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sábado, 2 de junio de 2012

¿Es tradicional el Rito Escocés Rectificado?; por Patrick Geay

Artículo publicado en la revista La Règle d’Abraham, nº 8, Diciembre de 1999.



El estatuto del RER fue en otro tiempo objeto de una larga controversia que opuso, como se sabe, a J. Tourniac con D. Roman. Desearíamos aquí, no repetir lo que ya ha sido dicho, sino profundizar el examen de las fuentes problemáticas de este Rito que emana principalmente, sobre el plano teórico, del “sistema” de Martínez de Pasqually.

Nuestra intención no es, precisémoslo, poner en tela de juicio la regularidad iniciática del RER, ni desde luego lo que comparte con los demás Ritos masónicos, aquello mediante lo cual han conservado la auténtica tradición, sino mostrar en qué las concepciones de Martínez, que estimamos extrañas a ésta, han engendrado una suerte de ilusión en cuanto al valor espiritual real del RER.

No nos entretendremos con las observaciones críticas de D. Román [1] concernientes a las innovaciones de Willermoz que conviene recordar brevemente.

Existía, primeramente, el famoso problema del rechazo de la filiación templaria que, durante el Convento de Wilhelmsbad, fue objeto de comentarios y actitudes tímoratas, por lo menos ligeras [2]. Viene después la evocación de la desastrosa influencia del sonambulismo sobre Willermoz, que seguirá notablemente el consejo del Agente (la Srta. Rochette) de suprimir la referencia a Tubalcaín [3]. Este consejo reposaba curiosamente sobre el hecho de que Tubalcaín había sido “el inventor, el Padre del arte de trabajar los metales” [4], lo que habría debido implicar, en toda lógica, la exclusión del broncista Hiram (I Reyes, 7: 13 y II Crónicas 2: 12) del cual los rituales conservan sin embargo el recuerdo en el RER…

Volveremos más adelante sobre otras dificultades relativas en particular a las Instrucciones secretas por las cuales A. Faivre no disimulaba su admiración [5], dando aquí un bello ejemplo de “la historia laica” que pretendía defender, según R. Dachez (RT, nº 103/104, p. 155)…

El punto sobre el cual juzgamos útil detenernos ahora, concierne a los efectos perversos que tuvieron las concepciones de Martínez de Pasqually sobre la constitución del RER.

Varios autores han visto bien que este último adoptaba en su Tratado de la reintegración [6] una visión muy negativa de la materia [7] más tarde asimilada en el RER “a un lugar de tinieblas [8]”.

Aunque no tengamos que habérnoslas aquí con un encratismo radical dependiente del gnosticismo, reencontramos en las especulaciones, por lo demás muy confusas, de Martínez y cuya proveniencia queda muy incierta, un conjunto de conceptos que explican por qué R. Guénon pensaba que la iniciación que había recibido el autor del Tratado era “limitada”  [9].

Creemos igualmente nuestro deber añadir que desde el punto de vista metafísico algunas ideas de Martínez no son rigurosamente ortodoxas. El hecho de creer a los seres “libres e independientes” (Tratado, p. 113)  por ejemplo, señala una forma de dualismo que puede encerrar en el mecanicismo. Más adelante, el Tratado (p. 117) dice claramente en este sentido como “el Creador no toma parte alguna en las causas segundas espirituales” [10]. Lo que es más, (Tratado, p. 135), Martínez parece incluso limitar la Omnipotencia divina ya que no le es posible al Creador ¡”establecer las causas segundas”!

Esta libertad total de Adán tiene varias curiosas consecuencias, pues a fin de manifestar “su orgullosa potencia” Adán “crea una forma tenebrosa” que en el texto se comprueba que es ¡“una mujer”! (Tratado, p. 141). El nombre de ésta, “Ouva” (Tratado, p.175), parece ser una deformación de Eva, en hebreo (hawah). Sin embargo, esta concepción no aparece por ninguna parte en la Cábala hebraica.

