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sábado, 23 de agosto de 2014

El Simbolismo Masónico; por Jean Palou

Cap. IX de La Franc-Maçonnerie, Paris, Payot. Trad. castellana de A. Llanos: La Franc-Masonería, Buenos Aires, Ed. Dédalo, 1975.

LAS LOGIAS DE SAN JUAN

En la Francmasonería, los talleres de los tres primeros grados se llaman logias azules o logias de San Juan. Veremos, en efecto, más en detalle la significación histórica y simbólica de esta última expresión. Además, los dos términos están perfectamente ligados entre sí, puesto que el simbolismo conoce tres colores azules, "uno que emana del rojo, otro del blanco y un tercero que se une al negro...", lo que corresponde a las masonerías azul, roja, negra y blanca. Por otra parte, esas tres modalidades del mismo color están a la vez unidas tanto a los tres grados de la iniciación antigua como al triple bautismo cristiano, porque... "San Juan Bautista bautiza en el agua (azul) para inspirar la penitencia: es una preparación a un segundo bautismo que él anuncia y que Jesucristo dará por el Espíritu Santo y por el fuego" [1]. Se ve entonces porqué las logias azules constituyen las primeras marchas, en la humildad y el abandono del mundo profano, hacia la regeneración producida más tarde por el fuego (Fuego-Cordero). Naturalmente a este simbolismo de los colores se agrega el de San Juan.

En la obra bien conocida de Samuel Prichard aparecida en Londres en 1730, Masonry dissected, se pueden leer las preguntas y respuestas siguientes:

P.: ¿De dónde vienes?

R.: De la santa logia de San Juan.

P.: ¿Qué recomendaciones traes?

R.: Las recomendaciones que traigo de los verdaderos y venerables hermanos y compañeros de la verdadera y santa logia de San Juan, de donde vengo, y yo os saludo tres veces de todo corazón [2].

Doce años más tarde se expresa en L'Ordre des Francs- Maçons trahi et leur secret révélé [3] una versión más sucinta que la precedente: "Preguntas que se agregan a algunas de las precedentes cuando un francmasón extraño pide ser admitido en la logia":

P.: ¿De dónde vienes?

R.: De la logia de San Juan.

Paul Naudon, en una obra reciente sobre Les loges de Saint-Jean, se afana en demostrar las relaciones existentes entre la Francmasonería y los dos San Juan. Este interesante estudio es, por otra parte, más histórico y filosófico que propiamente simbólico, y es este último plano el único que nos interesa aquí.

¿A qué San Juan ha querido honrar la Masonería al dar su nombre a sus logias azules, tanto en el pasado para las logias de los compañeros constructores, como en la masonería moderna para los talleres de los tres primeros grados? El hermano E. F. Bazot escribe a este respecto: "...en cuanto al San Juan que los masones han tomado como patrón no puede ser ni Juan Bautista ni Juan Evangelista, que no tienen, ni uno ni el otro, ninguna relación con la institución filantrópica de la Fracmasonería. Se debe pensar, con los hermanos más filósofos y más esclarecidos, que el verdadero patrono de las logias es San Juan el Limosnero, hijo del rey de Chipre, que en tiempos de las Cruzadas dejó su patria y la esperanza del trono para ir a Jerusalén a prodigar los socorros más generosos a los peregrinos y a los caballeros. Juan fundó un hospital e instituyó hermanos para cuidar a los enfermos, a los cristianos heridos, y distribuir ayudas pecuniarias a los viajeros que iban a visitar el Santo Sepulcro. Juan, digno por sus virtudes de convertirse en el patrono de una sociedad cuyo único fin era la beneficencia, expuso miles de veces su vida para hacer el bien. La peste, la guerra, el furor de los infieles, nada pudo detenerlo. La muerte lo abatió en medio de sus trabajos; pero el ejemplo de sus virtudes quedó para sus hermanos que se comprometieron a imitarlo. Roma lo canonizó con el nombre de San Juan el Limosnero, o San Juan de Jerusalén; y los masones cuyos templos destruidos por la barbarie él había erigido de nuevo, lo eligieron de común acuerdo como su protector" [4]. Paul Naudon rechaza con una frase un poco desdeñosa [5] esta opinión de Bazot que, evidentemente, al dar a la orden el único fin de la beneficencia olvida demasiado que la masonería es ante todo una técnica de realización espiritual. Es posible que el origen de la afirmación de Bazot sea -como dice P. Naudon [6] en el discurso de Ramsay-, que: "...nuestra orden (la masonería) se unió íntimamente con los caballeros de Jerusalén. Desde entonces nuestras logias llevan el nombre de logias de San Juan". Se trata, pues, de otra masonería distinta de la de los tres primeros grados, y si Bazot ha cometido un error es el de dar el patronazgo de San Juan de Jerusalén a las logias azules, en tanto que Ramsay quería hablar de otra masonería, es decir, de grados irlandeses o escoceses.

La única relación entre San Juan el Hospitalario o el Limosnero y los masones operativos se basa en un hecho referido por Rohrbacher. Se lee, en efecto, en este autor que San Juan el Limosnero, patriarca de Alejandría, envió inmensos recursos a Modesto, abate de San Teodoro, en Palestina, para reconstruir las iglesias destruidas en 615 por los árabes [7]. En realidad, los santos patronos de la orden masónica son San Juan llamado el Precursor y San Juan el Evangelista, uno y otro en estrecho contacto con Janus, dios de los romanos, "dios de las corporaciones de artesanos o Collegia fabrorum que celebraban en su honor las dos fiestas solsticiales de invierno y verano" [8].

En el primer capítulo del Evangelio según San Lucas, Zacarías insiste mucho para explicar el nombre de su hijo, el futuro Precursor. Él dice que se llamará Juan, lo que anuncia la piedad y la misericordia que serán los caracteres mismos del bautista [9]. Es necesario observar que en hebreo el nombre Juan se dice hanan, que significa a la vez beneficencia y misericordia, mérito, gracia, merced (esta última palabra tiene el sentido de "piedad" y no carece de interés señalar el papel de la orden de los Trinitarios u orden de la Piedad, orden de caballería destinada a rescatar a los cristianos caídos en las manos de los infieles y que constituye el grado 26º de los altos grados del rito escocés). Johanan significa simultáneamente "misericordia de Dios" y "loa de Dios", y esos dos sentidos se aplican, el primero al Bautista, el segundo al Evangelista. René Guénon ha observado justamente sobre el caso "que la misericordia es por cierto descendente y la loa ascendente, lo que nos conduce aún a su relación con las dos mitades del ciclo anual" [10], es decir, con las fiestas solsticiales de San Juan de Invierno y de San Juan de Verano (27 de diciembre y 24 de junio).

San Juan Bautista es representado siempre vestido con un manto de color rojo, que es el símbolo del martirio [11], y en el baptisterio de Constantino, en la iglesia de San Juan de Letrán en Roma, se pueden ver alrededor de su estatua de plata siete siervos del mismo metal, "imagen de los siete dones del Espíritu Santo recibidos con el bautismo" [12]. Se recordará a este respecto que nadie puede ser admitido en una logia de San Juan sin la presencia de siete masones. Un nexo aun más estrecho entre el escocismo y San Juan Bautista se observa en la iglesia de Santa María de las Fuentes de Lieja. Se ve en esta iglesia un fuerte bajo relieve de cobre el cual representa al Precursor bautizando al filósofo Cratón. La fuente bautismal descansa sobre doce bueyes, símbolo de los doce profetas de la antigua ley y de los doce apóstoles de la nueva ley (hay allí también una doble alegoría a la circuncisión y al bautismo). La fuente bautismal se convierte entonces en la imagen del mar de bronce que Salomón había consagrado a la entrada del Templo para purificarse, que es uno de los símbolos de un alto grado escocés [13].

San Juan Evangelista, "la loa de Dios", es representado en los vitrales de la Edad Media y en los Libros de las Horas con un hábito verde. En Bourges, él tiene una túnica verde y un manto rojo nimbado de oro. Se le ve bautizando por aspersión (es decir, vertiendo agua sobre la cabeza de los bautizados) almas representadas por personajes desnudos y asexuados. Por encima del Santo aparece Cristo rodeado de siete candelabros de oro, y el Salvador mantiene en una mano un libro cerrado por siete sellos, y en la otra el globo del mundo [14]; la túnica verde es el símbolo de la caridad, y este color es igualmente el de ciertos números de grados escoceses, en especial el del Príncipe de la Misericordia, del que hablamos más arriba. La esmeralda, piedra preciosa también verde, es la joya atribuida al Evangelista. El número siete es el número propio de ambos santos (por ejemplo, en ciertas pinturas se puede ver al Evangelista rodeado de siete formas de iglesias, pues ese numero simboliza el misterio de que se rodean las verdades encerradas en el Libro Divino) [15]. El águila "que se eleva, desde el primer impulso de su vuelo, hasta el seno de Dios, para expresar en términos consagrados el origen de su Verbo y el principio de la luz divina" [16], como el águila del Tetramorfo que al "planear igual que ésta por encima de todas las generaciones humanas cuando relata el nacimiento eterno del Verbo" [17], son las aves de San Juan, cuyo Evangelio se lee en cierto número de logias al iniciarse los trabajos. Existe una relación todavía más estrecha entre el Evangelio y la francmasonería cuando se observa, en el Apocalipsis, a Juan que recibe de un ángel una vara de una toesa con orden de medir el templo, excepto el espacio alrededor del tabernáculo, que era abandonado a los gentiles por Dios, los que deberían recorrer, en las tinieblas exteriores, ese espacio durante tres años y medio [18]. Es necesario aproximar aquí a Juan, maestro de la iniciación y que preside la dirección del templo esotérico, con la logia que lleva su nombre, en la cual los profanos no pueden ser admitidos sino después de tres años de aprendizaje, cuando son recibidos como compañeros, único grado de la antigua Masonería operativa. Más curiosa aún es esa cita de Dante -que quizá perteneció a los Fieles de Amor o a la Fraternidad de los Rosacruces- que muestra a Juan mártir, quien prueba así su amor a Dios, después de haberlo extraído del pecho del Celestial Pelícano [19]. Nos resultaría fácil desarrollar las numerosas relaciones existentes entre la simbólica cristiana de Juan y las logias de San Juan, pero queremos llegar a los vínculos -y éste es el término iniciático exacto- que existen entre los dos San Juan y Janus.

Janus es Cluvius (el que lleva las llaves), al mismo tiempo que Patuleius (el obrero) y Clusius o Cluvisius, es decir, el que cierra [20]. Se le denominaba también el Padre, y los sacerdotes salios lo invocaban como dios de los dioses. Janus era sobre todo el maestro de la iniciación, y Ovidio nos dice que nadie entraba en el cielo si él no abría la puerta [21], y Marcial expresa que él también iniciaba la marcha de las estaciones del año y de las revoluciones celestes, y de ahí su nombre Janitor, el portero del cielo [22]. Más tarde, Janus se convirtió entre los romanos en el guía de las almas y el jefe de los Manes (Janus Bifrons) que él hacía remontar tres veces por año desde los infiernos al mundo superior, el 24 de agosto, el 5 de octubre y el 8 de noviembre [23].

