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domingo, 13 de marzo de 2016

Introducción a los “Yorkshire” Old Charges (1600 – 1806); por Renato Torres.

“Yorkshire” Old Charges (1600 – 1806). Colección El Legado Masónico. A. C. Pardes,Barcelona, 2015.

En un sentido restrictivo, los Old Charges o “Antiguos Deberes”, también llamados “Constituciones” o “Constituciones Góticas”, son un conjunto de documentos masónicos que aparecieron por primera vez en las islas británicas a finales del siglo XIV. Abre la lista el conocido como The Regius Poem fechado en el año 1390. Aunque existen Old Charges fechados en los siglos XV y XVI, la mayor parte de los mismos fueron puestos por escrito a lo largo del siglo XVII y principios del XVIII.

A pesar de lo anterior, cada vez son más los que consideran apropiado incluir también bajo la designación de Old Charges las Constituciones producidas durante la Edad Media por la Masonería europea continental, especialmente las de las cofradías de los países germánicos, que se agruparon bajo la “Federación de Logias del Santo Imperio”, conocida como la Bauhütte, y cuyos centros principales se encontraban en Estrasburgo, Colonia, Ratisbona, Viena y Berna.

Los Old Charges, no obstantes sus precedentes medievales, constituyen uno de los cinco tipos de documentos [1] masónicos más recurrentes durante el denominado “periodo de transición” entre la Masonería Operativa, que requería a sus adherentes la práctica de un oficio, y la Masonería Especulativa que ya no contemplaba este requisito. Dicho periodo de transición, que fue un proceso largo, dese el punto de vista historiográfico se extiende hasta los primeros años del siglo XIX, momento en el que la Masonería contemporánea aparece ya plenamente consolidada.

Atendiendo a su contenido se observa que todos los Old Charges que proceden de la antigua Masonería inglesa y escocesa tiene en común una estructura general que posibilita su clasificación como tales, y  que está determinada, con pocas excepciones, por la presencia de tres elementos: 1º una invocación y plegaria inicial, 2º la historia legendaria del oficio [2] de constructor y de la fraternidad masónica, y 3º los Deberes y Usos, que son un conjunto de reglas y obligaciones que regulaban la conducta de los masones entre sí, en su vida privada, y en relación al oficio y la Fraternidad.

El más antiguo de entre estos últimos Old Charges es, como se indicó, el Manuscrito o Poema Regius, si bien tiene la peculiaridad, señalada por múltiples expertos, de provenir de una fuente única y diferente de la del resto de Old Charges [3]. El segundo en antigüedad es el Manuscrito Cooke [4], fechado entre 1410 y 1420, que es, por el contrario, la fuente de la que derivan más o menos directamente todos los demás, aunque ya existan y se tiene constancia de, al menos, dos documentos fechados con anterioridad: las Constituciones de York del año 926, y para la Masonería continental, los Estatutos de los Canteros de Bolonia de 1248.

Para los documentos de las islas Británicas, en base a su genealogía, se han establecido, diversas “familias” de Old Charges con características peculiares más homogéneas. A modo de ejemplo citaremos la familia Plot, la familia Spencer o la Grand Lodge, si bien el listado es bastante numeroso.

Entre esas familias destaca la importante colección de los antiguos manuscritos conocidos como los Yorkshire Old Charges 1600 – 1818 que constituyen el contenido del presente volumen de la colección “El Legado Masónico”. En la familia Yorkshire Old Charges se incluyen documentos realmente interesantes desde muchos puntos de vista, como por ejemplo el Manuscrito Tew en el que el nombre del arquitecto del templo de Salomón es muy similar al que emplea la Masonería actual, con las implicaciones que ello conlleva, como veremos más adelante, si tenemos en cuenta que está fechado en el año 1680.


Contenido general de los Old Charges.

La mayor parte de los Old Charges comienzan con una invocación o plegaria inicial que está dirigida al Principio divino, normalmente representado por la Trinidad Cristiana: Padre, Hijo y Espíritu Santo. La colocación de esta invocación en primer lugar, antes que a cuestiones propiamente formales o de protocolo, responde a una concepción de las cosas en las que Dios, al contrario de lo que ocurre en nuestro tiempo, tenía en la vida de los hombres un papel verdaderamente central.

Se trata de una invocación mediante la que se solicita a Dios que asista a la Masonería y a sus miembros con su Presencia, un deseo que como fácilmente se percibe durante la lectura, no se limita al encabezado, sino que está presente a lo largo de todo el texto. Refleja con ello una intención que está en las antípodas de situaciones como la acontecida en el año 1877, en el seno del Gran Oriente de Francia, cuando, como es sabido, se suprimió la necesidad de la invocación del Gran Arquitecto del Universo.

Siguiendo con el contenido de los Old Charges, hay que apuntar que debido al ingente simbolismo existente en la historia legendaria del oficio, en el marco de esta introducción no es posible más que considerar unas líneas generales, remitiendo al cuerpo de notas con el que se han dotado los textos del presente volumen para mayores desarrollos.

La historia legendaria en los Old Charges comienza atribuyendo el origen de las siete artes liberales a los hijos de Lamec [5], antes del diluvio de Noé. Mediante esta terminología bíblica, el origen de las ciencias es situado en tiempos muy remotos, que se encuentran fuera del intervalo temporal en que la Historia moderna se maneja con comodidad. Comprender lo que ello significa pasa por rechazar tanto la interpretación literal como el prejuicio universitario que, en ambos casos, pasan por alto una lectura en clave simbólica que hace aparecer con una profundidad insospechada lo que de otra forma parecen relatos triviales.

Igualmente interesante es el simbolismo de conservación presente en el episodio de la construcción de dos columnas, una de ladrillo para resistir las aguas y otra de mármol para resistir el fuego, en las que, según los Old Charges, los hijos de Lamec vertieron las artes que habían descubierto para que sobreviviesen al diluvio. Todo ello es la expresión de una cierta continuidad a pesar del tránsito de un ciclo de la humanidad a otro.  

Según los Old Charges fue Hermes quien, después del diluvio, encontró una de las dos columnas donde estaban grabadas las Ciencias descubiertas por los hijos de Lamec. Hermes, al que los griegos identificaban con el dios egipcio Thoth, es aquí, entre otras cosas, una referencia simbólica a un inmensa labor de conservación de conocimientos primordiales por grupos sociales legitimados para ello, como por ejemplo el sacerdocio egipcio [6].