Las expresiones desfavorables respecto de la materia aparecen en numerosos pasajes (Tratado, p. 185, 189, 191, 349, 473), “el cuerpo de materia no tiene ninguna participación en lo que se opera entre el alma y el espíritu divino” (Tratado, p. 431), se aprende igualmente que “sin esta prevaricación primera (aquella de los espíritus perversos) no hubiera habido una creación material temporal, sea terrestre o celeste” (Tratado, p. 505) [11].

Se mide aquí la incompatibilidad que existe de hecho entre tal visión del mundo sensible y una iniciación de oficio por la cual la transformación de la materia, siguiendo las leyes de la armonía, es precisamente el medio de acceso a la vía espiritual. Y lo cierto es que esta visión explica la hostilidad bien conocida del fundador del RER por la alquimia [12] que la Instrucción secreta de los Profesos tiene, por otra parte, tendencia a confundir con una grosera química [13].

Las consecuencias de esta tendencia anticorporal son considerables sobre el plano iniciático, pues neutraliza, al menos para los especulativos, le proceso de transmutación del cuerpo en espíritu y del espíritu en cuerpo, que se revela como una constante universal de las diferentes vías iniciáticas.

Otro problema mayor del Tratado reside en su exclusivismo cristiano que hace de la historia santa, en una perspectiva más teológica que esotérica, una lenta progresión de la revelación culminante en Cristo: “todos los cultos pasados no eran sino símbolos de lo que él ha hecho” (p. 381).

La recuperación de Martínez por Willermoz se hace sobre este punto flagrante. Citamos aquí un largo pasaje de la Instrucción secreta de los Profesos:

En esta época existía sobra la tierra, como existe aún hoy en día, varias especies de iniciaciones gentiles o egipcias, que no son sino un criminal y monstruoso abuso de la ciencia: y al fin la iniciación del Templo, establecida por Moises y perfeccionada por Salomón. La misma que ha pervivido hasta nosotros bajo el nombre de Franc-Masonería. Difiere esencialmente de la iniciación cristiana en que no puede representar sino figuradamente la historia del hombre general y universal así como las relaciones que los unen, mientra que la última, mucho más perfecta, presenta el desenvolvimiento efectivo de las alegorías y el cumplimiento real de los Misterios de la Religión primitiva y universal [14].

Las implicaciones de este texto son temibles. Por una parte parece ignorar, a pesar de una alusión a la religión primitiva, la verdadera doctrina de la unidad de las formas tradicionales; seguidamente, confunde religión cristiana con “iniciación cristiana”; en fin, parece poner a aquella (es decir la religión) al mismo nivel que la Masonería, lo que explicaría bien las derivas que van en sentido de una “exoterización” [15], pero también en el sentido de una voluntad de concebir un “grado” caballeresco (el de CBCS) que se sitúa más allá de la Masonería, en una cuasi-ruptura con ella, a fin de consagrarse “a la defensa de nuestra santa religión cristiana” como lo dijo el Convento de Wilhelmsbad (RT, nº 103/104, p. 167) Hay ahí sin duda un auténtico vuelco del orden normal de las cosas, por no decir más… [16].

El juicio severo de Guénon [17] sobre Willermoz parece pues totalmente justificado, y la admiración [18] de Tourniac por el RER, por el contrario, completamente desproporcionada.

Otras anomalías podrían haber sido contestadas como la inversión de las palabras de Aprendiz y Compañero [19]; el sentido negativo que toma el número cinco [20] en el RER, etc… Otros tantos elementos deberían permitir revisar totalmente la idea de una conciliación entre “la esencia del Rito Escocés y la universalidad de los principios metafísicos expuestos por Guénon” [21].