Las fiestas solsticiales de Janus se convirtieron en las fiestas de San Juan de Invierno y San Juan de Verano. Dios de los artesanos constructores, es decir, de los hombres del oficio cuya iniciación desemboca en los pequeños misterios, Janus se cristianizó y devino el patrono bajo el nombre de dos santos (Juan) -que en suma no son más que dos modalidades de un solo y mismo ser- de las logias de los constructores de la Edad Media, que celebraban sus fiestas el 27 de diciembre y el 24 de junio. Esto es tan cierto que se puede ver en la iglesia de Saint-Remy en Reims un vitral donde figura "un San Juan que se podría llamar "sintético", que incluye en una sola figura al Precursor y al Evangelista, fusión subrayada por la presencia encima de la cabeza de dos tornasoles dirigidos en sentido opuesto (los dos solsticios), una especie de Janus cristiano en suma" [24]. Nos parece del mismo modo útil mencionar que en el simbolismo masónico operativo que se ha trasmitido a la masonería anglosajona se halla una figuración de dos San Juan representada por un círculo que lleva en su centro un punto, círculo que ostenta dos tangentes paralelas. "Este círculo es considerado como una figura del ciclo anual, mientras que los puntos de contacto de esas dos tangentes, diametralmente opuestas una a la otra, corresponden entonces a los dos puntos solsticiales" [25]. Ya hemos dicho que Janus poseía a menudo dos rostros (bifrons), muy raramente cuatro [26], y mencionaremos ese curioso ejemplo que muestra muy bien la relación de los dos rostros de Janus con los masones operativos. En la catedral de Nantes se puede admirar la tumba del duque de Bretaña, Francisco II, por Michel Colombe. En uno de los ángulos de la tumba se halla una estatua que representa la Prudencia. Se trata de una mujer de doble rostro: el de una joven y el de un anciano (alegoría de Janus). Ese personaje sostiene en una mano un espejo convexo que simboliza el microcosmos (el espejo fue introducido bastante tarde en el rito rectificado en el grado de compañero después de haber sido conocido en la Estricta Observancia, en 1782) y, en la otra, un compás [27]. El escultor del siglo XVI ha sabido, pues, reunir perfectamente todos los símbolos iniciáticos: el de Janus, patrono de los constructores, y el compás, instrumento de los maestros masones. Más asombrosa aún esa madera grabada con el Tratado del Azoth del alquimista Basile Valentín, donde se observa "a los pies de Atlas, que soporta la esfera cósmica, un busto de Janus -Prudencia- y un niño que deletrea el alfabeto -Simplicitas-" [28], que nos presenta a Janus como maestro de la iniciación ante el cosmos, es decir, la logia, y el niño que deletrea, el aprendiz que deberá -por el esfuerzo iniciático- reunir lo que está disperso, esto es, las letras que formarán las palabras sagradas, las palabras claves. Porque no se podría olvidar tampoco que Janus, dios de las puertas celestes y al que es consagrado el mes de enero, tiene entre sus atributos una llave, que simboliza el instrumento que permite abrir las puertas, las barreras, para llegar a un conocimiento más perfecto, más profundo del esoterismo [29]. Esta llave se ha tornado un cetro en ciertas representaciones de Janus, siendo esos dos atributos también los de Cristo: "¡O Clavis David, et sceptrum domus Israel!... Tú eres, ¡oh Cristo esperado! la llave de David y el cetro de la casa de Israel. Tú abres, nadie puede cerrar; y cuando tú cierras nadie podría ya abrir..." [30]. Este santo del oficio romano del 20 de diciembre, al mismo tiempo que el anuncio de la fiesta del Evangelista -el solsticio de invierno cuya puerta se abre con la llave de Janus-, canta la llegada del salvador que será bautizado por el Precursor y que dará a Pedro el poder de las llaves: la de oro y la de plata. Una y otra son las claves de los pequeños misterios y de los grandes misterios; ellas dan la entrada sobre los mundos temporal y espiritual. Pedro posee la llave de la salvación. Juan, después de Janus, lleva la llave de la liberación. Con este título él no puede ser más que el santo patrono de las logias masónicas, donde -al mismo tiempo que se trabaja para la fraternidad, el tiempo ideal- el iniciado tiende por un segundo nacimiento (la condición de maestro) a la realización integral, al retorno al Adán Kadmon primordial...


LA PIEDRA BRUTA Y LA PIEDRA TALLADA

La Francmasonería, al devenir especulativa en 1717, perdió su apoyo técnico de realización operativa y espiritual. Los materiales, los instrumentos del oficio, se convirtieron, ya en imágenes materiales fijadas sobre el tapiz de la logia en los primeros y segundos grados [31], ya en imágenes mentales. De todas maneras, lo que la mano probaba tocar, el espíritu que actúa sobre la mano, participa desde entonces únicamente del dominio de lo mental. Tenemos aquí, sin duda, la consecuencia de una época en que la máquina iba a reemplazar de más en más a la acción humana.

La piedra bruta queda como uno de los símbolos fundamentales de la Francmasonería. De manera general, los autores masónicos han transformado ese símbolo en una alegoría moral, muy a menudo utilitaria. Ellos asimilan el nuevo masón, el aprendiz, a una piedra bruta que le será necesario trabajar a él mismo y sobre sí mismo, mediante una tarea constante, puramente interior. Si nos colocamos sobre el plano metafísico, la piedra bruta (el aprendiz) es una individualidad (el yo) que deberá debastarse para llegar a la personalidad (el sí), es decir, para desembarazarse en fin de todas sus asperezas (la piedra tallada) e integrarse en el edificio global que forma la francmasoneria.

Si regresamos al plano operativo –y como hemos tenido ocasión de subrayarlo muchas veces aquí mismo—, las primeras construcciones se hacen de madera y el tránsito progresivo de ese primer modo de edificación al empleo de la piedra bruta, luego de la piedra tallada, no puede constituir, a los ojos de nuestros modernos contemporáneos, sino un progreso. Se trata también igualmente -puesto que se habla de construcciones, y por tanto de abrigo para los hombres- de una estabilización del modo de vida, o, si se quiere, de la concentración de los hombres espacial y temporalmente, es decir, del pasaje de la vida nómada a la vida sedentaria, lo que implica un cambio de tradiciones, "y además, cuando Israel pasa del primero de esos estados al segundo, la prohibición de elevar edificios de piedra tallada desapareció, porque ésta ya no tenía razón de ser; testimonio, la construcción del Templo de Salomón, que seguramente no fue una empresa profana a la cual se vincula, de modo simbólico por lo menos, el origen mismo de la masonería" [32].

La construcción en piedras brutas, luego en piedras talladas, puede dar al edificio más fuerza y más belleza, pero ella constituye al proyectarse sobre el plano tradicional una solidificación que refleja una especie de decadencia espiritual. No es menos cierto que la talla de la piedra bruta se realiza siempre según un rito, es decir, mediante una sacralización del trabajo que lleva a la glorificación no sólo de ese trabajo propio sino de Aquel que manda e inspira a los Obreros, todo lo cual se opera y se integra en un plan trazado por la divinidad. Se comprende que el trabajo efectuado sobre la piedra bruta para convertirla en piedra tallada no puede hacerse sino en una sociedad tradicional, lo que no es, por desgracia, el caso del mundo moderno contingente. Sólo en tal mundo se puede permitir la francmasonería ese trabajo de realización espiritual, pero únicamente sobre el plano mental, y esto porque la masonería, a pesar de su decadencia "especulativa", ha conservado la transmisión espiritual iniciática, y ritualiza mediante gestos y palabras el trabajo -antiguamente efectivo, y ahora sólo mental-. El Compagnonnage, con la Masonería, siguen siendo igualmente, en nuestros días, los únicos representantes eficaces de esos oficios antiguos que permitían al obrero iniciado realizar los trabajos sobre la piedra, sobre sí mismo y sobre el conjunto del cosmos.

La piedra constituye en sí un "potencial de fuerzas telúricas, y determina todo un ritual de arte sagrado. Para mostrar que el hombre se perfecciona, se le compara a una piedra que de estado bruto llega al estado tallado" [33]. Es así que, en el curso de las edades, se adjudicó una particular importancia no sólo a la talla de la piedra bruta, sino a la colocación de la piedra finalmente debastada, no como se dice por lo general, en la masonería francesa, por el martillo y el cincel, sino por una boucharde, "especie de martillo en punta del que se sirven, en efecto, los talladores de piedra" [34]. Hasta no hace mucho tiempo, por cierto, los masones de la región de Menton decían una plegaria cuando se colocaba la primera piedra; los de Namur la rociaban con una rama de arbusto previamente mojada en agua bendita [35]. No es menos curioso señalar que en el siglo XIX aún, los masones del Bocage normando golpeaban la primera piedra colocada con una cuchara y un martillo; los del Franco Condado la golpeaban tres veces [36]. La colocación de la primera piedra en el edificio se hacía siempre en el ángulo nordeste de la futura construcción acompañada de un ritual particular en cada región [37]. De igual modo, en la francmasonería especulativa, el recién iniciado es colocado –piedra fundamental simbólica del edificio futuro- en el ángulo nordeste de la Logia. La mayor parte de los autores tratan de mostrar que la talla de la piedra bruta, es decir, el trabajo individual realizado por el aprendiz, se vincula a la idea absolutamente profana de libertad, mientras que la noción iniciática de Liberación convendría mucho mejor en este dominio. Aparece aquí el recuerdo de las lecciones masónicas del siglo último y la afirmación bien conocida y tajante: "El masón libre en la logia libre", de Oswald Wirth, que refleja un estado de espíritu individualista y profano, en tanto que la talla de la piedra bruta se efectúa en verdad por el individuo asociado, integrado en la asamblea de la comunidad de iniciados, puesto que -es necesario no olvidarlo- el trabajo de realización espiritual masónica no podría ser más que obra colectiva.


LA PIEDRA ANGULAR

La tradición cristiana, de la que la Francmasonería es una de las formas (esotéricas) más esenciales, adjudica mucha importancia a la piedra angular y a su simbolismo. Lo esencial de esta tradición reposa en la frase siguiente: "La piedra rechazada por aquellos que construían se ha convertido en la piedra principal del ángulo" [38]. San Bernardo [39], hablando de la construcción del templo cristiano y de la sacralización [construcción y sacralización realmente efectuadas por los francmasones constructores de iglesias, depositarios del secreto técnico y el secreto iniciático exclamaba: "Es necesario que se cumplan en nosotros en forma espiritual los ritos de que materialmente han sido objeto esas murallas. Lo que los obispos han hecho en este edificio visible, es lo que Jesucristo, el pontífice de los bienes futuros, realiza cada día en nosotros de manera invisible... Nosotros entraremos en la morada que la mano del hombre no ha elevado, en la eterna morada de los cielos. Ella se construye con piedras vivientes, que son los ángeles y los hombres... Las piedras de este edificio están adheridas y unidas por cemento doble, el conocimiento perfecto y el amor perfecto" [40] [41]. El simbolismo de la piedra angular es uno de los más difíciles para estudiar porque, voluntariamente o no, los autores lo confunden con el de la piedra fundamental, a causa del célebre Evangelio según San Mateo: "Tú eres Pedro, y sobre esta piedra yo edificaré mi iglesia, y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella" [42]. Se sigue de esto, sobre el plano cristiano, una confusión bastante molesta entre Pedro y Cristo, que es la piedra angular y no la piedra de la fundación del edificio.