También en la llegada de Abraham y Sara a Egipto y en el hecho de presentar a Euclides [7] como el mejor discípulo de Abraham, está presente un simbolismo de la más alta importancia, que transciende la imposibilidad histórica de tal encuentro y que nos habla simbólicamente de la reclamación por parte de la Masonería de la paternidad espiritual de Abraham [8]. Y es aquí donde tendrá que acudir todo el que pretenda encontrar el porqué de la importancia que el Nombre divino, invocado por Abraham en la Biblia (El-Shaddai / El Todopoderoso), siempre tuvo en la Masonería operativa [9].

Tras una serie detallada de referencias al Templo de Salomón, los Old Charges narran la historia legendaria de la transmisión de la Masonería a Francia e Inglaterra por parte de los obreros que, precisamente, habrían participado en la construcción del Templo de Jerusalén, y que por tanto estaban legitimados para llevar a cabo una labor de transmisión.

Finalmente se llega a personajes como Athelstan, Rey de Inglaterra en el siglo X, de los que los Old Charges guardan un cariñoso recuerdo por su buen hacer político. Athelstan tuvo un hermanastro (en los Old Charges se dice que un hijo) llamado Edwin, que organizó una asamblea de Masones en la ciudad de York en el año 926. El Rey Edwin, según los Old Charges, pidió a todos los masones de su reino que aportaran cualquier texto que tuviesen relación con su oficio, reuniendo de esta forma documentos escritos en francés, inglés y en otras lenguas, si bien se indica que todos tenían “la misma intención”. Basándose en ellos, el Rey dispuso que se compilase un libro con la historia del oficio, así como con los Deberes y Usos de la Masonería, que debía ser conservado para siempre. He aquí la reivindicación simbólica por parte de la incipiente Masonería inglesa medieval, de una conexión con el antiguo tronco que procedía de los hijos de Lamec.

Por último, en las diferentes redacciones de los Usos y Deberes presentes en los Old Charges, encontramos un contenido bastante similar, que exigen en primer lugar la fidelidad a Dios y a la Autoridad espiritual. También la fidelidad al Rey, y la obligatoriedad para los masones de observar una conducta moral y prudente tanto en su vida privada como en su vida profesional.  Junto a lo anterior, aparecen otros deberes que apuntarían más directamente a actividades propias de una organización iniciática, como serían la obligación de guardar los secretos confiados en Logia, y la de no llamar a los hermanos por su nombre profano, así como la obligatoriedad, para los aprendices, de ser hombres libres, capaces de cuerpo y válidos de miembros, cualificaciones que, además de garantizar las condiciones físicas o personales requeridas por el oficio, guardarían relación con los requisitos para la iniciación [10].


Contenido iniciático de los Old Charges

El examen de los documentos disponibles de la antigua Masonería, pone de manifiesto que la enseñanza más profunda y verdaderamente iniciática que de la misma se ha conservado por escrito hay que buscarla principalmente en los rituales que se practican en Logia [11], y en los comentarios e instrucciones que conforman este auténtico tesoro que son los catecismos masónicos. Cronológicamente, los catecismos fueron el tercer tipo de documentos masónicos que se pusieron por escrito (después de los textos normativos y de los Old Charges), si bien recogían una tradición oral de innegable antigüedad que estuvo durante siglos protegida por el secreto. Estos textos fundamentales, mucho más escasos que los Old Charges, después de siglos de dispersión y olvido están hoy a nuestra disposición gracias al impagable trabajo de D. Knoop, G. P. Jones y D. Hamer que los recopilaron, a mediados del siglo XX, en su obra “The Early Masonic Cathechisms[12].

Ahora bien, no tratándose de rituales ni de catecismos, cabe preguntarse si es posible encontrarse algún contenido iniciático en los Old Charges.

Si nos centramos en el contenido literal y aparente de los mismos, en sus historias legendarias del oficio, en sus deberes y en las frecuentes formulaciones en términos propios de la Cristiandad medieval, aunque veremos indicaciones relacionadas con la obligación de guardar “secretos” o con la práctica de férreos “juramentos”, no encontraremos de forma expresa elementos simbólicos similares a los que existen en los catecismos, tales como alegorías, palabras secretas, toques o signos, que en un primer momento permitan atribuir a los Old Charges un carácter iniciático o esotérico.

Este hecho, es decir, la ausencia en los Old Charges de elementos rituales y simbólicos que desde la perspectiva actual pudieran considerar como “propiamente masónicos”, ha sido incluso uno de los argumentos frecuentemente esgrimidos por los defensores de algunos modelos historiográricos como prueba de que no existió ninguna continuidad entre la Masonería Operativa y la Masonería Especulativa. Ésta última, según los partidarios de esta corriente, habría nacido ex novo en el Siglo de las Luces sin ninguna clase de transmisión ni continuidad con los antiguos gremios de constructores, más allá de la mera adopción con nuevas intenciones simbólicos-sociales de algunas herramientas y roles propios del oficio.

Pero una lectura más atenta de los Old Charges permite ver que bajo la expresión un tanto infantil y legendaria de los orígenes históricos del Arte de la Masonería [13], late la intención de dejar perfectamente clara la existencia en el seno de la Orden de una transmisión ininterrumpida de conocimientos que, como de llama en llama, fueron pasando de una época a otra, hasta llegar al mundo moderno. Unos conocimientos que procedían de tiempos prehistóricos y antediluvianos, y que estuvieron presentes en el antiguo Egipto, en la época de Abraham, o durante la construcción del templo de Salomón y que también recibieron los gremios de constructores de la Europa medieval.

Sobre el objeto de esta transmisión, incluso ciñéndose al sentido literal, no hay duda posible; se trata de las Siete ciencias o Artes Liberales, de entre las que en todos los casos, se concede preeminencia a la Geometría, que en los Old Charges es expresamente señalada como sinónimo de Masonería.

 Por lo tanto, difícilmente se podrá negar que en los Old Charges se recoge, por lo pronto, el recuerdo de la transmisión desde tiempos prehistóricos de unos determinados conocimientos técnicos, relacionados con el arte de la construcción, que proceden de una humanidad de la que nos separan miles de años.

Un ejemplo de estos conocimientos técnicos que se conservaron en la Masonería desde tiempo inmemorial, lo tenemos en el método conocido como “de los cinco puntos” [14], que ya se empleó en la construcción de las pirámides de Egipto “cuyo vértice se proyecta sobre el punto de intersección de las diagonales del cuadrado de base, es decir, en el centro mismo de este cuadrado” [15] y que aún se empleaba durante la Edad Media para la construcción de edificios de base cuadrada o rectangular.