Precisamente, tal y como hemos visto con el problema del estatuto de la “materia” en Martínez [22] este concordismo es imposible. Aunque las fuentes del Tratado de la reintegración sean todavía mal conocidas, es probable que la influencia de Orígenes, avanzada por J. de Maistre [23] sea real, sin ser la única. Su anti-iconismo (Ch. Schönborn, L’icone du Christ, Cerf, 1986, p- 77-88) coincide, por otra parte, bastante bien con las posiciones martinezistas. Además se recomendaba leer, entre otras, las obras de Orígenes dentro de la Orden de los Elegidos Cohens [24]…

Se pone fin a la cuestión del verdadero origen de las prácticas instauradas por Martínez en su grupo [25].

En cualquier caso, las diferentes razones invocadas en este corto artículo deben poner muy gravemente en duda la ortodoxia tradicional del RER, ya que creemos fuertemente, contra lo que dice G. Sandri, que este Rito y sus adherentes no están en modo alguno cualificados para “corregir y enderezar los abusos y los relajos que se han deslizado en la Orden de los Franc-Masones” [26].

Para concluir, se puede uno interrogar legítimamente sobre la fidelidad del RER al Escocismo jacobita primitivo, el cual nació via la Estricta Observancia, y que reivindicaba principalmente una “lejana filiación con los antiguos Templarios” [27]…