Jean Hani, en su interesante pero apresurado libro sobre Le Symbolisme du Temple Chrétien, ha caído en esta confusión como muchos otros autores. Escribe en efecto: "Todo el ciclo cristiano se desarrolla en tres actos. Primer acto: Cristo viene a la tierra a colocar la "primera piedra" [43] o piedra de fundación que, en resumen, es Él mismo. Segundo acto: el edificio será terminado por la colocación de la verdadera piedra angular o clave de bóveda. Entonces todo el edificio sufrirá la transmutación gloriosa: las piedras se tornarán preciosas y resplandecientes, penetradas por la irradiación del oro divino que es su sustancia interior, y la ciudad celeste aparecerá en todo su esplendor...". Jean Hani [44], en su lirismo un tanto "sentimental", simplemente ha olvidado el texto tan importante de San Pablo: "Sois un edificio construido sobre el fundamento de los apóstoles y los profetas, siendo Jesucristo mismo la principal piedra del ángulo (sumo angulari lapide) en que todo edificio construido y ligado en todas sus partes se eleva como un templo consagrado al Señor, por quien vosotros habéis entrado en su estructura para ser la morada de Dios en el Espíritu" [45]. Se tendrá una excelente representación figurativa de lo que es realmente la "piedra angular" refiriéndose al manuscrito de Munich titulado "Speculum humanae Salvationis" [46], donde se puede advertir a "dos masones que sostienen una cuchara en una mano y en la otra levantan la piedra que ellos se aprestan a colocar en la cima de un edificio (aparentemente la torre de una iglesia que esta piedra debe completar). Hay que observar, a propósito de esta figura, que la piedra de que se trata, en tanto que clave de bóveda, o en toda otra función similar según la estructura del edificio que ella está destinada a "coronar", no puede, por su forma misma, ser colocada sino en lo alto (sin lo cual, por lo demás, es evidente que ella podría caer en el interior del edificio); así pues, ella representa de alguna manera la "piedra descendida del cielo", [47] expresión que se aplica exactamente al escrito, y que recuerda también la piedra del Grial (Lapsit exillis de Wolfram d'Eschenbach, que puede interpretarse como Lapis ex caelis)... esta misma ilustración muestra la piedra bajo el aspecto de un objeto en forma de diamante, lo que la aproxima aún a la piedra del Grial, puesto que ésta es igualmente descrita como tallada en facetas" [48] [49]. René Guénon ha observado con justicia que la "piedra angular", "tomada en su verdadero sentido de piedra "de la cima", es designada, a la vez, en inglés como keystone, como capstone (que se halla también escrita capestone) y como copestone (o copingstone)" [50]. Capstone deriva, en efecto, del latín capuz (cabeza), "lo que nos lleva a la designación de esta piedra como la "cabeza del ángulo"; es la piedra que "remata" o "corona" un edificio; es también un capitel, que es asimismo el "coronamiento" de una columna" [51]. Terminamos de hablar de "acabamiento", y las dos palabras cap y chef son, en verdad, etimológicamente idénticas; capstone es, pues, la cabeza (chef) de un edificio o de la "obra", y en razón de su forma especial que requiere para tallarla conocimientos o aptitudes particulares, ella es también, al mismo tiempo, un chef d'oeuvre (obra maestra) en el sentido que la expresión tenía para los compañeros; "es la pieza por la cual el edificio queda completamente terminado, o, en otros términos, es llevado por fin a su perfección" [52]. A la luz de lo que acabamos de informar, nos parece oportuno colocar ante los ojos de nuestros lectores lo que escribió en 1723 Anderson: "Finalmente, vosotros deberéis observar todas estas obligaciones, y también aquellas que os serán comunicadas de otra manera; cultivar el amor fraternal, el fundamento y la clave de arco, la base y la gloria de esta antigua confraternidad..." [53], lo que denota en él un conocimiento más profundo del esoterismo masónico que el que a menudo se pretende atribuirle. La clave de bóveda, la piedra angular, se adorna, en Notre-Dame del Fuerte en Etampes (Seine-et- Oise), con la imagen de los Cuatro Coronados, lo que subraya aún los vínculos existentes entre los francmasones iniciados y la tradición cristiana [54]. A veces, la piedra angular no existe. Entonces, por encima del crucero se halla el occulum (el ojo de Dios), el orificio por donde la iglesia recibe la luz y cuya equivalencia se encuentra en la atalaya de los barcos, en la construcción de la cual se exigían ritos de consagración semejantes a los utilizados para la consagración de las iglesias.

En las logias masónicas, el occulum, clave de bóveda del templo a construir, está simbolizado por la plomada, instrumento de los hombres de oficio, que pende del techo y en medio del taller. Es decir, que la piedra angular es uno de los símbolos más interesantes tanto de la masonería operativa como de la masonería especulativa; aun sería necesario establecer la distinción primordial existente entre el "carré long" (cuadrado largo), representación de la logia, y la clave de bóveda o el occulum, circular, que simboliza la tierra y el cielo, lo que corresponde a dos estados iniciáticos diferentes: los de la Square Masonry (masonería del cuadrado) y la Arch Masonry (masonería de la bóveda) "que por sus relaciones respectivas con la tierra y el cielo o con las partes del edificio que las representan (la forma cuadrada, parte inferior del templo, y la bóveda o semiesfera) aparecen aquí en relación con los "pequeños misterios" y los "grandes misterios" [55]. Ella prueba con evidencia que la masonería azul (o de los tres primeros grados) equivale a la iniciación basada sobre el oficio de constructor, mientras que la masonería llamada de los altos grados, prolongación obligatoria de aquella, desemboca en una iniciación de orden diferente y más profundo, pero que no podría realizarse sin la pertenencia a los tres primeros grados masónicos.

LA CADENA DE UNIÓN

Los francmasones llaman houppe dentelée a una cuerda de nudos que rodea el "Cuadro de aprendiz" y el "Cuadro de compañero". Esta "expresión parece impropia, afirma J. Boucher, pero ella está sin embargo consagrada por el uso. Se trata de una cuerda que forma nudos llamados lazos de amor y terminada por un nudo en cada extremidad" [56]. Esos nudos están entrelazados, y sin interrumpirse forman la cuerda anudada de nuestros templos; son la imagen de la unión fraternal que liga mediante una cadena indisoluble a todos los masones del globo, sin distinción de sectas ni de condición. Su entrelazamiento simboliza también el secreto que debe rodear nuestros misterios. Su extensión circular y sin interrupción indica que el Imperio de la masonería, o el reino de la virtud, comprende el universo en cada logia. La cuerda anudada recuerda las bandas amarillas, verdes, azules y blancas de los templos egipcios, y las bandas blancas, rojas y azules de las antiguas iglesias de Francia, sobre las cuales los señores representantes de la justicia aplicaban sus escudos, y que en esos monumentos sagrados, destinados a un culto solar, representaban el zodíaco" [57]. Se reconoce aquí toda la redundancia sentimental de J. M. Ragon, sin olvidar, como en la mayor parte de los masones de su tiempo, la proximidad abusiva a la simbólica egipcia, entonces por completo nueva para los occidentales, y se recordará con provecho que Ragon fue uno de los más altos dignatarios de la Orden de Misraim antes de separarse de ella con estrépito [58]. También es sentimental la interpretación de Plantagenet: "La cuerda anudada simboliza la fraternidad que une a todos los masones, y en este sentido es una reproducción permanente y material de la cadena de Unión" [59]. Más precisa, pero sin gran valor iniciático, es la opinión de Wirth: "Un lambrequín orleado forma un friso y lleva una cuerda terminada por cuerdas que se unen cerca de las columnas J. y B. Este ornamento ha sido impropiamente llamado cuerda anudada. La cuerda se anuda en intervalos designados lazos de amor, y representa así la Cadena de Unión que vincula a todos los masones. Los nudos pueden ser hasta doce para corresponder a los signos del Zodíaco" [60]. Más simplista aún, E. F. Bazot define la cuerda anudada como "un cordón que ostenta un nudo en cada uno de sus extremos. Vínculo de fraternidad que une a todos los masones" [61], sosteniendo que la Cadena de Unión "no se forma ordinariamente sino en dos casos, cuando la comunicación de las palabras semestrales [62] y en ocasión de los banquetes. Es el momento de reunirse en círculo tomados de la mano" [63].

Por otra parte, los compañeros proceden igualmente en la ceremonia llamada por ellos cadena de alianza. R. Vergez, llamado el bearnés, el amigo de la Tour de France, nos informa en un artículo reciente que en 1861, a raíz de un accidente mortal acontecido en Notre Dame de Paris, "...más de quinientos compañeros fueron a formar la cadena de la alianza alrededor de la catedral, y el canónigo de Notre Dame de París dijo para ellos la misa de difuntos" [64]. Esta observación muy interesante parece confirmar la opinión de quienes consideran la cadena de unión como una representación del "cordón del cual los masones operativos se servían para trazar y delimitar el contorno de un edificio" [65], y René Guénon, al mostrar que la logia masónica es una representación simbólica del cosmos, ha tenido cuidado de indicar que todo emplazamiento de un edificio tradicional debía estar encuadrado y que "el rastro "materializado" por el cordón representaba propiamente hablando una proyección terrestre" [66]. Así, la cadena de unión sería la proyección celeste del cordón terrestre, que formaría sobre el muro de la logia un encuadramiento situado sobre un plano que, con toda evidencia, no pertenecería a las tres dimensiones conocidas. La cadena de unión, cordón proyectado al infinito, está materializada sobre el muro de la logia por la imagen de una cuerda que se cruza y vuelve a cruzarse en doce nudos (por lo menos teóricamente si se juzga por las representaciones en cierto modo fantasiosas del tapiz de la logia) llamados Lazos de amor. René Guénon se pregunta si ese nombre bastante curioso no es el fruto de la civilización del siglo dieciocho, subrayando que hay quizá en esta denominación poética "un vestigio de algo que se remonta mucho más lejos, y que podría aun vincularse casi directamente con el simbolismo de los Fieles de Amor" [67].

Sin ir tan lejos, recordaremos que en los siglos XII y XIII las cartas amistosas o amorosas llevan los sellos particulares de los autores, y que tales sellos -a menudo muy numerosos- son agregados al documento por ornamentos de seda verde llamados "lazos de amor". Si se quiere por cierto admitir el simbolismo del color verde y su noción de esperanza, se puede quizá ver en los lazos de amor de la cadena de unión la esperanza alentada por los masones de comprobar en el curso del tiempo la llegada de futuros hermanos iniciados que ocuparían su lugar en esta cadena universal; el lugar de tales recién llegados estará obligatoriamente entre las columnas del templo, hacia el oeste, allá donde penden justo en el infinito las dos cuerdas anudadas. Pero R. Guénon subraya con razón que la cadena de unión, al formar un cuadro en el templo masónico, imagen del cosmos, tiene "por función principal la de mantener en su lugar los diversos elementos que contiene o encierra en su interior, de modo de formar un todo ordenado, lo que por lo demás es, como se sabe, la significación etimológica misma de la palabra cosmos" [68].