Llegados a este punto hay que intentar responder a la cuestión de si ligadas a dichos conocimientos técnicos, estas siete artes liberales a las que los Old Charges atribuyen unos orígenes remotos, pudieron vehicular simultáneamente algo más profundo y más propiamente iniciático.

Y para ello, es muy útil volver al simbolismo que Dante dio a las siete artes liberales en su Divina Comedia. Sabemos que el propio Dante dejó escrito que en el Paraíso de su Comedia, las siete artes liberales se identifican con los “cielos”. También sabemos que René Guénon explicó en múltiples ocasiones que en Dante, los “cielos” se corresponden con “grados de iniciación” [16].

De este modo, estas siete artes liberales, en tanto que ciencias tradicionales, pudieron corresponder a grados de iniciación [17], por supuesto sin menoscabo de sus contenidos y aplicaciones propiamente técnicas. Podría considerarse entonces  que cuanto se dice, de una forma velada, en los Old Charges, acerca de la continuidad entre las diversas épocas y lugares de las artes liberales a cargo de las cofradías de constructores, haría referencia también a la cadena de transmisión de una influencia espiritual a lo largo del presente ciclo de la humanidad. Y la presencia bien conocida en la Masonería de símbolos como el Swastika o el círculo con un punto en el centro, parecen conectar esa cadena con la tradición primordial que “procede de las regiones hiperbóreas” [18].

La dimensión iniciática de las Siete Artes Liberales permite que comprendamos por qué éstas, al contrario que las ciencias modernas, tuvieron la capacidad de operar como vía de acceso a algo que no está directamente relacionado con la arquitectura ni con otros conocimientos técnicos del oficio, sino que es de naturaleza espiritual. Es lo que ocurre, por ejemplo, con el profundo simbolismo que hay en el hecho de que los siete peldaños que había que subir en las logias operativas para llegar hasta el sitial de los tres Grandes Maestros [19], se hiciera corresponder, sucesivamente, con la Gramática, la Retórica, la Lógica, la Aritmética, la Geometría, la Música y la Astronomía [20]

Del mismo modo, esto explica que para los antiguos masones fuese posible establecer una relación de analogía entre cosas aparentemente tan distintas como las técnicas para construir un edificio y las técnicas propias del dominio de la actividad espiritual. Así ocurre entre el referido método de los cinco puntos que se usaba para levantar las líneas maestras de una construcción, y el levantamiento de un cuerpo humano por medio de cinco puntos, que es uno de los momentos más importantes en el ritual de admisión al grado de Maestro Masón [21]. En este último caso, también se trata de la construcción de un templo, aunque no en la superficie terrestre, sino en el interior del hombre.

En cualquier caso, podemos estar seguros de que ambas técnicas [22] fueron parte integrante de esa ciencia que se custodia por los masones desde “antes del diluvio de Noé” [23], por las que los antiguos constructores, como se percibe fácilmente desde el anagrama [24] que abren algunos Old Charges, sentían un profundo respeto y una auténtica veneración.

Estas indicaciones bastarían por sí mismas para mostrar la importancia que los Old Charges tienen para la Masonería actual, en tanto que orden iniciática, al construir la garantía de la existencia de unas sólidas raíces, sin las cuales estas no serían otra cosa que un club social más, y su rituales no pasarían  de ser ceremonias vacías de todo contenido superior, puesto que “es evidente que sólo es posible apoyarse en lo que existe de forma efectiva, y que, allí donde falta la continuidad, no puede haber más que reconstituciones artificiales y que no podrían ser viables” [25].

No obstante, antes de finalizar, pensamos que no carece de interés hacer algunas últimas observaciones sobre el contenido de los Old Charges y su relación con el grado de Maestro.

Este tercer grado, ya aparecía en los manuscritos masónicos de la época Operativa Sloane, Dumfries y Trinity College [26], pero fue del todo ignorado por la Masonería de los fundadores de la Gran Logia Unida de Inglaterra de 1717.

A pesar de que los referidos manuscritos constituyen la prueba inapelable de esta prexistencia, su ausencia, en el momento del nacimiento de la Masonería Especulativa, llevó a algunos a suponer que el grado de Maestro y el simbolismo esencial del maestro Hiram fue inventado durante el Siglo de las Luces. Esta suposición se vio reforzada por el hecho de que la mayor parte de los Old Charges no citan a Hiram Abif como el arquitecto del Templo de Salomón, sino a un tal “Amon” [27] u otra forma derivada por corrupción de éste, como por ejemplo “Aynon”.

Ahora bien el manuscrito Tew, ya en el año 1680 menciona a “Hymam”, -término tan próximo a “Hiram” como alejado de “Amon”—, como el maestro y jefe de todos los masones que se congregaron durante la construcción del templo de Salomón. Por su parte, el manuscrito Beaumont, fechado en 1690 habla directamente de “Hiram”. Además, a partir de los artículos publicados por Clement Stretton y Thomas Carr a principios del siglo XX, sabemos que la muerte y resurrección ritual del maestro Hiram Abif no sólo era algo ajeno a la Masonería Operativa, sino que constituía uno de sus extremos anuales más importantes [28].

Por tanto, vemos que también en los Old Charges existen indicios de que el rito central de la Masonería actual, la muerte de Hiram y su resurrección en el nuevo Maestro Masón [29], es de filiación operativa. O dicho de otro modo, el grado de Maestro que lo vehicula, no es el resultado “de una elaboración especulativa del siglo XVIII”, sino “una especie de ‘condensación’ del contenido de ciertos grados superiores de la masonería operativa, colmando en la medida de los posible una laguna debida a la ignorancia en que con respecto a aquéllos estaban los fundadores de la Gran Logia de Inglaterra[30].

A la vista de que ya en las Constituciones de 1738 [31] se produjo el restablecimiento del grado de Maestro y se introdujo una referencia a la muerte del maestro Hiram, parece legítimo pensar que la rectificación auspiciada por la tradición operativa que culminó en 1813 con la unión de Moderns y Antiens, fue realmente un proceso que comenzó mucho antes [32]. Un proceso dirigido por auténticos iniciados que durante el conocido como periodo de transición aseguraron la continuidad espiritual de la Masonería e hicieron posible que la parte más importante de aquella “Geometría” que proviene de los hijos de Lamec, haya podido llegar hasta el día de hoy, aún a pesar de la pérdida del oficio que le servía de soporte.