Notas:
[1] Reflexions d’un Chretien sur la Franc-Maçonerie, Ed Traditionnelles,1995, chap. XIII et XV.
[2] Hay que resaltar en efecto del texto del célebre Convento (1782) que era peligroso: “querer restaurar una Orden prohibida por el concurso de dos potencias”, cf., R. Dachez, “Le Convent de Wilhelmsbad (1782) – Genèse d’un mythe”, Renaissance Traditionnelle, nº 103/104, 1995
[3] Sobre este punto cf. Ch. Guigne, “Phaleg”, Villard de Honnecourt, nº 17, 1988, p. 295; aussi, J. –p. Schnerzler, “L’agent inconnu et le rite rectifié”, Villard de Honnecourt, t. 12, 1976. A propósito de las relaciones entre el mesmerismo y Willermoz, cf., R. Darton, La fin des lumières, Perrin, 1984, p. 69-70. Remarquemos finalmente que en la Cábala Tubalcaín está lejos de ser siempre percibido de manera negativa, véase J. de Hamadan, Fragment d’un commentaire sur la Genèse, Verdier, 1998, p. 96.
[4] Extrait du Protocole du Directoire provincial d’Augergne séant à Lyon, B. M. de Lyon, Ms. 5868. Agradecemos particularmente a F. Tessier que nos a enviado una copia de este texto y de una manera general para los documentos que ha puesto a nuestra disposición.
[5] Accès de l’ésotérisme occidental, Gallimard, 1986, p. 179.
[6] Utilizamos la edición de R. Amadou, Robert Dumas Editeur, 1974.
[7] G. Reynaud, “Les sources chrétiennes du Régime Ecossais Rectifié”. Villard de Honnecourt, nº 17, 1988, p. 274. A este respecto, el artículo de E. Mazet “La conception de la matière chez Martinez de Pasqually et dans le Régime Ecossais Rectifié”, RT, nº 28, 1976, nº 29, 1977, nº 31, 1977, no nos parece pertinente.
[8] J. Lhomme, E. Maisondieu, J Tomaso, Dictionnaire thématique illustré de la Franc-Maçonnerie, Editions du Rocher, 1993, p. 294.
[9] Etude sur la Franc-Maçonnerie et le Compagnonnage Ed. Traditionnelles, 1985, t. I, p. 78.
[10] Tendremos la ocasión de mostrar en un obra en preparación (Le Plan divin. Métaphysique de l’histoire et prédestination) que el mundo manifestado no posee autonomía ontológica. Para una formulación ejemplar de la doctrina no-dualista véase Abd al Kader, Le Livre des haltes, Alif éditions, 1996.
[11] Martínez sostiene sin embargo en ocasiones que “el principio de la materia del cuerpo general no es otra cosa en el Creador, que una pintura espiritual concebida en su imaginación” (Tratado, p. 257 y 335). Teniendo en cuenta la relación que hemos evocado en Hèrmes trahi entre el Imaginal y el Elemento Aire, asombrará aquí que aquel sea deshechado por Martínez por motivos bastante oscuros, cf. La magie des Elus coëns (catéchisme des commandeurs d’Orient), Cariscript, 1989, p. 65-66.
[12] Dictionaire thématique…, p. 293.
[13] Publicado en p. Stable, Tradition iniciatique et Franc-Maçonnerie chrétienne, Trédaniel, 1993, p. 57-58.
[14] Ibid, p. 56.
[15] J. Tourniac, La Franc-Maçonnerie chrétienne templiére des Prieurés Ecossais Rectifiés, 1986, p. 42.
[16] Añadamos que en una perspectiva de complementariedad entre esoterismo y exoterismo, que no es la misma que la de Willermoz, la Masonería, en tanto no procede de la Revelación cristiana, no tiene relación orgánica con ésta, aunque ella comprende elementos relativos al esoterismo cristiano.
[17] Afirma simplemente que no es ejemplo a seguir, Etudes sur la Franc-Maçonnerie…, Ed. Traditionnelles, 1981, t.II, p. 120.
[18] “René Guénon y el rito escocés rectificado”, Villard de Honnecourt, nº 16, 1988, p. 182.
[19] R. Désaguliers, Les deux Grandes Colonnes de la Franc-Maçonnerie, Dervy, 1997, p. 35, n. 10.
[20] A. Viatte, Les Sources ocultes du romantisme, Champion, 1928, t.1, p. 57.
[21] J. Tourniac, Paradoxes énigmes et curiosités maçonniques, Dervy, 1993, p. 194.
[22] Recordemos que Guénon ha escrito en El Reino de la Cantidad que, por una parte, es una “resacralización” del plano corporal. Añadamos que se reencuentra en Louis Claude de Saint Martin un error de este último como lo ha señalado A. Viatte, op. cit., t. 1, p. 275-276.
[23] Citado por A. Viatte, op. cit., t. 1 p. 140
[24] R. Dachez “ Les Elus Cohen à Saint-Domingue en 1767-1768. Textes d’instructions sur les deux premiers grades bleus”, RT, nº 79, 1989, p. 201.
[25] R. Trintzius, Jacques Cazotte ou le XVIIIéme siècles inconnu, ed., Athena, 1944, p. 99-103 en donde da uma descripción.
[26] G. Sandri, “Los orígenes del símbolo y de la divisa del segundo grado en el Régimen Escocés Rectificado”, RT, nº 106, 1996, p. 108. Se notará que en este artículo el autor interpreta estos orígenes como exteriores a la Masonería. Cuando las fuentes invocadas, a saber las miniaturas de J. Bailly (XVIIeme) realizadas para Louis XIV, podrían muy bien tener, al menos aquellas que representaban una escuadra puesta sobre un muro acompañada de la divisa dirigit obliqua, un origen operativos. En cuyo caso se trataría de un topos del oficio que asocia de buen grado el arte de edificar a la función real, cf., Devises pour les Tapisseries du Roi, Hercher, 1988. Se notará por lo demás que la expresión “ella corrige lo oblicuo” ligada a la escuadra prueba que era conferido un sentido simbólico a este instrumento de arquitectura antes del siglo XVIII.
[27] A. Kervella / Ph. Lestienne, “Un haute-grade templier dans le milieux jacobites en 1750: l’Orden sublime des Chevaliers Elus aux sources de la Stricte Observance”, RT, nº 112, 1997, p. 231.

jueves, 31 de mayo de 2012

Willermoz, o los peligros de las innovaciones en materia masónica; por Denys Roman

Jean-Baptiste Willermoz
Capítulo XV de Réflexions d'un Chretien sur la Franc-Maçonnerie. "L'Arche vivante des Symboles", 1995, Éditions Traditionnelles, París.