Habría lugar para terminar con este tema diciendo algunas palabras sobre los laberintos que adornan aún cierto número de iglesias o de catedrales. Esos rastros de piedras de colores diferentes de los del pavimento y que se pueden ver aún en Chartres "ofrecen evidentemente una similitud extraña con la cadena de unión masónica" [69]. R. Guénon se engaña, sin embargo, cuando escribe que los laberintos medievales "son igualmente considerados como constituyendo una "firma colectiva" de las corporaciones de constructores" [70], porque se conoce la mayor parte de los nombres de aquellos que edificaron o hicieron edificar esos laberintos, y a veces -como en Chartres- la efigie del maestro de obra se halla colocada en el centro del trazado.

El problema tan interesante de los laberintos ha suscitado estudios muy numerosos [71], por desgracia muy a menudo escritos de manera por completo profana. Para nosotros, el trazado del laberinto sobre el suelo del edificio consagrado, en ocasiones llamado "camino de Jerusalén" y cuyo recorrido (se hacía de rodillas), reemplazaba el peregrinaje a Tierra Santa (Guénon ha observado que en Saint Omer "'el centro [del laberinto] contenía una representación del templo de Jerusalén") [72] y se proyectaba sobre el muro de la iglesia (a veces, corno lo hemos dicho en nuestras notas, en el exterior de éste) y en consecuencia sobre el muro de la logia. La cadena de unión sería entonces la proyección de la obra colectiva de los masones, el encuadramiento tradicional de la logia y también el símbolo de la edificación futura del templo de Salomón.

Se ve, pues, que en ese símbolo, como en muchos otros, no hay necesidad de hallar una explicación moral o sentimental, ya que el simbolismo no tiene en verdad nada que ver con esta clase de cosas, puesto que él se basta a sí mismo por su naturaleza trascendente, pero también inmanente para todos aquellos que poseen alguna noción tradicional que no esté velada por ninguna especulación humana "inventada" a partir del siglo XVIII [73].


NOTAS: 
[1] Abate Auber, Histoire et théorie du Symbolisme avant et après le Christianisme, París y Poitiers, 1870, t. I.
[2] La Maçonnerie disséqué, por S. Prichard (1730), trad. del inglés y publicado por la logia de la Perfecta inteligencia y la Estrella reunidas, Lieja, 1930.
[3] L'Ordre des Francs-Maçons trahi et leur secret révelé, 1ª ed., 1742 (libro atribuido al abate Perau). La referencia de P. Naudon ("Les loges de Saint Jean et la philosophie ésotérique de la connaissance", París, Dervy, 1957) es extraída de una edición muy posterior.
[4] E. F. Bazot, Manuel du Franc-Maçon, París, 1812.
[5] P. Naudon, ob. cit., "esta leyenda es quizá emocionante. Su valor histórico es nulo y esotéricamente no vale más".
[6] P. Naudon, ob. cit.
[7] Rohrbacher, Histoire universelle de l'Eglise catholique, libro 48, año 615. Es además a lo que hace alusión Bazot cuando habla de los masones cuyos templos "había erigido" San Juan de Jerusalén.
[8] R. Guénon, "Quelques aspects du symbolisme de Janus", en "Voile d'Isis", julio de 1929, reimpreso en Symboles de la science sacrée, París, 1962.
[9] Cf. San Isidoro Hispal, Etymologiarum, libro VII, cap VI, citado por Migne, Patrologie, t. III.
[10] René Guénon, "A propos des deux Saint Jean", en "Études Traditionnelles", junio de 1949, y en Symboles de la Science Sacrée. Guénon observa no sin fineza que las figuras populares de "Juan que llora" y "Juan que ríe" equivalen (al mismo tiempo que las dos figuras de Janus), la primera "a quien implora la misericordia de Dios, es decir, Juan Bautista", y la segunda a "la de quien le dirige elogios, es decir, Juan Evangelista".
[11] En el rito escocés el delantal de los maestros está bordado de rojo, color del martirio de San Juan (?) o de Hiram (?) o de otro personaje (?). Podría realizarse sobre esto un estudio muy sugestivo sobre el cual quizá volveremos un día cercano.
[12] Abate Auber, Histoire et théorie du svmbolisme religieux avant et aprés le christianisme, París y Poitiers, 1870.
[13] 14º grado del escocismo: Gran escocés de la bóveda sagrada de Jacques II, "hacia el oeste un gran vaso o recipiente de bronce, lleno de agua" (J. M. Ragon, Tuileur général ou Manuel de l'lnitié). Se halla en la Leyenda Dorada (degüello de San Juan Bautista) una historia bien curiosa relativa a la cabeza del santo y a una gruta que podría tener cierta relación con los grados de "venganza salomónica", cuyo origen significaría algo mucho más profundo que la interpretación habitual de los rituales practicados desde el siglo XVIII.
[14] R. P. Cahier, Monographie des vitraux de Bourges, VII.
[15] Cf. Apocalipsis, cap. V.
[16] Abate Auber, ob. cit., t. II.
[17] Idem, ob. cit., t. III.
[18] Apocalipsis, cap. XI.
[19] Dante, Paraíso, 28, 58.
[20] Ovidio, Fastos, I, vers. 99 y ss.
[21] Ovidio, Fastos, I, vers. 102 y ss.
[22] Marcial, Epigramas, 1.
[23] Cf. G. Lanoé-Villenes, Le Livre des Symboles, París, 1930.
[24] J Hani, Le symbolisme du temple chrétien, París, La Colombe, 1962.
[25] R. Guénon, "Le Symbolisme solsticial de Janus", en Symboles fondamentaux.
[26] Creuzer, Symbolisme religieux de l'Italie, t. III.
[27] Se puede ver una buena reproducción de esta estatua en Fulcanelli, Les demeures philosophales, París, 1960, t. II.
[28] Fulcanelli, ob. cit.
[29] En la época de los reyes, la llave era el atributo de los chambelanes. Muchas llaves figuran en la heráldica, y por ejemplo en el blasón de los condes de Clermont-Tonerre, de los cuales uno fue el sucesor del duque de Antin en la gran maestría de la orden masónica del siglo XVIII.
[30] Breviario romano, oficio del 20 de diciembre.
[31] Cf. cap 1, nota 57.
[32] R. Guénon, "Pierre bruta et pierre taillé", en "Études Trad.", sept. de 1949.
[33] J. P. Bayard, Le Monde Souterrain, París, Flammarion, 1961.
[34] Cf. Plantagenet, Causeries en chambre de Compagnons, y J. Boucher, La Symbolique maçonnique.
[35] P. Sébillot, Le FolkIore de France, t. IV, París, Guilmoto, 1907. 
[36] P. Sébillot, Légendes et Curiosités des Métiers, París, Flammarion, s/f. Ver también: "Folk-Iore, littérature orate et ethnographique traditionelle", Paris, 1913.
[37] Cf. P. Sébillot, Id. Es interesante observar "que las hachas de piedra pulida son colocadas bajo los cimientos en diversas regiones de Francia" (ob. cit.), sobre todo si se sabe que en masonería la piedra cúbica en punta que representa al compañero es a menudo compuesta de un hacha, ésta, por lo demás, instrumento propio de la masonería forestal, que simboliza el fuego purificador que es uno de los atributos de San Juan, bajo cuyo patronato se colocan las logias masónicas (cf. J. Boucher, ob. cit.). Sobre la piedra cúbica, ver R. Guénon, "Pierre noire et pierre cubique", en "Études Trad.", diciembre de 1947. R. Guénon advierte con mucha fineza que "la piedra cúbica es esencialmente una piedra fundamental; ella es, pues, terrestre, como lo indica, además, su forma y, asimismo, la idea de estabilidad expresada por esta forma se adecua a la función de Cibeles en tanto que Tierra-Madre, es decir, como representante del principio sustancial de la manifestación universal. Por esta causa, desde el punto de vista simbólico, la relación de Cibeles con el "cubo" no debe rechazarse enteramente, en tanto que convergencia fonética; pero, por cierto, no es una razón para querer extraer de ella una etimología ni para identificar con la piedra cúbica una piedra negra que era cónica en realidad. Hay sólo un caso particular en el cual existe cierta relación entre la piedra negra y la piedra cúbica; aquel en que esta última es, no una de las piedras fundamentales colocadas en los cuatro ángulos de un edificio, sino la piedra sheliyah que ocupa el centro de la base de éste, correspondiente al punto de caída de la piedra negra, como sobre el mismo eje vertical; pero en su extremidad opuesta, la piedra angular o piedra del sueño, que, por el contrario, no es una forma cúbica, corresponde a la situación "celeste" inicial y final de esta misma piedra negra (ob. cit.).
[38] Salmos, CXVIII, 22; San Mateo, XXI, 42; San Marcos, XII, 10; San Lucas, XX, 17.
[39] Sobre San Bernardo y el gran papel representado por ese santo en la iglesia de Pedro y sobre todo en la iglesia de Juan, ver R. Guénon, "Saint Bernard", París, 1929, 1951 y 1959.
[40] La definición de San Bernardo se aplica perfectamente también a la obra de la francmasonería que dirige los trabajos de sus miembros en función de su realización espiritual por la mediación de símbolos tomados al oficio de constructor y que tiende a darles por los conocimientos esotéricos el amor que es al mismo tiempo fraternidad y conocimiento. No se debe olvidar que ciertos talleres superiores de la masonería escocesa se llaman talleres de perfección, lo que no tiene el sentido puramente moral que quieren darle ciertos masones. No se trata, en esos talleres, de estudiar la filosofía moderna - que no puede ser sino profana y por tanto destituida de todo interés iniciático-, sino de meditar sobre la sofía tradicional.
[41] Citado por J. Hani, Le Symbolisme du temple chrétien, Paris, 1962.
[42] San Mateo, XVI, 18.
[43] Subrayado en el texto.
[44] J. Hani, ob. cit.
[45] Epístola a los Efesios, II, 20-22.
[46] Clm. 146, folio 35 (Lutz et Perdrizet, t. II). Erwin Panofski ha reproducido ese dibujo en "Art. Bulletin", t. XVII. También en Symboles de la Science Sacrée, París, 1962.
[47] Nos parece muy sugestivo aproximar ese texto de la decoración de la logia real de perfección del 13º grado escocés (Royal Arche, cuyo nombre mismo es muy significativo). Cf. Memento des Grades de Pefection, París, 1927, y el ritual del Mark-Mason (maestro). El perfecto maestro se dirige al postulante y le declara: "¿Por qué, hermano, habéis tenido la intención de engañarnos? ¿o más bien seríais un obrero que, sin reflexión, vendría a presentarnos una de las creaciones más informes de la naturaleza en lugar de una obra acabada... una obra maestra, en una palabra? Este taller no puede estar sino indignado por vuestra conducta culpable y no debe pensar con razón que habéis pretendido atraer su atención sobre un objeto cualquiera a fin de ocultarle vuestro poco celo y ciencia: si experimentáis aquí la recepción que tanta insolencia merece, seréis al instante expulsado del templo y declarado indigno de poseer jamás el sublime grado de Mark-Mason. Esta piedra informe que llamáis una obra maestra es una producción imperfecta y vasta de las manos de la naturaleza, semejante al hombre que no ha sido aún modelado por el trabajo y la educación -que es desdeñado- hasta que sus facultades se desarrollen. Esta piedra, que no ha recibido ningún mejoramiento que el cincel del artista puede darle y de donde puede nacer quizá una obra maestra, producida por su trabajo y su talento, debe ser arrojada a un lado. Entonces el perfecto maestro agrega estas palabras: "Eve over..., y lanza esta piedra detrás de si..." (citado por P. Mariel, Rituels des sociétés secrets, París, 1961). Por otra parte, las letras I.V.I.O.L. bordadas sobre el cordón del gran tesorero del grado 13º escocés (cf. Ragon, ob. cit.) están en estrecha relación con la clave de bóveda que representa a Cristo y al león, símbolo igualmente del Salvador (cf. Abate Auber, ob, cit., t. III).
[48] Se advierte que la idea del Grial y de su simbolismo está en todas partes presente en los altos grados del escocismo y aun en los talleres de perfección. A las facetas de la clave de bóveda se adhiere la designación de piedra de arista que significa el mismo objeto, y sobre la cual existen leyendas bastante curiosas, tales como la de la iglesia de Châtel-Montagne en Bourbonnais, que fue, se dice, construida por seres fantásticos (fées). En 1793, los montañeses locales abatieron la mayor parte del campanario de esta iglesia; pero cuando uno de ellos quiso arrancar la piedra de arista, de muy pequeña dimensión, ella resistió como si hubiera estado sellada (P. Pérot, Légendes du Bourbonnais, Moulins, 1890).
[49] R. Guénon, Symboles de la Science Sacrée. Cf. canónigo Macé, La Cathédrale de Saint Jean à Lyon, Lyon, 1953.
[50] R. Guénon, ob. cit.
[51] "...Hay que observar también a este respecto que el juramento del grado de Royal Arch contiene una alusión a la "corona del cráneo" que sugiere una relación entre la operación de éste (como en los ritos de trepanación póstuma) y el retiro de la clave de bóveda; por lo demás, de manera general, las sedicentes "penalidades" expresadas en los juramentos de los diferentes grados masónicos, así como los signos que le corresponden, se refieren en realidad a los diversos centros sutiles del ser humano" (R. Guénon, Symboles de la Science Sacrée). No se puede menos que sonreír cuando se observa a un polígrafo actual escribir fríamente: "La Gran Logia de Inglaterra se atreve a interpretar las Sagradas Escrituras. Su grado de Royal Arch, en particular, es a este respecto intolerable" (Alec Mellor, Nos freres séparés: les Francmaçons, París, 1961), lo que prueba que el autor de Tríos affaires de chantage tiene sólo un conocimiento muy superficial tanto de la Masonería como de los textos bíblicos.
[52] R. Guénon, ob. cit.
[53] Trad. por M. Paillard.
[54] Cf. P. Sébillot, Le Folk-lore, Littérature orale et Ethnographie traditionnelle, París, 1913.
[55] R. Guénon, ob. cit.
[56] J. Boucher, La Symbolique Maçonnique, París, Dervy, 1953.
[57] J. M. Ragon, Rituel du grade de Compagnon, cit. por J. Boucher.
[58] Cf. Ragon, Tuileur général.
[59] Citado por J. Boucher.
[60] O. Wirth, Le Livre de l'Apprenti. J. Boucber, a propósito de este texto, observa justamente que "Wirth dice aquí que el número de nudos puede ser de doce, en tanto que en la página siguiente el dibujo que da sólo hace figurar tres".
[61] E. F. Bazot, Manuel de Franc-Maçon, París, 1812.
[62] Las palabras de semestre en la francmasonería son dadas cada seis meses. Han sido instituidas el 28 de octubre de 1773 por el duque de Orléans, entonces gran maestro del Gran Oriente de Francia. Las palabras de semestre no son nunca escritas, y se comunican verbalmente. "Sólo el venerable tiene autoridad para transmitirlas a aquellos que no estuvieron presentes cuando se produjo la comunicación en la logia" (J. Boucher, ob. cit.).
[63] E. F. Bazot, ob. cit.
[64] R. Vergez, "Le coq de Notre-Dame", en "Atlantis", nº 209, noviembre-diciembre de 1961.
[65] R. Guénon, "La Chaine d'Union", en "Études Trad.", sept. de 1947.
[66] René Guénon, Id. En el mismo artículo, R. Guénon indica que el símbolo de la cadena de unión "lleva otra denominación, la de "cuerda anudada", que parece más bien designar el contorno de un baldaquín; sin embargo, se sabe que el baldaquín es un símbolo del cielo (por ejemplo, el baldaquín del carro en la tradición extremo oriental); mas, como lo veremos, no hay aquí ninguna contradicción". Parece, en efecto, que Guénon comete una confusión, pues la cuerda anudada es sólo la terminación de la cadena de unión. Dos cuerdas anudadas terminan a cada costado de las columnas J. y B., hacia Occidente, la cadena de unión que extiende sus entrelazamientos sobre el muro de la logia.
[67] R. Guénon, art. cit.
[68] R. Guénon agrega: "Se puede decir que nuestro mundo está ordenado por el conjunto de determinaciones temporales y espaciales que se hallan ligadas al zodíaco, por una parte, mediante la relación directa de éste con el ciclo anual, por la otra, por su correspondencia con las direcciones del espacio (este último punto de vista, se entiende, se halla en estrecha relación también con el problema de la orientación tradicional de los edificios)". A este respecto señalaremos que una cadena de unión de piedra y en relieve existe en el exterior de un gran número de iglesias, particularmente de estilo románico, por ejemplo, en San Nicolás de Caen, en Nouzerines (Creuse), Crévoux y Embrun (Altos Alpes). El hecho de que un zodíaco adorne la fachada oeste de las iglesias no hace sino confirmar la unión existente entre el cuadro de esas iglesias construidas por los masones operativos y el de la logia de los masones especulativos, probando hasta qué punto la francmasonería surgida de los primeros ha sabido guardar las representaciones tradicionales más antiguas.
[69] R. Guénon, "Encuadramientos y laberintos", en "Études Trad.", octubre-noviembre de 1947.
[70] R. Guénon, art. cit.
[71] Sobre los laberintos ver: E. Amé, "Les carreIages émaillés", Paris, 1859; Ch. Auber, "Compte rendu de l'Academie des Inscriptions et Belles-Lettres", 30 de abril de 1943; J. P. Bayard, Le Monde Souterrain, París, 1961, y del mismo "Le labyrinthe", en "L'Age nouveau", nº 104, nov.-dic. de 1958; M. Berthelot, "Labyrinthe", en La Grande Enciclopédie, t. XXI; D. de Boisthibault, "Notice sur le Labyrinthe de Chartres", en Revue archéologique; M. Brion, "Le theme de l'entrelacs et du labyrinthe dans l'oeuvre de Léonard de Vinci", en Revue d'Esthetique, V, enero-marzo de 1952, y del mismo, "Les noeuds de L. de Vinci et leur signification", en "Études d'Art", nº 8, 9 y 10; M. Brion, Léonard de Vinci, A. Michel, 1952; L. Demaison, La Cathédrale de Reims, París, 1910; L. Deschamps de Pas, "Essai sur le pavage des églises", Annales Archéologiques, t. XII; Mircea Eliade, Images et symboles, París, 1952, y Traité d'Histoire des Religions, París, Payot, 1953; Fulcanelli, Le Mystère des Cathédrales, París, 1957; J. Gailhabaud, Ouvrages d'Architecture et des Arts; R. Guénon, Le symbolisme de la Croix, Vega, 1950; "La caverne et le labyrinthe", en Symboles de la science Sacrée; "Encadrements et Labyrinthes", en Symboles de la Science Sacrée; E. Lambert, "Le labyrinthe de la cathédral de Reims", en "Gazette des Beaux-Arts", mayo-junio de 1958; R. de Lasteyrie, "L'Architecture religieuse en France a l'époque gotique", París, 1927, t. II; H. Leclercq, Dictionnaire de Archéologie chrétien et de Liturgie; E. Male, L'Art religieuse en France, 1928-1932; M. O V. de Milosz, Les Arcanes, París, 1948; E. Soyer, "Les Labyrinthes d'Eglises", Amiens, 1896; V. le Duc, Dictionnaire raisoné de l'architecture française, t. VI; "Voile d'Isis", número especial sobre el Compagnonnage, noviembre de 1925, nº 171. La mayor parte de los laberintos conocidos, tal como el de Saint Ouen (2.041 cuadrados), Chartres (608 pies), denominado "la travesía", pues se empleaba una hora en recorrerlo de rodillas, el del Sena (30 pies de diámetro), el de Bayeux (4 metros de diámetro), son de gran talla, salvo los de la abadía de Toussaint en la isla de Chalons-sur-Marne (0,25 de lado) y el de Grandville (14 m. de desarrollo, esto es, 28 metros de recorrido ida y vuelta). Ver Tournet de Vigier, "Decouverte d'un labyrinthe a Genainville", en Mémoires de la société historique et archéologique de l'arrondissement de Pontoise et du Vexin, t. LVI, Pontoise, 1957.
[72] R. Guénon, "Encadrements et Labyrinthes", en Symboles de la Science Sacrée.
[73] Existe una relación evidente entre el desarrollo del trazado de los laberintos sobre el pavimento de las iglesias y la marcha del sol. El laberinto participa del simbolismo solar. Se observa entonces que si el laberinto es -como lo pensamos- otra forma de la cadena de unión, decorado obligado de las logias, éstas están situadas en estrecha correlación con la marcha aparente del sol, lo que implica un sentido obligatorio de la marcha de los francmasones en sus logias (ver a este respecto R. Guénon, La Grande Triade).