Notas:
[1] Los otros cuatro son Textos normativos, Catecismos, Rituales y Divulgaciones, aunque no se pueda establecer una distinción estricta (cf. “Introducción a la Colección El Legado Masónico).
[2] La historia legendaria de la Orden no aparece en los Old Charges de la Masonería continental, como atestiguan los Estatutos de los Canteros de Bolonia de 1248 o las Constituciones de los masones de Estrasburgo de 1459. Interesantes datos sobre el parecido de los rituales de la Bauhütte y los de la Masonería actual, tales como la apertura de los trabajos por tres golpes de mallete, en D. Roman, Réflexions d’un Chrétien sur la Franc-Maçonnrie. L’Arche vivante des Symboles, cap. VIII, Editions Traditionnelles, París, 1995.
[3] De ahí que sea el único escrito en verso (el resto fueron redactado en prosa) y que señale un origen diferente de la Masonería, atribuyendo su fundación a Euclides en tierras de Egipto, entre otras peculiariedades, como la mención a los Cuatro Santos Coronados.
[4] También el conocido como “The Matthew Cooke Manuscript”, en memoria de Matthew Cooke que lo publicó en 1861. Actualmente el documento original del siglo XV se conserva en el Britsh Museum.
[5] Génesis 4, 17-26
[6] Sobre la asimilación del dios egipcio Thoth, patrón de las artes, las ciencias y la escritura, con el sacerdocio egipcio que se encargaba de la conservación y transmisión de la Tradición, cf. R. Guénon, Consideraciones sobre la Iniciación, cap. XLI, Editorial Librería Pardes, Barcelona, 2013. Piénsese, además, en la participación en calidad de arquitecto que el faraón (que era el primero del estamento sacerdotal) desempeñaba personalmente y con un claro carácter ritual, a la hora de construir un templo en el antiguo Egipto. Así en los bajorrelieves de los templos de Edfu y Esna, aparece con una azada en la mano, cavando la zanja de fundación y clavando unas estacas para determinar la orientación del edificio. (cf. Jean Hani La Realeza Sagrada, p. 70, José J. Olañeta, Barcelona, 1998).
[7] Recordemos que precisamente fue Euclides quien recogió en su obra las técnicas geométricas empleadas por la escuela pitagórica.
[8] Cf. D. Roman, René Guénon et les destins de la Franc-maçonnerie, cap. XII, Etitions Traditionelles, Paris, 1995.
[9] No parece casual además que, en la Tradición islámica, Abraham y su hijo Ismael fueran los constructores de la Casa de Dios o Kaabah.
[10] Cf. R. Guénon, Consideraciones sobre la Iniciación, cap. XIV, ibíd.
[11] De los que existen algunos ejemplos muy importantes
[12] Los catecismos recopilados en dicha obra, y algunos otros, son los que integran el Volumen II de la colección El Legado Masónico, “Catecismos Masónicos (1696 – 1750).
[13] Es evidente que los anónimos autores de los Old Charges nunca estuvieron preocupados por la exactitud de los que escribieron siguiendo criterios académicos o positivos. De ahí los frecuentes errores en fechas o en nombres que a veces se dan.
[14] «En la Masonería Operativa, el emplazamiento de un edificio estaba determinado, antes de emprender su construcción, por lo que se denomina el “método de los cincos puntos”, consistente en fijar primero los cuatro ángulos, donde debían colocarse las cuatro primeras piedras, y después el centro, es decir, siendo la base normalmente cuadrada o rectangular, el punto de encuentro de sus diagonales; los piquetes que marcaban estos cinco puntos eran llamados landmarks, y está ahí sin duda el sentido primero y original de este término masónico.» (cf. . Guénon, Symboles fundamentaux de la Sciencie sacrée, cap. XLIV, p. 274, Gallimard, 1962, París).
[15] Ibíd.
[16] Cf., por ejemplo, R. Guénon, Symboles fundamentaux de la Sciencie sacrée, cap. LIV, ibíd..
[17] «¿Por qué las expresiones tomadas de las artes liberales no habrían podido desempeñar, en las iniciaciones de la Edad Media, un papel comparable al que desempeña el lenguaje tomado el arte de los constructores en la masonería especulativa?... considerar las cosas de este modo es, en suma, llevarlas de nuevo a su principio.» (Cf. R. Guénon, L’Esotérisme de Dante, cap. II, p. 14, Gallimard, París, 1957).
[18] Cf. R. Guénon, La Crise du Monde Moderne, cap. II. P. 47, Gallimard folio essais, París, 1944.
[19] Qué era el lugar más sagrado de las mismas, en tanto que se asimilaba al Debir o santo de los santos del Templo de Salomón y, por tanto, el lugar de manifestación de la Shekinah o “presencia divina”.
[20] Cf. Pierre Girad Augry “Las supervivencias operativas en Inglaterra y Escocia”, Travaux de la Logia Nationale de recherche Villard de Honnecourt, Gran Logia Nacional Francesa, Vol. 3, 1981.
[21] La referencia más antigua al uso no arquitectónico sino ritual de los cinco puntos de la Masonería, la tenemos en el Ms. The Edinburgh Register House. En el Ms. Graham de 1726 es donde aparecen por primera vez inequívocamente vinculados al grado de Maestro. Teniendo en cuenta que el Ms. Edinburgh Register procede del año 1696, es decir veinte años antes de los acontecimientos de 1717, quienes ponen en duda la continuidad entre la Masonería Operativa y la Masonería Especulativa tendrán ante sí una incómoda labor si pretenden negar el evidente origen operativo de una de las partes más fundamentales de los actuales rituales masónicos. Los dos catecismos señalados, que sin duda se cuentan entre los más importantes que existen, forman parte del volumen II de la Colección El Legado Masónico.
[22] Que en lo que concierne a la actividad espiritual es más apropiado denominar “ritos”.
[23] Cf. el Manuscrito York nº 1, del año 1600.
[24] El anagrama es generalmente “Masonrie”, es decir “Masonería”.
[25] Cf. R. Guénon, La Crise du Monde Moderne, cap. II, Ibíd.
[26] Para los tres manuscritos, cf. Catecismos Masónicos, Volumen II de la colección El Legado Masónico.
[27] Pese a la incuestionable diferencia fonética y gramatical existente entre Amon e Hiram, no conviene olvidar que la palabra “Amon”, «tiene en hebreo el sentido de artesano y arquitecto» y su raíz «expresa, en hebreo como en árabe, las ideas de firmeza, de constancia, de fe, de fidelidad, de sinceridad, de verdad, que concuerdan muy bien con el carácter atribuido por la leyenda masónica al tercer Gran Maestro», es decir, a Hiram Abif (cf. R. Guénon. Études sur la Franc-Maçonnerie et le Compagnonnage, Tomo II, p. 177-178, Éditions Traditionelles, París, 1992).
[28] “El tercer grado especulativo, como ya se ha indicado, está, sin embargo, basado en el Ritual operativo, como una adaptación de la Ceremonia Anual de los Operativos que celebran el 2 de octubre, para conmemorar el asesinato del tercer Maestro, Hiram Abif, un mes antes de la Declaración del Templo, que celebraba el 30 de octubre”. Texto de Thomas Carr en Luis Alejandro Hernández Ríos, El antiguo sistema de Francmasonería Operativa según los registros de la División de York, p. 102, Atsiluth, México D. F., 2010.
[29]En la Masonería la muerte de Hiram ejemplifica, a nivel humano, ese sacrificio primordial, y la búsqueda ritual de su cuerpo por “toda la tierra”, y su hallazgo final, equivale en el fondo a la “reconstrucción” de la “Palabra perdida”, que es el nombre inefable del Gran Arquitecto”, René Guénon, Symboles fondamentaux de la Sciencie sacrée, cap. XLVI, Gallimard, 1962, París.
[30] R. Guénon, Symboles fondamentaux de la Science sacrée, p. 116-117, ibíd.
[31] Las Constituciones de 1738 suponen la primera modificación de las Constituciones de Anderson publicadas en 1723. La segunda modificación de éstas tuvo lugar en 1813 a raíz de la unión de los Antiguos y los Modernos.
[32] Durante esta etapa inicial, se fueron produciendo en las Logias variaciones y alteraciones de los procedimientos establecidos en su creación, que suponían graves incumplimientos respecto de las antiguos Constituciones y los antiguos Deberes y Usos. Estas innovaciones ilegítimas, sirvieron de detonante para que un centenar de masones, fundamentalmente irlandeses, reunidos en seis Logias y con criterios más tradicionales en cuanto al mantenimiento de la pureza de los rituales, se separasen cismáticamente, constituyendo en 1751 una Gran Logia conocida con el nombre de “Gran Comité de la  Más Antigua y Honorable Fraternidad de Masones Libres y Aceptados según las Antiguas Constituciones". Un destacado miembro de ella, su Gran Secretario Lawrance Dermott, recopiló en 1756 una Constitución bajo el título de Ahiman Rezon que fue adoptada por los llamados Antiens.