El personaje Willermoz, es célebre en la historia de la Masonería en el siglo XVIII. Fundó un Rito, el Rito Escocés Rectificado, muy expandido en Suiza y en Francia.

Este Rito se vanagloria de ser heredero de los “Elegidos Cohen del Universo” y también, en cierta forma, un heredero privilegiado de la Orden del Temple. Contra estas dos pretensiones, René Guénon se ha alzado en varias ocasiones, y éste es el motivo por el que vamos a entrar en ciertos detalles a este respecto.

En lo referente a la “posteridad de los Elegidos Cohen”, no se plantea ningún problema; en efecto, los Elegidos Cohen mueren sin dejar posteridad alguna. Su último “Gran Soberano”, Sebastián de las Casas, “abdicó” en 1780 sin designar sucesor. Y si hubiera designado alguno, ciertamente no se hubiera tratado de Willermoz o uno de sus amigos. Escuchemos al excelente historiador de los Elegidos Cohen, René Le Forestier:

“Un solo punto de las últimas instrucciones del Gran Soberano antes de abdicar, el nombre del sistema para convertirse en fidei -comisario de la Orden expirante-, traicionaba el rencor que había inspirado a los Elegidos Cohen, la victoriosa concurrencia hecha a su asociación, por los Caballeros Bienhechores. Savalette de Langes, entre las manos de quien, Las Casas, invitaba a sus subordinados a depositar los paquetes sellados que contenían sus papeles, era Presidente y Conservador de los Archivos del Régimen de los Filaletas, asociación masónica (...) entroncada en 1733 sobre la Logia parisina “Los Amigos Reunidos”, que acababa de dirigir contra la Reforma de Lyon[1] una violenta campaña. Las negociaciones de Willermoz con la Estricta Observancia alemana, habían suscitado un vivo movimiento de protesta por parte de muchos Masones franceses (...). Los Filaletas (...) se convirtieron en ardorosos intérpretes[2] de esta oposición (...), para hacerse con un arma contra los Caballeros Bienhechores, que les disputaban la supremacía en los diversos Consejos del Gran Oriente (...). Confiándoles los archivos de la Orden, los Elegidos Cohen infringieron a sus antiguos Hermanos la afrenta más hiriente[3].

Las instrucciones de Las Casas, fueron ejecutas a lo largo de 1781. Savalette de Langes, recibió (...) la correspondencia, los planes mensuales, los catecismos y ceremonias de los diversos grados, los planes anuales, los cuadros con sus invocaciones, las explicaciones generales y secretas (...). La Orden de los Elegidos Cohen dejaba de existir[4]”.

Creemos que la causa se ha entendido. Lo que Las Casas ha transmitido a los Filaletas -puede que no muy “cualificados”, para recibir un depósito así-, no es más que una documentación inutilizable; y, de hecho, después de esta época, ningún Masón ha practicado jamás los especiales ritos de los Elegidos Cohen: la invocación diaria, la invocación de los tres días en Luna Nueva, las Operaciones de equinoccios precedidas de una rigurosa “cuarentena”. Así, la tentativa, tan interesante en varios aspectos, de volver de nuevo a la Masonería “operativa”, injertando, en el viejo tronco masónico, las enseñanzas y ritos de origen, probablemente, sefardita, esta tentativa se ha extinguido; y podemos decir, con René Guénon: el Régimen Escocés Rectificado, no procede, en ningún aspecto, de la Orden de los Elegidos Cohen. Tal es, en efecto, la conclusión del largo artículo, titulado: “El Enigma de Martinès de Pasqually[5].

¿Y la herencia templaría? Aquí, René Guénon, es también muy claro: “El Régimen Rectificado no es en absoluto ‘Masonería  Templaría’,... porque, muy al contrario, uno de los puntos principales de la ‘rectificación’, consistía, precisamente, en repudiar el origen templario de la Masonería”[6].

