarar, que cuando el bordado es unicolor y trabajado a un sólo punto, las fragmentaciones de la tela ya sean en bastidor o fuera de él, son acabadas en cuanto a su porción se refiere. Esto no es así cuando la tonalidad del bordado es variada. En este caso cada color implicado en el diseño de la labor, se hace por separado.
[10] Ananda Coomaraswamy, citado por René Guénon en Símbolos Fundamentales de la Ciencia Sagrada, cap. XLIII: "La piedra angular".



viernes, 28 de agosto de 2015

El Templo de Salomón y el Nombre; por Raimon Arola

Capítulo V de Simbolismo del Templo. Una alegoría de la creación. Ed. Obelisco, Barcelona, 2001.


El sabio rey Salomón le dijo a Hiram, rey de Tiro:

«Tú sabes que mi padre David no pudo edificar una Casa al Nombre de IHVH su Dios, a causa de las guerras en que sus enemigos le cercaron, hasta que IHVH los puso bajo las plantas de sus pies. Ahora IHVH mi Dios me ha concedido paz por todos los lados; no hay adversario ni maldad. Ahora me he propuesto edificar una Casa al Nombre de IHVH mi Dios según lo que IHVH dijo a David mi padre: “El hijo tuyo que yo colocaré en tu lugar sobre el trono edificará una Casa en mi Nombre» (I Reyes, V, 17-19).

El templo de Salomón está en Jerusalén, palabra que, etimológicamente, significa «fundación de paz», cuando el pueblo de Israel consigue la paz en su alrededor, el Señor (IHVH) se instala en el centro de su tierra, en Jerusalén; como está dicho: «pues de Sión saldrá la Torah y la palabra de IHVH de Jerusalén» (Is. XI, 3), y también: «En Jerusalén pondré mi Nombre» (II Reyes, XXI, 5). Toda la exégesis hebraica está basada en el Nombre del Señor; esta misma idea la encontramos en un comentario de E. H.:

«Los Antiguos enseñaron que, por la transgresión de nuestros primeros padres, el Nombre Divino fue partido en dos. Las dos primeras letras se separaron de las dos últimas. Desde entonces, estas dos partes que están vivas se buscan eternamente, errando por los mundos. La obra de la cábala es reunirlas, también se la denomina marial o mesiánica. Las dos primeras letras IH forman la palabra Ia. Está en el cielo donde sueña eternamente, siempre insatisfecha. En hebreo son la iod y la he. Las dos últimas letras son V y H. Se pronuncian Hu, lo que significa en hebreo “Él”. Están en este mundo de exilio con el hombre que posee el sentido y la palabra, pero extraviados y reducidos a la dimensión de exilio. Las dos primeras son un ser afeado por la concupiscencia de lo sensible en exilio. Tales son el cielo y la tierra que debemos reunir para formar el reino, los cristianos dicen en sus plegarias: “Hágase tu voluntad así en la tierra como en el cielo…” para no hacer de ellos más que una única cosa. Por esta razón encontramos en Deuteronomio (VI, 4): “Escucha, Israel, IHVH nuestro Dios, IHVH es uno”. Esto no significa que esté solo, sino que viene a ser como si dijera: deja a los demás pueblos venerar a un Dios inaccesible en el cielo o posternarse ante un ídolo terrestre impotente. Tu Dios, el tuyo, Israel, es la unión del cielo y la tierra, por ello es uno, porque está reunificado». [1]

Explican los sabios antiguos que la separación en dos partes del Nombre de Dios, se produjo al destuirse el Templo de Jerusalén; cuando el templo existía, el Nombre de Dios, IHVH, era pronunciado una vez al año por el Sumo Sacerdote en el sanctasantorum del templo; al destruirse el templo, el Nombre no se puede pronunciar, ya que para ello necesita el lugar apropiado donde se unen el cielo y la tierra. En el exilio, el Nombre se puede describir, pero no decir, pero no decir, por esto los hebreos leen el Tetragrama, IHVH, como Adonai (que significa «Mi Señor») o como Hashem (que significa «el Nombre»). Así pues, para poder reunificar las dos partes del Nombre necesitamos encontrar el templo, el lugar donde unir el cielo y la tierra.

El templo es la envoltura del Nombre, como se puede ver claramente en las mezquitas, donde sólo hay, en dirección a la Meca, el Corán y las cuatro letras del nombre de Allah; aquello que contiene el templo, su simbolismo, es estrictamente, la presencia del Nombre. Por el conocimiento del Nombre no s ligamos con la perpetua creación de Dios, y esto quiere decir que el Nombre puede reconstruir el templo primero y arquetípico, que su sonido engendra el orden perfecto y sincrónico. Volveremos en más de una ocasión sobre este Nombre. Veamos a este respecto un resumen que hace J. Peradejordi en el prólogo de la edición española de Las enseñanzas de Jesucristo a sus discípulos, dice así:

«En el esoterismo musulmán aparecen infinidad de alusiones al Nombre de Dios. Uno de los más famosos dichos o tradiciones del Profeta dice que “Dios tiene 99 nombres, 100 menos 1; aquel que los conozca entrará en el Paraíso. Estos 99 nombres están escritos, diseminados a lo largo del Corán, pero existe un centeavo nombre, el Nombre de Dios, que otorga a aquel que lo conoce la omnipontencia, y éste no está escrito…” Recordemos también aquí la parábola evangélica de las 99 ovejas que el pastor deja para ir a buscar la centeava (Mt. XVIII, 11 y ss.). Este nombre, esta palabra, este verbo, parece ser el gran secreto que se transmitían los iniciados de boca a oreja, se trataría también de una “cosa” (en hebreo la palabra dabar significa tanto palabra como cosa) que se transmitían los kabalistas de mano a mano y que no aparece en los libros, aunque éstos, se sobreentiende, no hablan más que de ella. Como nos demuestran los ejemplos que siguen: “De todo lo que hay escrito en mis libros, anda hay como esta palabra” y “No descubráis esta cosa a aquellos que no podrían soportarla o guardarla”.» [2]


Notas:
[1] «Introducción al Riquete del Copete según el sentido cabalístico» en La Puerta, num. 13, 1983, pp. 28-29.
[2] Ed. 7 ½, Barcelona 1980, p. 13

sábado, 15 de agosto de 2015

Templum y Tempus; por Raimon Arola

Capítulo IV de Simbolismo del Templo. Una alegoría de la creación. Ed. Obelisco, Barcelona, 2001.


Con el árbol de la ciencia del bien y del mal,
en el que pecó el primer hombre,
creó Dios el tiempo.[1]

Pico de la Mirandola

La etimología de la palabra templum se fue ampliando, en un proceso natural, de la significación de un espacio dividido de una determinada manera, a la de tempus, tiempo, al relacionarse una determinada zona del cielo (por ejemplo: oriente) con una determinada hora del día (por ejemplo: la mañana); de esta identificación se pasó a la concepción general del tiempo. El tiempo y el templo tienen una misma raíz epistemológica. No nos puede extrañar después de haber comprendido la dualidad como la consecuencia del concepto fundamental del templo; esta dualidad se alarga a los ciclos temporales: día-noche, invierno-verano, etc.

Cualquier cosa divisible en partes, que es graduable, medible, o regulable, convive con el sentido etimológico de la palabra templum como lo que es demarcable, lo cortado. A la vez que con esta palabra entendemos un edificio espléndido y ornamentado, hemos de entender también un tiempo, una temperatura, una templanza, etc. A propósito de la templanza, R. Llull escribe: «Templanza es frenar queriendo estar entre dos extremidades contrarias a la cantidad, o si tu hijo, quieres templanza, te conviene multiplicar lo menor y minvar (reducir) lo mayor». [2]

No podemos dejar de mencionar aquí la carta del Tarot número catorce que se llama, justamente, la Templanza; representa a una mujer alada que está vertiendo agua de un ánfora o jarra azul a otra roja; J. Peradejordi explica brevemente su simbolismo:

«Dado el color de las ánforas, parece como si el ángel de la Templanza estuviera vertiendo la quintaesencia celeste en el recipiente terrestre. Que se trata de una quitaesencia, nos lo indica la flor de cinco pétalos que la mujer lleva sobre la cabeza. La jarra azul se encuentra más arriba que la roja, quizá para indicarnos que la gracia o misericordia ha de superar el rigor o la ira para que exista el equilibrio. En este caso la dulzura de la gracia está templando y dulcificando el rigor. Espiritualmente, éste parece ser el resultado de la contemplación que, en su etimología –que es la misma que la palabra templanza— indica, se realiza en el interior, en el secreto del templo» [3].

En una reflexión del Timeo de Platón, vemos cómo el Templo de Dios se organiza tanto en el espacio como en el tiempo:

«Lo que en realidad era eterno era la sustancia del Viviente modelo, y era imposible adaptar enteramente esta eternidad a un mundo generado. Por esta razón su autor (Zeus) se propuso hacer una imitación móvil de la eternidad y, mientras organizaba el cielo (el universo), hizo, a semejanza de la eternidad inmóvil y una, esta imagen semieterna que progresa según la ley de los números: eso mismo que nosotros llamamos tiempo.» [4]

Platón explica a continuación cómo a partir del movimiento de los astros se condensa el orden del cielo en la tierra, de manera que la realidad es como una armonía (templanza) entre las tensiones opuestas: esta armonía es el logos, la sofía, el orden perfecto y sincrónico hecho según los movimientos del cielo. Es lo que podemos entender por la «Ciencia de Dios».

Numerosas pinturas medievales representan a Dios con un compás dibujando un mundo; es el Gran Arquitecto que da forma a su creación, la forma de su Sabiduría, haciéndola a su imagen y semejanza. Es el Dios creador que dibuja el Adán, el Jardín del Edén, las palabras que están escritas en su Ley, la Torah, que dibuja el Templo de Salomón; ya lo hemos visto anteriormente, no hay una diferencia de contenido en estas imágenes simbólicas de la creación; el logos divino se coagula en ellas, de manera que éstas forman su creación perfecta y espléndida. Pero un día el hombre peca, el Jardín se pierde, las palabras de la Ley no se entienden y el Templo de Salomón es destruido por los extranjeros. El orden perfecto y sincrónico del Gran Arquitecto del Universo se vuelve diacrónico, la perfección pierde el punto templado de equilibrio y se pierde la armonía en la mezcla de los contrarios.