sábado, 25 de agosto de 2012

El Carácter Especulativo de la Masonería de Oficio. El Ritual. La leyenda de Hiram y el Mito Iniciático; por Paul Naudon

Extracto del cap. V de Les origines de la Franc-Maçonnerie. Le sacré et le métier (nueva edición aumentada y corregida de Origines religieuses et corporatives de la Franc-Maçonnerie), París, Dervy-Livres, 1991.



El Carácter Especulativo de la Masonería de Oficio.




Suele oponerse a la Masonería especulativa moderna la antigua Masonería operativa. En realidad, las organizaciones masónicas que hemos estudiado -colegios, asociaciones monásticas, cofradías, comunidades de oficio, compagnonnages- jamás han tenido un carácter estrictamente profesional. Todas estas asociaciones perseguían tanto fines religiosos, caritativos y sociales como objetivos de defensa de los intereses del oficio.

No insistiremos de nuevo sobre el carácter iniciático, religioso y cultural de las cofradías y comunidades de oficio, en particular de las de los masones. El obrero no puede pretender a la cualidad y la perfección de su trabajo más que integrando éste en la obra creadora de Dios, el Gran Arquitecto del Universo, el único dispensador del Bien y de lo Bello. El hombre, por su conducta y por su esfuerzo, se hace merecedor de la Gracia indispensable de esa ayuda de lo Alto. Solamente añadiremos que todos los antiguos estatutos mencionan expresamente los deberes religiosos, morales y sociales que se imponen a los hermanos. Se exigía que el iniciado fuese libre de nacimiento (es decir, que no fuese de condición servil), hijo legítimo, de buenas costumbres, religioso, honesto y tranquilo. Aquellos que no cumplían con sus deberes, que llevaban una vida libertina o poco cristiana, o que eran reconocidos como infieles a sus esposas, no podían ser admitidos en la sociedad o debían ser excluidos.




El Manuscrito Regius contiene un verdadero tratado de urbanidad. Prescribe velar por la propia educación y por la de los suyos, por la cortesía, por las maneras distinguidas, por las buenas costumbres, por el dominio de sí mismo.

El Manuscrito Cooke da fe de la perseverante voluntad de la Masonería por exigir de sus adeptos un gran espíritu de rectitud. Prohibe conservar a un aprendiz "noctámbulo", pues no podría efectuar debidamente su trabajo durante el día, y sus compañeros podrían quejarse. Ningún maestro debe intentar suplantar a otro. Si un masón mantiene alguna diferencia con sus compañeros, debe someterse a la decisión del maestro o del vigilante que le reemplaza y reconciliarse con sus compañeros en el primer día festivo. Un maestro o un compañero que haya infringido algún artículo debe ser juzgado ante una asamblea general de la logia. Si no reconoce sus errores, es expulsado, y entregado al shériff o al alcalde para ser encarcelado.

Philibert Delorme, en su Traité d'Architecture, recomienda, con la ciencia requerida para el ejercicio del oficio, la probidad, la franqueza, la delicadeza "que deben distinguir al masón; no debe ser ni exagerado, ni fanfarrón, ni orgulloso, ni presuntuoso".



Recordemos finalmente que las cofradías y oficios perseguían fines sociales. Éstos no se limitaban a las ayudas caritativas a los hermanos que tuvieran necesidades. Todas las comunidades de oficio miraban más allá. A menudo desempeñaron un verdadero papel político. Estuvieron siempre en el origen de las franquicias comunales. Las "maestrías" siguieron siendo, particularmente en Italia, en el Norte y en Inglaterra, los órganos de la administración municipal, participaban en la policía, en los cargos financieros y urbanísticos, e incluso en la defensa de la ciudad, encargándose de reclutar las tropas. Es superfluo, en consecuencia, citar todas las cuestiones de orden político y social que debían ser discutidas. No indagaremos, por lo demás, las razones que a veces suscitaron -especialmente en Francia- la desconfianza del poder real, tanto más cuanto que a menudo albergaban a hombres eminentes, y por ello peligrosos.