Si es grave tenerse por lo que no se es, pretendiéndose heredero de los Elegidos Cohen, y si es lamentable renunciar, por parte de los Masones regulares, a una herencia reivindicada por la Masonería al completo, todo eso no es más una parte de los reproches que pueden dirigirse a Willermoz. No queriendo hacer creer que profesamos respecto al fundador del Rito Rectificado una animosidad particular, tomaremos las informaciones de autores muy diversos entre sí, y que antaño se encontraban entre los colaboradores de la revista Le Symbolisme, en la época en que estaba bajo la inspiración de J. Corneloup y Marius Lepage.

En el número de octubre-diciembre de 1968, Jean Chardons, ha tratado sobre “La Regla moral del Régimen Rectificado”. Promulgada en el Convento de Wilhelmsbad, ha sido compuesta por el barón de Türckheim, gran amigo de Willlermoz. ¿Qué decir de esta Regla? Los extractos que da Chardons no sobrepasan el nivel exotérico. Y, sin embrago, la moral, como los demás elementos de la religión, podría y debería ser transpuesta a una perspectiva verdaderamente esotérica. Chardons destaca justamente el estilo grandilocuente e incluso ampuloso (y teñido a menudo con una especie de sentimentalismo rousseauniano). Por nuestra parte, pensamos que, si una Regla moral debería ser comunicada durante la iniciación de un Aprendiz Masón, sería preferible haber acudido a uno de esos Códigos masónicos, que Camile Savoire -ilustre Masón del Rito Rectificado- ha insertado en sus Regards sur les Temples de la Franc-Maçonnerie. Esos dos códigos tienen al menos la ventaja de ser de una brevedad que recuerda la del Decálogo.

Pero la más grave de todas las innovaciones de Willlermoz -no solamente porque testimonia una increíble incomprensión del simbolismo masónico y hasta de la simple doctrina cristiana, sino, sobre todo, pensamos, porque se operó bajo influencias psíquicas por lo menos... inquietantes- es, evidentemente, la substitución, en el ritual, de la palabra “Tubalcaín” por la de “Phaleg”. En Le Symbolisme de octubre-diciembre de 1966, se puede leer a este respecto, un interesante artículo firmado por “Ostabat”. El autor, nos dice la presentación, es un joven Masón del Rito Escocés Rectificado. Él explica cómo, en 1785, el Directorio Escocés Rectificado de la provincia de Auvernia (residente en Lyón), a propuesta de Willermoz, decidió esta modificación, con los considerandos más severos. “Habéis tomado como palabra de reunión el nombre de un agente diabólico, aquel mismo que os conduce a todos los vicios carnales. Vuestra ignorancia procede de lo que era ese nombre en la iniciación egipcia, etc...”. Willermoz obró a instigación de un “Agente Desconocido”, que hoy en día se sabe que fue Marie-Louise de Valière, canonesa de Remiremont, y hermana del comendador de Monspey. Esta crisíaca[7], como decían por entonces, enviaba a la “Logia Elegida y Querida” (“La Bienfaisance –Beneficencia-” de Lyón) y a Willermoz, abundantes cuadernos, obtenidos por “escritura automática”. Willermoz comunicaba las decisiones de Lyón a la Logias alemanas de la “correspondencia” rectificada, pero éstas rechazaron aplicar la innovación. Al cabo de unos meses, Willermoz dejó por lo demás al Agente y sus pretensiones de operar “la reforma de todas las sociedades masónicas y de todas la religiones humanas”. Los miembros más serios de “La Bienfaisance” se separaron. En vísperas de la Revolución, el crédito de la ambiciosa sonámbula estaba arruinado. Pero “ocurre, dice Ostabat, que la alteración del ritual rectificado no fue abolida, aunque su fuente se reputaba como carente de autoridad, y que todavía subsiste hoy en día, testimonio de los tiempos de ilusiones en los que algunos de los Hermanos más ilustres se abandonaron, cuando tenían a su puerta la tormenta que iba a arruinar a la Orden, a los prestigios que el Salmista denomina ‘fantasmas de la noche’”. El autor siente que, detrás de este “funesto extravío”, debía haber algo que no era accesible a la simple erudición, y piensa que no sería inútil “reexaminar la historia bajo esta perspectiva”.