domingo, 1 de mayo de 2011

Santiago el Verde (El Jidr) fiesta cristiana del 1º de Mayo

Fragmento extraído de la obra de Julio Caro Baroja “La Estación de Amor. Fiestas populares de mayo a San Juan”, capítulo VIII.

[Nota Keystone: Aunque no podemos admitir las explicaciones dadas por Julio Caro Baroja en la introducción de su texto por estar elaboradas desde un punto de vista meramente profano y académico, las creemos oportunas a título documental para introducir lo que posteriormente va a ser el desarrollo, desde el ámbito de la Tradición, del tema que presentamos] 

Las Fiestas Cristianas de Mayo: Santiago el Verde.

Las fiestas cristianas más importantes de Mayo

Es evidente que la Iglesia en este caso, para sofocar las prácticas paganas, para desvirtuar las creencias, ha pretendido asimilarlas en lo posible, o que esta asimilación la ha querido hacer el pueblo conscientemente, como veremos ahora. Así, la “maya” pagana, cuyo origen se estudiará más adelante, pasó a ser, en casos, la “maya” que preside las mesas petitorias de la fiesta de la Cruz de Mayo; el viejo árbol se convirtió también en ocasiones en la cruz; al santo del primer día del mes lo convirtieron en “Santiago el Verde”; San Gregorio se convierte en el patrono de las aguas de mayo, cuando no lo es la cruz misma, y hay, además, otras santas y santos, como la muy española santa Quiteria, cuyas fiestas tiene un aire particular. La Virgen, hace de protectora de las doncellas, y a la que éstas ofrecen flores, se hacia la patrona de todo el mes.

Pero la “asimilación” no fue tan fuerte o perfecta como para que podamos equivocarnos. Y los poetas viejos notaron esto muy bien. Vamos, pues, a estudiar estas fiestas cristianas, que son: Santiago el Verde, el día uno de mayo, fecha trascendental en el folklore de Europa; la Cruz, el día tres; San Gregorio, el día nueve; Santa Quiteria es conmemorada, según el santoral de Toledo, el veintidós. Aquí seguiremos, naturalmente, el orden cronológico.