En suma, a las preocupaciones "operativas" de los oficios se mezclaban siempre preocupaciones de orden especulativo. Tales cosas eran estrechamente solidarias e inseparables, al menos en su estadio original, de modo que era difícil establecer una demarcación entre lo temporal y lo espiritual, entre el oficio y lo sagrado. La cuestión es de gran importancia para el oficio de los constructores en razón de los conocimientos y de las cualidades que se les exigía, y también de su objeto, que atañe primordialmente a la vida y al destino humanos.

Esta enseñanza profunda y verdaderamente iniciática de la Masonería de oficio aparece en el ritual, que era practicado en logia en los trabajos y las ceremonias, y en los comentarios de los ritos y de los símbolos que se daban a título de instrucción.


El Ritual




Durante mucho tiempo se ha dispuesto de pocos elementos a este respecto. La razón de ello es fácil de comprender. Rituales y catecismos de instrucción no fueron hechos para ser escritos; su práctica y su transmisión eran puramente orales. Estaba rigurosamente prohibido poner estos rituales por escrito, ni siquiera como recordatorios. Por fortuna, las investigaciones realizadas desde principios de siglo por los Francmasones ingleses han podido dar lugar a inestimables descubrimientos. Douglas Knoop. G. P. Jones y Douglas Hamer han reunido los documentos así hallados en su libro The Early Masonic Catechism, aparecido en 1943 y reeditado y completado en 1963. Estos textos, aunque poco numerosos y a veces incompletos, especialmente en cuanto a los ritos ceremoniales, bastan sin embargo para mostrar cuáles eran los elementos esenciales del ritual seguido por los Masones operativos. Hablamos del ritual, empleando a propósito el singular, pues estos documentos, a pesar de la diversidad de sus fuentes, presentan todos idénticos elementos, lo que revela en el conjunto un simbolismo y un esoterismo comunes.



Se escalonan entre 1696 y 1730. Pero parece evidente que no hacen sino transmitir un ritual "tradicional", cuyo origen se remonta mucho más allá en el pasado, sin que sea posible, en el actual estado de las cosas, precisar este origen.

La antigüedad del ritual operativo puede demostrarse por las similitudes entre los contenidos de los Estatutos y los Old Charges, cuyas versiones son bastante más numerosas y se remontan hasta el siglo XIV, y también por las existentes entre aquellos y los rituales en uso en otras organizaciones, diferentes de la Francmasonería pero surgidas del mismo tronco común. Así ocurre con el Compagnonnage francés y con la Bruderschaft alemana, donde los temas simbólicos son análogos.

Pensamos además que una de las mejores pruebas de la antigüedad del rito operativo ha sido menospreciada hasta el presente. Es la naturaleza de su simbolismo, clave de su contenido esotérico e iniciático, que no se explica, como valor de conjunto, más que en su aplicación cristiana, tal como era profesada en la Edad Media. Fuimos el primero en desarrollar este tema en 1970 en nuestra obra La Franc-Maçonnerie Chrétienne. Retomaremos aquí lo esencial de la argumentación.

Las analogías que pueden establecerse, y que se imponen a la investigación, entre los símbolos del ritual y aquellos que expresaban el pensamiento religioso cristiano de los siglos XIII y XIV permiten a la vez comprender el gran alcance de este ritual y situar, con suficiente aproximación, su época de gestación. Es en efecto significativo constatar que, a partir de finales del siglo XIV, todo el simbolismo utilizado en los siglos pasados para formular las verdades cristianas, y que conoció su apoteosis en el siglo XIII, dejará poco a poco de ser utilizado y comprendido. Sin renegar de él, el primer Renacimiento, en el siglo XIV en Italia, a principios del XVI en Francia, los Países Bajos y Gran Bretaña, lo sustituirá por un simbolismo renovado de la Antigüedad, que no obstante afirma los mismos valores tradicionales. A partir de alrededor de 1530, esa tradición acaba por desaparecer. En la religión, en el arte, en la filosofía, la expresión simbólica utilizada se le hace incluso ajena. Sobre todo, ya no vivió en la sensibilidad popular. Ya no tenía raíces profundas. ¿Cómo podía interesarse el pueblo en Júpiter, en Marte y en Apolo, en Ceres y en Proserpina, en los héroes griegos y romanos, en los Césares, que ocupan el lugar de los apóstoles y de los santos? Incluso aunque este arte, hecho sobre todo de forma y de plasticidad, recuerde todavía a la tradición, ya no traduce al mismo tiempo la civilización y la vida. Ya no es la catedral lo que hace las veces de todos los libros. No es ya el símbolo de la fe, el símbolo del amor, el símbolo de todos. La cumbre de la evolución será Versalles. Su concepción simbólica, profundamente notable, convergerá hacia la unidad de la Majestad solar, imagen del Rey, que encarna él mismo y en su sola persona la grandeza y la perennidad del reino. Estamos en otro mundo.



Parece entonces patente que la subsistencia de un ritual que continúa expresando los valores tradicionales bajo la forma cristiana del siglo XIII, y ello en personas del oficio, no puede deberse más que a una transmisión.

El esoterismo del ritual operativo se reduce al simbolismo general de la construcción del templo de Salomón, que fue uno de los más populares de la Edad Media cristiana. Se trataba entonces de algo muy distinto a un magnífico templo comenzado por David y terminado por Salomón a fin de adorar dignamente al Eterno y de conservar en el Santo de los Santos el Arca de la Alianza que contenía las Tablas de la Ley. Este templo de Salomón era la figura del Verdadero Templo de Dios, y éste debía ser concebido en dos planos: el del Universo, el de la Creación divina, y el del hombre, universo reducido, al que la Encarnación de Cristo confiere una escala, si no de grandeza, al menos de valor semejante y perceptible. El templo era a la vez el símbolo del macrocosmos universal y del microcosmos humano.

La Iglesia cristiana es su imagen. Ningún edificio religioso ha expresado tan simple y elocuentemente el simbolismo cósmico inmemorial del templo consagrado a la divinidad. La perfección es la iglesia románica con el trazado de su plano en cuadrados y cúpulas, asociación clásica en la arquitectura sagrada que simboliza la unión de la tierra y del cielo, de lo creado y de lo increado. Es fácil comprender que los instrumentos de figuración del círculo y del cuadrado, el compás y la escuadra, revistan un significado simbólico idéntico.