Willermoz, en efecto, fue constantemente objeto de tentativas muy sospechosas por parte de sonámbulas de las que la más importante es Gilberte Rochette, pero cuya autoridad fue arruinada por la intervención del “Agente Desconocido”, la canonesa de Valiere. Hay que leer en la obra de Alice Joly, que expone toda la historia de Willermoz[8], las inverosímiles peripecias que marcan las relaciones del fundador del Rito Rectificado con sus pretendidas intérpretes de las voluntades del Cielo. Y, por otra parte, basta con abrir el Livre des Initiés (Libro de los Iniciados), donde Willermoz consignaba, al uso de los Nodo Raabs[9] de la “Logia Elegida y Querida”, los vaticinios de la canonesa inspirada para conocer las verdaderas razones de la sustitución. ¡Y las hay buenas! “Tubalcaín es el padre de todas las abominaciones..., culpable de las más vergonzosas prevaricaciones en vía carnal”. Esto ya es bastante grave. Pero hay algo peor. “Él habría podido, por su arrepentimiento, detener el curso de estos males; pero arrastrado por su propia concupiscencia, él évia los ángeles malvados en mujeres. Tal es el crimen que corrompe toda carne. ¡Oh abismo de horror!” ¡He aquí por qué todo va tan mal por el mundo! La familia Tubalcaín era además atroz. “Tubalcaín voulia los metales, y, su hermana, Noéma, voulia los animales”. Parece, pues, que en el espíritu de la buena canonesa, un poco... atormentado por la sexualidad, los crímenes de Tubalcaín y de Noéma, se han confundido, a veces, con la “falta” de Adán y Eva, pues expresiones similares son empleadas para la caída del primer hombre: “Osó, este ser salido del ser mismo, atribuirse la producción. Voulia sus puros ornos, que tenía en su séos, etc...”. Huyamos rápidamente de estas tristezas hacia horizontes más consoladores. ¿Queremos conocer las verdaderas razones de “la elección de Phaleg”? “Willermoz imponía a las Logias rectificadas que seguían su dirección, el adoptar la palabra “Phaleg”, porque el Agente enseñaba que, el hijo de Héber (Phaleg) fue el primer instructor de la Masonería, siendo el segundo Salomón y el tercero, él mismo”, es decir, la Agente-canonesa. Y no olvidemos que escribiendo esas altas revelaciones, el Agente Desconocido veía su pluma “enrojecer con la sangre de Jesucristo”. Alice Joly, de quien se han tomado estas citas, piensa que el Agente se tomaba verdaderamente por una “nueva encarnación” de María, la nueva encarnación de Cristo debiendo producirse entre los Nodo Raabs. Sigamos prestando atención al oráculo canonesco: “Igual que los profetas fueron dados a al nación elegida para ser su luz, son hoy en día los verdaderos Masones Rectificados quienes son llamados a formar el nuevo Templo escogido. Es una Gran Obra, que acaba de eclosionar y que parece que nunca deberá acabar. ¿Cómo los canónigos-Condes de la primacial Saint-Jean, que se presentaban prietas las filas en las columnas de la Logia Elegida o Querida (es así como el Agente llamaba a “La Beneficencia” de Lyón) acogían la audaz exégesis y la teología sensacionalista, de su colega en canonicato? Bien parece que esos personajes triplemente venerables se hayan quedado en la circunstancia, como dicen las Escrituras, como “perros mudos”. En cuanto a Willermoz, pensando en los espléndidos destinos prometidos a su Logia, se sentía ganado por el santo delirio de la canonesa, y, poseído por una especie de furor sagrado, proponía, simplemente, “quemar todos los libros y todas las historias de concilios (sic)”, que, evidentemente, ya no tenían objeto alguno. No estamos inventando nada. Es el barón de Türkheim quien relata la cosa al duque de Brunswick, en una carta de 1787. Ostabat no se equivocó al hablar de “funesto extravío” y de evocar ciertos “prestigios”. Sería rendir buen servicio al Rito Rectificado y también a la memoria de Willermoz el trabajar en colmar las “fisuras”, empezando por la de última fecha, la relacionada con “Tubalcaín”.