La fiesta de Santiago el Verde en Madrid

Hay una comedia de Lope de Vega que se llama Santiago el Verde, imitando la estación que hace Madrid el primer día de mayo al Soto, “donde el pobre Manzanares, adornado de tantos coches, no envidia las altas ruedas del Tajo, las naves del Guadalquivir ni los naranjos del Guadalaviar”, como dice en la dedicatoria a Baltasar Elisio de Medinilla.

En el acto I, Celia anuncia:

“Ya llega Santiago el Verde
estación que hace Madrid
a un soto…”

Y al acto II, Fabio le dice a uno:

“Bien parecéis forastero
pues no sabéis que se llama
Santiago el Verde este día
en que las hermosas damas
y las que no son hermosas
van con espantosas galas
al Soto de Manzanares”.

La descripción de los festejos se pone en boca de otro personaje Lucindo:

“Pues ¿no te deleita ver
tantos coches tan bizarros
tantos entoldados carros,
tanta gallarda mujer,
y más locas las riberas
que están los soberbios mares
con sus naves y galeras?
¿No ves entre estos pinos
cubiertos de blancas flores
tanta alfombra de colores
vistiendo rudos pollinos
que ayer con las aguaderas
traían el agua y hoy pasan
ninfas de Madrid que abrasan
las aguas de sus riberas?
¿No ves convirtiendo en lago
a Manzanares cruel
de los que pasan por él
y tanto macho y cuartango
que con el árbol de Alcides
les hace frenos y riendas,
y no ves tantas meriendas
en esas zarzas y vides;
tanta guitarra y pandero
tanto sombrerillo y pluma
tanto amante?

En las canciones de sabor popular que trae Lope en esta obra, Santiago el Verde es la fiesta de mayo por antonomasia y, en consecuencia, de la vegetación y el amor.

En el acto II, un músico canta:

“¡Oh mayo! Una hermosa maya
vaya sin vaya conmigo,
Quién dice que este no es
Santiago el Verde y sus flores,
no tengo dicha en amores,
cuéstele mucho interés
y no de arrayán alegre”.

Otra canción propia de la festividad es esta que cantan los músicos con pandero y baila una mujer:

“En Santiago el Verde me dieron celos.
Noche tiene el día; vengarme pienso.
Álamos del Soto, ¿dónde está mi amor?
Si se fue con otro, morirme yo”.

En La villana de Getafe, acto I, hay en boca de Pascuala, alabando al mozo Hernando, una descripción de las gracias aldeanas varoniles en esta forma:

“Media de punto, zapato
de cordobán, de tetilla
jubón, cuello de vainilla
a quien no es el rostro ingrato;
grigüesco y saya de raja,
sombrero y cordón de seda;
pues gracias ¿quién hay que pueda
llevar a Hernando ventaja
en saltar, correr, danzar,
llevar un carro enramado
por Santiago el Verde al prado?”.

De aquí se deduce que en Madrid, a finales del siglo XVI y comienzos del siguiente, la fiesta de Santiago el Verde pertenecía de lleno a las del ciclo anteriormente estudiado. En un soto arbolado, junto al río, las gentes se reunían en carros adornados con ramas y flores y el galanteo era ocupación principal.

El nombre de Santiago el Verde corresponde al de “Jack in the Green” usado en Inglaterra, con mucho sabor folklórico.



Icon Peregrini, Grabado hermético del s. XV.
El peregrino es un símbolo del Mercurio
alquímico. El simbolismo de la peregrinación
vincula a Santiago y  a Hermes.
Fragmento del artículo “El apóstol Santiago y la función de Hermes”, de Santiago de Vilanova, revista Letra y Espíritu nº 13, 2001.

Santiago y el Mundo Intermedio

Entre los discípulos directos de Cristo, hay tres apóstoles cuya intimidad con el Maestro es superior a todos los demás. Estos son Pedro, Juan y Jaime. Los tres que asisten a la Transfiguración, únicos a quienes se permite entrar en la habitación cuando la resurrección de la hija de Jairo, y aquellos que se quedan velando con Jesús en el Huerto de los Olivos, la noche de su Pasión. Constituyen, pues, un ternario sagrado claramente separado de los otros discípulos. Equivalen, evidentemente, a lo que en el esoterismo islámico se conoce como el Qutb y los dos Imam, o en el hinduismo, al Brahmatma, el Mahatma y el Mahanga: la tríada suprema de la jerarquía iniciática. San Pablo, en su Carta a los Gálatas (2, 9) refiere como Santiago, Pedro y Juan, a los que llama “columnas”, confirman su misión apostólica, testimoniando así de forma irrefutable el reconocimiento por la primitiva comunidad cristiana de los tres discípulos predilectos como su máxima jerarquía.

Ahora bien, si es clara la función de Pedro como representante supremo de la Iglesia dirigida a todos, es decir, del exoterismo cristiano, función que por la “sucesión apostólica” se perpetuará en la institución del Papado, no lo es menos el papel esotérico de Juan, “el discípulo al que Jesús amaba”, aquel que recuesta su cabeza sobre el Corazón sagrado y por cuya mediación conoce Pedro la identidad del discípulo traidor (Juan, 13, 24-25). Juan es el apóstol al que Cristo en su hora suprema, en la cruz, da a María por madre y a la que a partir de ese momento, como narran las Escrituras, “guardará en su casa” (Juan, 19, 26-77). Diversos autores han destacado el simbolismo de María, la Shejiná (Presencia real de la divinidad), como potencia del Verbo, autora de todas las teofanías y substancia de la santidad. Es por ello que a los iniciados se les llama “hijos de la Virgen”, y este es, precisamente, el apelativo que Cristo mismo concede a san Juan. Por otro lado, Juan es el apóstol profeta, autor del Apocalipsis y santo patrón de la organización iniciática de mayor rango en la Cristiandad medieval: la Orden del Temple, que le rendía un culto particular. Es de destacar que, incluso exotéricamente, la Iglesia reconoce a san Juan especiales privilegios y de un carácter “secreto”. Esto último se refleja claramente en la liturgia romana, cuando el oficio de maitines del 27 de diciembre, fiesta de san Juan, se canta: “Éste es Juan, aquel que durante la  Cena reposó sobre el pecho del Señor: ¡Feliz apóstol a quien le fueron revelados los secretos celestiales!

Transfiguración en el Monte Tabor
Así pues, tenemos en Pedro al representante de la tradición exotérica, y en Juan a la autoridad esotérica, remarcada por su cualidad profética. ¿Qué representa entonces el apóstol Santiago? Recordemos que Santiago y Juan son presentados en el Evangelio como hermanos, hijos de Zebedeo, ambos llamados “hijos del trueno [1], es decir, el rayo [2], y, como relata la “Leyenda Áurea”, semejantes en todo: “Iguales en su celo por vengar al Señor cuando estimaron que los samaritanos le habían desairado negándose a escucharle; en tal ocasión uno y otro preguntaron a Cristo: ¿Quieres que recemos para que descienda fuego del cielo y los abrase? Iguales en sus afanes: los dos mostraron más interés que los otros apóstoles porque el Maestro les anticipara noticias relativas al día del juicio y a determinados acontecimientos futuros. Iguales en las aspiraciones: ambos pretendieron ocupar en el reino de los cielos los puestos más inmediatos del Señor y sentarse uno a su derecha y otro a su izquierda”. Juan y Santiago se presentan, pues, como el desdoblamiento de un principio único considerado bajo dos aspectos distintos, Juan corresponde especialmente al punto de vista metafísico, mientras que Jaime se refiere más bien al punto de vista de las ciencias tradicionales o, más generalmente, al dominio de la manifestación sutil, complementando de esta manera el ternario arquetípico, análogo a los tres mundos (espiritual, psíquico y corpóreo) o a la constitución humana (intelecto, alma y cuerpo).

Por otra parte, la tradición medieval identificó a los dos apóstoles llamados Santiago: el Mayor, hijo de Zebedeo y hermano de Juan, y el Menor, hijo de Alfeo y “hermano del Señor”; este segundo Santiago, llamado también el Justo, fue el primer obispo de Jerusalén y representa en el esoterismo cristiano un aspecto metafísico complementario al de san Juan [3]. Destaquemos a este respecto que, así como existen en el Evangelio dos san Jaime, así hallamos también dos san Juan, relacionados igualmente con los aspectos metafísico (el Evangelista, cuya fiesta se celebra durante el solsticio de invierno, asociado a la “Puerta de los dioses” o “Deva-yana”, por donde se sale del mundo manifestado) y cosmológico (el Bautista, cuya fiesta se celebra durante el solsticio de verano, asociado a la “Puerta de los ancestros” o “Pitri-yana”, por donde se vuelve a la manifestación); en este sentido, la “Leyenda Áurea” pone en relación a Santiago el Mayor con san Juan Bautista al hacer mención de la potencia de su voz, cualidad que asigna a ambos. De forma análoga, Hermes es el dios de la voz más vigorosa, maestro del lenguaje, que otorga la voz a Pandora. Pues bien, en el esoterismo islámico, Idris-Henoc (Hermes), “Polo del mundo humano”, se manifiesta mediante una pareja de complementarios representados por Jidr, el misterioso “compañero” al que Moisés solicita la enseñanza del “recto sendero” [4], y Elías, profetas siempre vivientes [5] a quienes Ibn Arabi pone en correspondencia, respectivamente, con las nociones de bast (distensión) y de qabd (contracción), términos que designan en el esoterismo islámico las dos corrientes ascendente y descendente de la fuerza cósmica y, más particularmente, el solve y el coagula herméticos. Estos dos aspectos pueden atribuirse perfectamente a Santiago el Mayor y a san Juan Bautista, el primero representa la fase ascendente o disolución, como ahora veremos Santiago asume la función de Psicopompo en la Cristiandad medieval, y el segundo la fase descendente o coagulación, el Bautista actúa como hermeneutes anunciando la venida de Cristo, y es el mismo Cristo quien lo asocia a Elías: “Yo os digo, Elías ha venido ya y no lo han reconocido” (Mateo, 17, 11-20) [6]

Notas:

[1] Se dice que Hermes era hijo de Zeus, dios del trueno, y de Maia, a quienes los romanos consagraron el mes de Mayo y que, en la Cristiandad, será transferido al culto de la VirgenMaría. Santiago, además de “hijo del trueno”, es hijo de María, puesto que se hermano de Juan. 
[2] El rayo es un símbolo del “eje del mundo” en su aspecto iluminador de las posibilidades de la manifestación; el rayo discrimina, hace visibles los seres y las cosas, en medios del caos de la tormenta. En su vertiente iniciática representa la iluminación espiritual, el acceso a la intuición intelectual que hace posible el conocimiento directo, opuesto al conocimiento indirecto propio de la razón discursiva. Un ejemplo de cómo el proceso iniciático realiza, en el nivel microcósmico, la génesis del universo. Tradicionalmente, el rayo simboliza el doble poder de generación y destrucción; “es lo que representan también algunas armas de doble filo, especialmente, en el simbolismo de la Grecia arcaica, la doble hacha, cuyo significado además puede ponerse en relación con el caduceo” (“La Gran Tríada”, cap. IV) En efecto, la doble hacha aparece en numerosas representaciones griegas junto al caduceo en las imágenes de Hermes. El complementario del rayo, en la tradición hindú, es la caracola, símbolo de la “Sabiduría transcendente”, mientras el rayo lo es del “Método” o “Vía”. Todo ello se vincula directamente con el simbolismo de Santiago, puesto que su “camino” (rayo) lleva hasta la caracola, signo distintivo de los que habían logrado llegar a Compostela y que no se podía obtener legalmente, según las disposiciones papales, más que en aquella ciudad. Volveremos en otra ocasión sobre el simbolismo de la caracola y la venera en relación con Santiago. 
[3] A Santiago el Menor, se le llamaba “hermano del Señor”. Clemente de Alejandría ya contaba la tradición apostólica de su extraordinario parecido corporal con Cristo, hasta el punto de que se los podía tener por gemelos. El “Evangelio según Tomás” llega a atribuir a Jesús las palabras siguientes: “allí donde vayáis os dirigiréis a casa de Santiago el Justo, a causa del cual el Cielo y la Tierra han sido hecho”. Tenemos así idéntico símbolo al de los Dióscuros, ya que Santiago es el gemelo mortal y Cristo el inmortal. En realidad, la identificación de los dos Santiago se corresponde con lo que hemos más arriba sobre la transposición analógica de los términos Cielo y Tierra y, en general, entre los ámbitos cosmológico y metafísico o, desde un punto de vista iniciático, con los Misterios Menores y los Misterios Mayores; aquí el ámbito cosmológico se asocia a Santiago hijo de Zebedeo y el ámbito metafísico a Santiago el Menor, “hermano (gemelo) del Señor. Así, existen varias representaciones medievales de Santiago como Pantocrator, que tienden a confundirlo con Cristo mismo (también se le atribuye la “primacía celeste” entre los apóstoles, por haber sido el primero entre ellos en recibir el martirio, martirio que se celebraba en los mismos día y hora que la Pasión de Cristo) y, al contrario, imágenes de Cristo como “peregrino jacobeo”. De la misma manera, Henoc, se corresponde con loas ciencias intermedias, pero, según la tradición cabalística, Henoc (arrebatado al Cielo en cuerpo y alma) es transformado en el ángel Metatrón, polo celeste de la Manifestación y paredro de la Shejiná. Igualmente, en los textos herméticos se vinculan claramente las entidades cósmicas con el dominio de los Principios, estos pasajes no son el objeto propio de la enseñanza, sino recuerdos de las nociones principiales (Véanse las citas en Jean Reyor. “Etudes et recherches traditionnelles”, págs. 252, ss.). Por último, es significativo señalar que las primeras representaciones de Cristo como “Buen Pastor” copiaban las de Hermes Crióforo (“portador del carnero”). 
[4] Jidr, cuyo nombre significa “el que verdece”, aparece en el Corán (XVIII, 59-81) en la sura de La Caverna. Su vinculación con el Hermetismo y la iniciación mariana o de los afrad ha sido señalada por Martín Garcia en su “Apreciaciones sobre la iniciación mariana” en “Esoterismo hoy” (Encarte Editorial / Arola Editors, Tarragona, 2000). Carácterísticas simbólicas de Jidr, aparte de su color verde, son su procedencia caballeresca (según Ibn Arabi fue un guerrero que encontró la fuente de inmortalidad) y sus apariciones inusitadas en los caminos a los buscadores, el nombre que utiliza el Corán para definirlo es el “compañero”. También Santiago se relaciona con el color verde, que simboliza la “Naturaleza original”, puesto que la Esperanza, virtud teologal a la que se asocia, se representa con tres virtudes teologales: Fe, Esperanza y Caridad, respectivamente, y así lo explicita Dante a lo largo de la “Divina Comedia”); numerosas miniaturas medievales lo figuran vestido de verde o con los cabellos de este color y hubo incluso en España una población con el nombre de Santiago el Verde. Su relación con la caballería y sus apariciones en el camino de verán más adelante. 
[5] El Centro supremo de la jerarquía iniciática se representa en el Islam por el cuaternario de los profetas “vivientes”, es decir, aquellos que no han conocido la muerte corporal: Isa, Idris, Elías y Jidr. Este cuaternario simboliza los cuatro pilares que sostiene el templo de la Tradición primordial, es decir, el centro del mundo o estado primordial. 
[6] De forma análoga, podemos decir que Santiago el Menor y san Juan Evangelista representan los grados correspondientes al Ser en su plenitud manifestada o Brahma saguna (cualificado) en la tradición hindú, y al No-ser o Posibilidad universal, Brahma nirguna (no cualificado) del Hinduismo. En el proceso iniciático, pueden asimilarse a la “realización ascendente” y a la “realización descendente”.


El-Jidr
Fragmento de “Apreciaciones sobre la iniciación mariana”, de Martín García. "Esoterismo hoy". Monográfico I de la revista Letra y Espíritu, Encarte Editorial / Arola Editors,Tarragona, 2000.

El Jidr, maestro de los Afrad

En el esoterismo islámico, el maestro de los Afrad es Seyidna El-Jidr, según Ibn Arabi el número de los Afrad es ilimitado y vía queda fuera de la jurisdicción del Polo, la máxima autoridad iniciática, que gobierna solamente las vías regulares de la iniciación. La indeterminación del número de los Afrad obedece a su desvinculación de las funciones iniciáticas definidas y delimitadas por las organizaciones esotéricas. Guénon lo explicaba con esta comparación: Un príncipe, incluso si no ejerce ninguna función, no es menos, por sí mismo superior a un ministro (a menos que éste no sea también él príncipe, lo que puede ocurrir; pero en ningún modo es necesario); en el orden espiritual los Afrad son análogos a los príncipes y los Aqtab a los ministros: quede bien entendido que esto no es más que una comparación, que ayuda de alguna forma a comprender la relación entre unos y otros [1]. Esta “independencia” de los Afrad los libera de las funciones que pertenecen al dominio esotérico de la realización personal y los relaciona con el dominio que, en el esoterismo islámico, se denomina Tassarruf o gobierno esotérico de los asuntos del mundo, como luego veremos.

El Jidr, cuyo nombre significa el que verdece”, aparece en el Corán (XVIII, 59-81) como un misterioso compañero de Moisés; este patriarca desea su compañía espiritual y la enseñanza del “recto camino”, Jidr accede sometiéndolo a tres pruebas en las que Moisés fracasa a causa de su impaciencia ante el extraño comportamiento singular de Jidr. El comportamiento extraño de Jidr es legendario, aparentemente en su actuación ignora las normas establecidas, lo que en realidad obedece al estado de aquellos que han accedido al más alto grado de realización espiritual que, en el esoterismo islámico, corresponde a la “estación de proximidad”; éstos son gobernados por Al-Fard (el Sin Semejante). Según Iban Arabí en esta estación el ser humano se une al Pleroma supremo, y aquellos que debe ser gratificados reciben la elección divina. La estación proviene de la adquisición, aunque también puede ser obtenida por elección, por eso se dice que la misión de enviado es una elección pura. [2] Esta clasificación del Sheij al-akbar es a retener, pues, como luego veremos, el estatuto del Al-Jidr es de una “santidad profética”, independientemente de la esfera legislativa, que proviene de la naturaleza del conocimiento que ha adquirido de Dios mismo: “la ciencia de entre Nosotros”, dice literalmente el Corán.

Ibn Arabí relata que Jidr era un soldado que “casualmente” encontró la fuente de la inmortalidad; el color verde que se le atribuye simboliza la Potencia divina. Fuente de vida representada en el mundo natural por la savia que vigoriza y verdea la vegetación. Recordemos que las plantas de hoja perenne (siempre verdes) como la palma o el laurel, que se entregaban como trofeo a los vencedores en juegos y torneos, simbolizan la inmortalidad (por el mismo motivo que el pueblo de Jerusalén recibe a Cristo con palmas y ramos de olivo). En latín, viridis, se emparenta, por su raíz vir, con virilidad (fuerza física), virtud (fuerza moral), verdad (fuerza espiritual): vincit Omnia veritas) y virtualidad (potencia). El verde es también el color de la Esperanza, virtud teologal que corresponde a la Fuerza en Masonería. La esmeralda, piedra verde, es extremadamente dura y, según las antiguas obras médicas atribuidas a Orfeo, devuelve la memoria, fortifica la vista y potencia las “virtudes viriles”; esta piedra preciosa está consagrada en el simbolismo medieval al apóstol san Juan, al que los iconógrafos suelen pintar de verde. Como se puede apreciar todas estas imágenes apuntan hacia una viriditas primordial, la energía natural o cósmica que todas las tradiciones identifican con la Voluntad creadora divina, la Shakti del Hinduismo. [3]

En sanscrito es el Virya que da su nombre al vira-marga o vía del héroe, se trata del “camino del guerrero”, realización espiritual más activa que contemplativa en la que el iniciado se sitúa al lado de la “potencia” más que del conocimiento. Es curioso observar como en otras tradiciones se conjugan estos mismo elementos; hemos visto que, según Iba Arabi, Jidr era un soldado; pues bien, en la antigua tradición grecolatina el personaje que se corresponde con la misma función es Glauco (“verde grisáceo”), otro guerrero (combatió con los argonautas) que, al beber “casualmente” en una fuente, se transforma en un dios marino, inmortal por lo tanto, cuya parte inferior se convirtió en una poderosa cola de pez [4], sus mejillas se poblaron de una barba de reflejos verdes y recibió el don de profetizar; Virgilio lo presenta como el padre de la Sibila de Cumas, que era también profetisa. En el Cristianismo es San Jorge, el “caballero verde”, patrón de numerosas órdenes militares y caballero cristiano por excelencia: Santiago de la Vorágine, en su “Leyenda Áurea”, explica la etimología de su nombre: Georgius vendría de Geos (tierra) y orge (cultivo), significa entonces cultivador de la tierra. Lo que nos devuelve al simbolismo de la Shakti. El autor de la “Leyenda Áurea” nos ofrece otras derivaciones etimológicas a las que volveremos en su momento, por ahora nos detendremos en indicar un aspecto de la famosa leyenda de la lucha de san Jorge con el dragón que parece enlazar con la tradición judaica. Es sabido que este combate se produce con objeto de liberar a un doncella que iba a ser sacrificada por el monstruo, esta doncella es llamada Elya, nombre prácticamente idéntico a Elías, el profeta que en el Judaísmo se identifica con el mismo principio [5].

Todo este simbolismo se relaciona con el Centro del mundo, lugar donde se produce la manifestación de la Presencia divina en nuestro grado de existencia, punto por el que pasa el “eje del mundo” y sede de la jerarquía iniciática suprema, conocido en todas las tradiciones: en el Hinduismo se corresponde con Agartha, en el Budismo tibetano con Shambala, y en el Cristianismo medieval se conocía como Reino del Preste Juan [6]. En el simbolismo temporal se refiere al estado primordial, el estado puramente espiritual de los orígenes que se identifica con el Paraíso del Edén en las tradiciones abrahámicas y con la Edad de Oro de las antiguas tradiciones occidentales y orientales. Estación espiritual en la que, como relata el Génesis, se posee la inmortalidad y se vive en un “verde” jardín en cuyo centro brota la “Fuente de la vida”. Este estado, que se perdió con la caída de Adán y Eva pero que permanece siempre accesible para algunos, se figura en todas las tradiciones como una montaña sagrada donde, precisamente, se dice que habita Elías.