Al reflexionar sobre el templo interior, no podemos sino partir del templo destruido, de la vida en el exilio; sin duda, sería interesante hablar y recopilar datos del sentido y la forma que debía tener el santo Templo de Salomón, buscarlo arqueológicamente, pero sería una tentativa inútil. Si queremos conocer el Templo de Salomón, lo hemos de reconstruir; tenemos que entender que esto es posible, que aquello está destruido y caído coexiste con aquello que es perfecto y sincrónico; el Templo de Salomón, el Adán glorioso, están, desde la caída, dormidos y escondidos, pero no han desaparecido, no han dejado de ser. El problema consiste en reencontrar la realidad escondida por la mala formación y no buscarla en el pasado como una cosa que ya no es. Como escribe R. Guénon:

«Dios, por el hecho mismo de que no está en el tiempo crea el mundo “ahora” igual que lo ha creado y lo creará; el acto creador es realmente intemporal, y somos nosotros, únicamente, los que lo situamos enuna época referida al pasado, o los que nos representamos, ilusoriamente, con el aspecto de una sucesión de hechos, lo que es esencialmente simultáneo en la realidad principal. En el tiempo, todas las cosas se desplazan incesantemente, aparecen, cambian y desaparecen; en la eternidad, por el contrario, todas las cosas permanecen en un estado de inmutabilidad; la diferencia que hay entre uno y otra es propiamente la del “devenir” y el “ser”». [5]

O dicho de otro modo con las palabras del Maestro Eckhart:

«Dios crea el mundo entero ahora, en este instante. Todo cuanto Dios creo hace seis mil años y más, cuando creó el mundo, lo crea instantáneamente ahora… donde el tiempo no entró nunca y donde nunca se vio forma alguna… Hablar del mundo como si fuera creado por Dios ayer o mañana sería para nosotros una locura; Él crea el mundo y todas las cosas en este Ahora presente». [6]

Pensar que el Templo de Salomón, el Paraíso, o el Adán fueron creados en una época y que ahora no son, que podemos hablar de los arquetipos como si fueran pasado, simbólicamente es una locura o una estupidez; buscar el Templo de Salomón entre los residuos de piedra significa no entender de qué templo se está hablando. El templo de Salomón es el templo perfecto y sincrónico que dibuja Dios al crear el mundo, es su acto puro para configurar su morada. Este acto no está en la historia, en la cronología; este acto, esta división-temporalización de su Unidad escondida, se da ahora, en este instante, pero no lo sabemos ver, ya que percibimos sólo con los ojos externos y, de esta manera, es imposible «ver» el Templo de Salomón, y una ridícula pretensión querer hablar de los contenidos simbólicos del templo.

También es cierto que esta visión no depende de nosotros, por lo que sólo podemos citar a aquellos que han visto el templo en vida; hemos apuntado, no obstante, esta reflexión, la hemos hecho en voz alta, porque a partir de ella podemos hablar del templo de Salomón como de una cosa viva, no buscándolo arqueológicamente sino entendiéndolo, fundamentalmente, como el templo interior. El templo de Salomón es el único objeto de nuestro deseo, algo que está por venir y que esperamos ansiosos, la posibilidad de acercarnos al reino de los arquetipos eternos y salir, de una vez por todas, de este mundo perdido. Evidentemente, nos encontramos, más cerca de la magia que de la ciencia; intentamos invocar algo, lo intentaremos con todas nuestras fuerzas, para que la gracia que está arriba baje, y se desvele ante nuestros ojos.

Quizás el primer aspecto del templo del que deberíamos hablar es el templo-fortaleza o muralla que nos protege de las fuerzas del mal que continuamente nos tientan para poder fijar su espíritu errante en nosotros. Este templo-fortaleza, que nos resguarda de las cosas de este mundo y nos dirige hacia las cosas del mundo por venir es como el círculo que los magos trazaban a su alrededor que impedía la entrada a los seres de la muerte, esto es, seres que buscaban el desorden y la disolución. Dentro de este círculo que tiene escrito el sincronismo universal, está el lugar esperado, en que el cielo se puede unir con la tierra, y la tierra con el cielo. Dentro de este círculo está situado el Templo de Salomón.

Notas:
[1] Conclusiones mágicas y cabalísticas, (XLVII, 5), Ed. Obelisco, Barcelona, 1982, p. 51.
[2] Doctrina Pueril, Ed. Barcino, Barcelona, 1972, p. 139.
[3] El libro de Toth, Ed. Obelisco, Barcelona, 1981, p. 59.
[4] Timeo, 37-d, Ed. Aguilar, Buenos Aires, 1981, p. 106.
[5] Citado por A. K. Coomaraswamy en El tiempo y la eternidad, Ed. Taurus, Madrid, 1980, pp. 8-9.

[6] Ibid. p. 115.