Es en este sentido amplio como se pretendía reconstruir el templo de Salomón. Además, cuando se hablaba de Jerusalén, no se trataba tan sólo de la ciudad de Palestina en la que peleaban los Cruzados. Éste era su sentido geográfico e histórico. Como en toda interpretación de la Escritura, debían también, según el método de los doctores de la Iglesia, percibirse los otros tres sentidos ocultos en el texto, el alegórico, el tropológico y el anagógico. En el sentido alegórico, Jerusalén era la Iglesia militante; en el sentido tropológico, era el alma cristiana; en el sentido anagógico, era la Jerusalén celestial, la patria de lo alto, que san Juan anuncia en su Apocalipsis.

En cuanto a los reyes David y Salomón, muy populares también, eran entonces, por curioso que esto pueda parecer en la actualidad, imágenes o anuncios de Jesucristo.

Lo mismo ocurría con Hiram, el fundidor de las columnas del Templo, y con Adoniram, gran oficial de Salomón, encargado de las levas. "Hic est Christus", él es el Cristo, que conduce a los obreros del Templo y les da las medidas de la obra, dice Beda el Venerable en el siglo VIII, y lo confirma la Glosa ordinaria de Walafried Strabo, que, de los siglos IX al XVI, acompaña todos los manuscritos y todas las ediciones de la Biblia. Es, nos dice Emile Mâle, uno de los libros más preciosos que nos haya transmitido la Edad Media.



Esta manera de ver a los personajes del Antiguo Testamento, como figuras anunciadoras de Cristo, era tradicional en los Padres de la Iglesia. Así ocurría con Adán y Noé, con los patriarcas Abraham, Isaac, Jacob y José, con Melquisedec, el rey pontífice, con los profetas Moisés, Esdrás, Ageo y Zorobabel. Por extraño que esto pueda parecer a nuestra lógica moderna, los hombres de la Edad Media jamás comprendieron el Antiguo Testamento en un sentido únicamente literal, estrecho y precristiano, como un proceso histórico y cronológico. Para ellos, la Verdad, que era intemporal y no solamente un dato histórico, se expresaba ante todo y claramente en la Nueva Ley enseñada por Cristo, el Verbo Encarnado, la persona divina.

Para los Padres de la Iglesia, el sentido literal del Antiguo Testamento es también de carácter sagrado. No debe quitarse, según la exégesis simbólica, su fundamento histórico a la Escritura. Abraham, David, Salomón y todos los personajes bíblicos realmente han existido. Pero Dios ha hecho de estos hombres como los heraldos de su Hijo, que debía venir. Así, en todo lo que han hecho, en todo lo que han dicho, hay que buscar y se halla el Cristo. "El Antiguo Testamento, dice san Agustín, no es sino el Nuevo Testamento cubierto por un velo, y el Nuevo no es sino el Antiguo desvelado".

El plan divino fijado en la figura sensible de Cristo nos ayuda a pasar del simbolismo macrocósmico del templo a su simbolismo microcósmico. Es sobre todo en este punto que la religión cristiana ha renovado un simbolismo milenario, otorgándole toda su resonancia.

La iglesia románica, inspirada en el templo de Salomón e imagen del Cosmos, está construida sobre las medidas del hombre, tal como son dadas especialmente por santa Hildegarda de Bingen en su Liber divinorum operum simplicis hominis. Ciertamente, el trazado del templo en forma de cruz, a imagen del hombre, reflejaba un simbolismo antiguo, cuyo ejemplo más grandioso es quizá el templo de Luxor, en Egipto. Pero la correspondencia armónica Universo-Templo-Hombre jamás revestirá tan excelso significado como en el Cristianismo, pues si la iglesia románica representa la imagen del hombre, también ofrece, y ante todo, por la perfección de sus medidas, el símbolo del hombre perfecto, es decir, de Cristo, Encarnación de Dios.



Y llegamos así al fondo de la enseñanza cristiana. El hombre es el verdadero templo de Dios, del cual el templo de Salomón no es más que un símbolo. "¿No sabéis, dice san Pablo, que sois el templo de Dios?" (I Cor., III, 16). Y el apóstol añade: "¿Ignoráis que vuestro cuerpo es el templo del Espíritu Santo que está en vosotros?" (I Cor, VI, 19). Esta misma verdad, afirmación también de la inmanencia de Dios, es la que proclamará san Bernardo en su IIº Sermón dedicado a la consagración de la iglesia. Alude al templo visible construido para acoger a los hombres, pero en el que Dios no habita, pues Él mora en su imagen, es decir, en el hombre.

La más antigua mención conocida del templo de Salomón como origen y contenido del arte de la Masonería se encuentra en el Manuscrito Cooke, de los Old Charges, copiado de un original que se remonta al siglo XIV. La mayor parte de las versiones posteriores de los Old Charges retoman y desarrollan este tema. Hecho notable, el mismo simbolismo se halla en el Compagnonnage francés, y también en la Bauhütte alemana, en la que igualmente se hace mención de las dos columnas Jachin y Boaz, elementos importantes del simbolismo masónico. ¿En qué sentido los Masones operativos se vinculaban a este simbolismo del Templo de Salomón? Nos parece evidente, dada la interpretación cristiana de este simbolismo fijada y profesada en la Edad Media, que las analogías con sus preocupaciones profesionales y con el modelo ofrecido a sus trabajos no podían, en el seno de sus cofradías, controladas por la Iglesia, ser vistas bajo otra óptica ni contener una enseñanza esotérica diferente.

La prueba elocuente está en el ritual. Son los textos a los que aludíamos. El mejor de ellos es el Manuscrito Dumfries nº 4. Data de alrededor de 1710 y perteneció a la Antigua Logia de Dumfries (ahora Dumfries Kilwinning nº 53). Muestra, de una forma bastante completa, el conjunto del ritual que se seguía en la época de la transición antes de la constitución de la Gran Logia de Londres. Por las razones que hemos indicado, no pensamos que pueda recusarse su fecha tardía y, en consecuencia, su valor probatorio en cuanto al ritual operativo. Todo hace suponer, por el contrario, una "tradición" antigua.

Este manuscrito ofrece indicaciones características sobre el simbolismo del Templo de Salomón. Revisten la forma de un catecismo con preguntas y respuestas:

Q. -How high is your lodge?
A. -Inche & spans Inumberable.

Q. -How Inumberable?
A. -The material heavens & stary firmament.

Q. -How many pillers is in your lodge?
A. -Three.

Q. -What are these?
A. -Ye square, the compass & ye bible.

(P. -¿Qué altura tiene vuestra logia? - R. -Innumerables pulgadas y palmos. - P. ¿Cómo innumerables? - R. -El cielo sensible y el firmamento estrellado. - P. ¿Cuántas columnas hay en vuestra logia? - R. Tres - P. ¿Cuáles son? - R. -La escuadra, el compás y la Biblia).