El Centro Supremo de la jerarquía iniciática se representa en el sufismo por el cuaternario de los profetas “vivientes”, es decir, aquellos que no han conocido la muerte corporal: Isa (Jesús), Idris (Enoc), Ilyas (Elías) y Jidr. Este cuaternario simboliza los cuatro pilares que sostienen el Templo de la Tradición primordial, asimilado por analogía a la Kaaba de la Meca. Cómo se sabe, estos cuatro pilares son la manifestación diferenciada de un principio único, identificado con el Islam con el profeta Muhammad; relacionados con los cuatros elementos componentes de la manifestación corporal, cuyo principio indiferenciado es el éter, el quinto elemento o quintaesencia del Hermetismo occidental. Según un texto de Ibn Arabí, tres de estos pilares del centro supremo se corresponden con el Qtub (Polo de la tradición islámica) y los dos Imam, análogos al Brahmatma, Mahatma y Mahanga del Hinduismo, que representan respectivamente al principio supremo o profético, con la autoridad espiritual y el poder temporal. Lógicamente el cuarto pilar, al que “el más grande de los maestros” no designa correspondencia en la jerarquía iniciática, debe identificarse con el Jidr.

Es de notar que, si bien la jerarquía iniciática humana está compuesta en su máxima expresión por el Polo y sus dos Imam, la jerarquía espiritual suprema se representa en el Islam por cuatro profetas; es una paradoja, propia de la Ley de analogía en la que se fundamenta todo simbolismo, por la que el número tres que simboliza el Espíritu pertenece a la jerarquía humana, mientras que el número cuatro que signa la manifestación universal se asocia a la jerarquía espiritual. En consecuencia, las funciones suprema, sacerdotal y real se cumplen directamente por representantes humanos, pero la función específica de Jidr que se relaciona con la “expresión maternal” de la Shajiná o Naturaleza original, se cumple sin intermediario físico lo que explica la peculiar iniciación de los Afrad y que no se encuentren bajo la jurisdicción del Polo.

Esta doctrina islámica se encuentra, igualmente, en las tradiciones judía y cristiana. Nos parece que los tres “pilares” de Jerusalén, como eran llamados san Pedro, san Juan y Santiago en los principios del Cristianismo, manifestaban evidentemente las tres funciones supremas [7], mientras que el cuarto pilar podría asociarse a san Pablo, cuya “conversión”, a raíz de su encuentro con Cristo “ascendido” en el camino de Damasco, y su función en la exoterización y difusión del cristianismo en Occidente, son característicos al respecto [8]. En el judaísmo, esta doctrina se basa en el relato bíblico (Zac. 2, 3): YHVH me hizo ver cuatro herreros; los maestros del Talmud lo comentan así: ¿Quiénes son esos cuatro herreros? Rabí Hana bar Bizna dijo en nombre de Rabí Simón Hasida que estos cuatro herreros son el Mesías hijo de David, el Mesías hijo de José, Elías y el Sacerdote de Justicia [9]. Elías es considerado como el maestro oculto de Israel que se identifica con el ángel Eliahu, el escriba celeste que inscribe a todos los judíos en el momento de su circuncisión y que, de alguna manera decide, en las cuestiones del matrimonio, es decir, en la “posteridad” del pueblo elegido. Los cuatro herreros son los liberadores que se oponen al arte maldito de los ángeles caídos que, como relato el “Libro de Enoc”, enseñaron a los hombres las artes tenebrosas (de la metalurgia). En el comentario que Rashi redactó sobre este pasaje talmúdico, los asocia a los artesanos constructores del Templo de Jerusalén; particularmente Elías es tallador de piedra puesto que él mismo construyó el altar sobre el monte Carmelo (1 Reyes, 18, 31-32). El Sacerdote de Justicia se relaciona con Sem, hijo de Noé, y es de notar que en algunas leyendas del Islam, Jidr es descendiente de este mismo patriarca, lo que le relaciona con la tradición atlante [10].

El Mercurio campestre (1947) Louis Cattiaux 
Conviene indicar ahora la identificación que en el Islam se establece corrientemente entre Elías y Jidr, el primero es citado expresamente en el Corán como perteneciendo también a la posteridad de Noé: entre aquellos que forman parte de las descendencia de Noé: Zacarías, Juan, Jesús y Elías (Corán 6, 85). En la Cábala, Elías es el maestro por excelencia; este profeta, según la Escritura (2 Reyes 2, 11), no muere sino que asciende a los cielos en un carro de fuego y, según algunos relatos, deja su cuerpo en el mundo sutil para volver a descender cuando ello es necesario; esto ocurre cuando se precisa alguna aclaración doctrinal y, especialmente, en las adaptaciones cíclicas requeridas por la tradición, presentándose a los sabios bajo apariencias distintas, lo que sitúa claramente su función en el dominio que pertenece a Jidr en el esoterismo islámico: el Tassarruf. Igualmente, en la literatura alquímica del Renacimiento es conocido el papel de iniciador del misterioso “Elías artista” [11]. Por otra parte, Ibn Arabi asimila a Elías con Enoc [12], al que designa como el “Polo del Mundo humano”; lo que ocurre también en la tradición “profética” occidental que los representa como los dos testigos que vendrán al final de los tiempos citados en el Apocalipsis de san Juan [13]. Como indica Charles A. Gilis: Por relación a la función central y polar de Idris, Jidr e Ilyas representan una pareja de complementarios que Ibn Arabi, en su “Kitab al-istilahat”, pone en correspondencia respectivamente con las nociones de “bast” (distensión) y "qabd" (contracción). Estos dos términos nos designan precisamente, en el esoterismo islámico, el “solve et coagula” hermético, fórmula de la que René Guénon decía que “se considera contiene en cierta manera todo el secreto de la ‘Gran Obra’, en tanto que ésta reproduce el proceso de la manifestación universal con estas dos fases inversas [14]. Éstos son también los dos aspectos de Misericordia y Rigor de la Shejiná hebraica, Presencia divina en nuestro mundo que, en el Cristianismo y en el Islam, se asocia a la Virgen María.


Notas:
[1] R. Guénon, “Apéndice al cap. V”, en Initiation et Réalisation Spirituelle. Éditions Traditionnelles, París.
[2] “Futuhat” II, 41. Cap. 73. Extraemos la cita y la información de Frederic Tessier, “René Guénon et Al Khird2, en “La Règle d’Abraham” nº 87.
[3] En el Hermetismo, el color verde revista una importancia especial y se relaciona con el elemento Agua y con el planeta Venus; según Frédéric du Portal (“El simbolismo de los colores”, José J. Olañeta, Palma de Mallorca) representa una de las tres esferas celestes que se reencuentran en la antigua iniciación; el verde corresponde igualmente al último de los tres renacimientos de los que habla Eckartshausen: el renacimiento corporal.
[4] Véase R. Guénon. “Algunos aspectos del simbolismo del pez”, en “Simbolos fundamentales de la Ciencia Sagrada”, Paidós, Barcelona. El pez se relaciona con el Principio divino conservador del mundo, es la forma que toma la manifestación de Matsya-avatara, la primera de todas las manifestaciones de Vishnú, la que se sitúa al comienzo del mismo ciclo actual y por lo tanto en relación inmediata con el punto de partida de la Tradición primordial. El medio natural del pez, el agua, corresponde en uno de sus aspectos al mundo sútil, mundo de las mutaciones y “madre de las formas”. Comentando este simbolismo en su artículo “Khwaja Khadir et la Fontaine de vie dans la tradition des arts persan et mongol”, publicado en “La Règle d’Abraham” nº 3, Ananda K. Coomaraswamy señala este otro aspecto: el vehículo del “pez” significa que la divinidad considerada (Varuna) no está sometida a las condiciones del movimiento local, en el Océano ilimitado de la Posibilidad universal, de la misma forma que las alas indican una independencia análoga y “angélica” en los mundos manifestados.
[5] La explicación etimológica de Santiago de la Vorágine, como algunos han señalado, proviene de un método iniciático conocido en la tradición hindú con el nombre de nirukta, las relaciones que se establecen mediante este método no tiene porqué basarse en las derivaciones de las raíces gramaticales sino en su homofonía, lo que se puede aplicar a nuestra correspondencia con respecto al nombre de Elya. Como luego se verá, san Jorge y Elya representan dos aspectos del mismo principio, principio que en la tradición islámica se asocia con Elías y Jidr.
[6] Véase R. Guénon, “El Rey del Mundo”, Ed. Paidós, Barcelona.
[7] Aquí Jerusalén es tomada como figurando el Centro del mundo, lugar de manifestación del Verbo.
[8] Véase Charles A. Gilis, “Los orígenes de la religión cristiana”, en “Letra y Espíritu” nº 2. Existen otras circunstancias en la vida de san Pablo que inducen a pensar en su relación con la “iniciación mariana”. Citemos como ejemplo su asunción al tercer cielo que él mismo nos relata, que corresponde astrológicamente al cielo de Venus, planeta que representa al Naturaleza original.
[9] Véase Nicolas Séd, “L’Alchimie juive et la science sacrée des lettres”, en Alchimie: art, histoire et mythes”. Arché, Milán.
[10] Véase René Guénon, “Formas tradicionales y ciclos cósmicos”. Obelisco, Barcelona. Añadiremos que la “Leyenda Áurea” hace a san Jorge originario de Capadocia, país donde se sitúa el monte Ararat, lugar en el que, según la tradición, embarrancó el arca de Noé. Este dato se relaciona con lo que después diremos sobre la vinculación que existe entre la iniciación mariana y el Hermetismo. Se sabe que este último nos ha llegado desde la Atlántida, vía Egipto; pero sus características parecen ligarlo directamente a la Tradición Primordial.
[11] Nicolas Séd, en su artículo ya citado, refiere cómo este personaje aparece a menudo entre los textos de los alquimistas y médicos espagíricos “paralcesianos”, notablemente durante la guerra de los treinta años cuando, precisamente, se dice que la orden Rosacruz abandona Occidente. Helvetius, en su “Vitulus Aureus” (1667), relata su encuentro con un visitante extranjero al que identifica con “Elías artista”. Es curioso notar el juego de palabras que estos autores hacían con el nombre de Elías artista y la “salia artis”, la sal del arte, que en alquimia se relaciona con el compuesto sutil-corporal que conforma la individualidad.
[12] Esta asimilación es conocida en el Judaísmo. Según Moisés Cordovero, Enoc es el profeta cuya función se corresponde en nuestro mundo con el ángel Metatron y Elías con la del ángel Sandalfon, estos ángeles de la Cábala son considerados como hermanos inseparables. Véase Alexis Hatman, “Ángeles, hombres y demonios I”, en Letra y Espíritu nº 4.
[13] Véase nuestro artículo “Nostradamus y la tradición profética occidental”, en Letra y Espíritu nº 3, donde se señala su relación con el Gran Monarca y el Santo Papa de numerosas predicciones europeas.
[14] Véase Ch. A. Gilis, “Ibn Arabî. Le chaton d’une Sagesse intime dans un Verbe d’Ilyâs”, en “Vers la Tradition” nº 71.

Para abundar en el significado universal (católico) de El-Jidr, se recomienda visitar el siguiente enlace del Blog Un viaje espiritual. Estudios sobre Irfan / Tasawuf desde una perspectiva tradicional.