Otro artículo de Le Symbolisme asegura que las excentricidades de Willermoz han hecho al Rito Rectificado más sospechoso para las autoridades religiosas católicas que los demás ritos masónicos. Así lo creemos sin dificultad ninguna. Pero debemos añadir que, desde hace algún tiempo, este Rito ha hecho loables esfuerzos para acercarse a otros herederos de la Estricta Observancia, es decir al Rito Sueco y lo que puede subsistir en Alemania del Rito de Zinnendorf, así como los grados de Knight Templar de Inglaterra y de Estados Unidos. En suma, el Rectificado querría “recuperar” la herencia templaria. Ello no es imposible, pero hace falta un auténtico “trabajo de Hércules”. Habría, en efecto, que empezar por eliminar las innovaciones debidas a la desbordada imaginación de una religiosa sin vocación, víctima totalmente designada para los “fantasmas de la noche”. Hecho eso, es evidente que, de la obra personal de Willermoz y de los famosos ritos escritos por su mano, no quedaría nada, o, al menos, no gran cosa.

Notas:
[1] Es decir, la “rectificación” operada por Willermoz en el Convento de las Galias en 1778.
[2] El “especialista”, por así decirlo, de esta oposición a Willermoz, era el marqués de Chefdebien, Comisario de los archivos de los Filaletas, y que pertenecía también a la Estricta Observancia, donde tenía el nombre de Franciscus, Eques a Capite Galeato.
[3] Para entender bien esta frase, hay que saber que, los Filaletas, en su mayoría, eran totalmente extraños a los Elegidos Cohen, mientras que los Caballeros Bienhechores contaban con un gran número de estos Elegidos, habiendo sido Willermoz uno de los discípulos predilectos de Martinès de Pasqually.
[4] La Franc-Maçonnerie occultiste dans le XVIIIe siècle et l´Ordre des Élus Coëns, págs. 517 y 518.
[5] Este texto, ha sido insertado en los Études sur la Franc-Maçonnerie et le Compagnonnage, tomo I.
[6] Ibid, pág. 141
[7] Dentro de la jerga especial del magnetismo animal, sonambulismo artificial o mesmerismo del siglo XVIII, y del posterior espiritismo, se denomina «crisíaca», en francés «crisiaque», a aquella persona que se halla bajo un estado de crisis producida por la acción magnética. Dicho estado es espontáneo y de sobreexcitación nerviosa, presumiendo los adherentes a estas doctrinas que tales personas poseen en dicho estado cierta lucidez sonambúlica (N. del T.)
[8] Un Mystique Lyonnais et les secrets de la Franc-Maçonnerie (1730-1824).
[9] En este pasaje, hemos puesto en cursiva los términos propios del vocabulario, como mínimo inepto, de la canonesa. Al principio, Willermoz pasaba las noches, preguntándose lo que podían significar estas palabras tan descabelladas. Acabó por solicitar la ayuda de su Egeria de pacotilla, que no lograba más que parcialmente la elucidación del sentido de lo que escribía bajo “influencias psíquicas” un poco malsanas. (N. del T.: Como es obvio, tales palabras carecen de traducción al español).