Se trata de la afirmación del sentido cósmico y sagrado de la Logia. Y he aquí el significado cristiano del templo:

Q. -What ladder had they ... building of ye ...
A. -Jacobs ... between ye heaven ye earth.

Q. -How many steps was in Jacobs ladder?
A. -3.
   
Q. -What was ye 3?
A. -Father, Son & Holy Spirit.

(P. ¿Qué escala tenían ... construcción de ... - R. -... de Jacob ... entre el cielo y la tierra (5). - P. ¿Cuántos peldaños tenía la escala de Jacob? - R. -Tres. - P. -¿Qué eran estos tres? - R. -El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo).

Q. -What meant ye golden dore of ye temple, Qr (where) the went in to sanctum sactorum?
A. -It was another type of Christ who is ye door ye way an the truth & ye life by whome § in whom all ye elect entreth into heaven.

(P. -¿Qué significaba la puerta de oro del templo por donde se entraba al Santo de los Santos? - R. Era otro tipo de Cristo, que es la puerta, el camino, la verdad y la vida, por quien y en quien todo ser entra en el cielo).

Q. -What was ye greatest wonder Yt seen or heard about the temple?
A. -God was man and was God. Mary was a mother and yet a maid.

(P. ¿Cuál fue la mayor maravilla que se vio u oyó con respecto al Templo? - R. -Dios fue hombre y el hombre fue Dios. María fue madre y sin embargo una virgen).

Q. What signifies the temple?
A. -Ye Son of God & partly of the church ye Son soffered his body to be destroyed & rose again ye 3 d. day & raised up to us ye christian church we (which) in ye true spiritwal church.

(P. ¿Qué significa el templo? - R. -El Hijo de Dios y en parte la Iglesia. El Hijo ofreció su cuerpo para ser destruido y resucitó al tercer día y edificó por nosotros su iglesia cristiana que es la verdadera iglesia espiritual).

Q. (What signifies) the ark of the covenant?
A. It represents as weel our saviour Christ as ye hearts of ye faithfull for in Christs breast was ye doctrine both of law & gosple so is it in ye faithfull though not in ye measure he was ye true manna yt descended to give life to ye world ye table of ye law move us to love § obdedience Aarons rod flowrishing wt blossoms signifies ye swetnes of ye gosple & ye glory of our High preist Jesus Christ of whome Aaron was a figure.

(P. ¿Qué significa el arca de la alianza? - R. Representa tanto a nuestro salvador Cristo como a los corazones de los fieles, pues en el pecho de Cristo estaba a la vez la doctrina de la Ley y del Evangelio, y así ocurre con los fieles, aunque no en la medida en que Él era el verdadero maná que descendió para dar la vida al mundo. La tabla de la Ley nos incita al amor y a la obediencia. La vara florecida de Aaron significa la dulzura del Evangelio y la gloria de nuestro Gran sacerdote Jesucristo, de quien Aaron fue una figura).

Toda la doctrina cristiana está aquí: la inmanencia de Dios en el hombre, la realización de la ley por la Encarnación de Cristo, la construcción en el hombre del verdadero templo de Dios por la obediencia a la Ley y por el Amor, la figura simbólica del Antiguo Testamento como imagen del Evangelio. Se trata de la interpretación familiar a la Edad Media. Desarrollada ya en el siglo VIII por Beda el Venerable en su obra De Templo Salomonis, se la encontrará siempre e incansablemente en el margen de la Biblia en la Glosa ordinaria de Walafried Strabo.

El término del ritual hace una larga alusión a las dos columnas del templo, Jackin y Boaz, "where (was) the noble art or science found when it was lost" ("donde fue hallado el noble arte o la ciencia cuando se perdió"). He aquí el significado que se les da: "For ye present ye sons of God have received strength inwardly, for ye time to come God will stablisch so with his spirit of grace yt they shall never wholy depart from him" ("En el tiempo presente, los hijos de Dios han recibido la fuerza interiormente; para el tiempo por venir, Dios se establecerá así con su espíritu de gracia a fin de que ellos jamás se separen totalmente de Él".


La Leyenda de Hiram y el Mito Iniciático.




Particularmente significativa del alcance sagrado del ritual masónico es la leyenda de Hiram.

El personaje mítico, Hiram, genial constructor del Templo según los Masones, que han hecho de él su Maestro y modelo, es la síntesis aureolada de gloria y de talento de dos personajes bíblicos: Hiram o Hiram Abi y Adoram, Adonhiram o Adoniram.

Según el Primer libro de los Reyes (VII, 13-15 y 21), "el rey Salomón envió a buscar a Hiram de Tiro, hijo de una viuda de la tribu de Neftalí; su padre era de Tiro; trabajaba en bronce y estaba lleno de ciencia, pericia y experiencia para realizar todo trabajo en bronce; fue donde el rey Salomón y ejecutó todos sus trabajos. Fundió las dos columnas de bronce... erigió la columna de la derecha y la llamó Jakin; erigió la columna de la izquierda y la llamó Boaz".

De acuerdo con el 2º libro de las Crónicas (II, 13, y IV, 11-12), Hiram-Abi fue enviado por el rey Hiram de Tiro a Salomón: "Es hijo de una danita, y su padre es de Tiro. Sabe trabajar el oro, la plata, el bronce, el hierro, la piedra y la madera, la púrpura escarlata, la púrpura violeta, el lino fino y el carmesí. Sabe también hacer toda clase de grabados y ejecutar cualquier obra que se le proponga"... "hizo también los ceniceros, las paletas y los acetres. Así concluyó Hiram la obra que le había encargado el rey Salomón en la Casa de Dios: las dos columnas, las molduras de los capiteles que coronaban las columnas..."

Adoniram, Adonhiram o Adoram, hijo de Abdá, era uno de los grandes oficiales de Salomón, el encargado de las levas (I Reyes, IV, 6). Es él quien dirigió los trabajos del templo.

En realidad, sabemos que el verdadero arquitecto del Templo fue el propio Dios. Cuando el rey David entregó a su hijo Salomón los planos de las obras del Templo y los modelos del tabernáculo y de todos los utensilios, declaró: "Todo esto conforme a lo que el Eterno había escrito de su mano para hacer comprender todos los detalles del diseño" (I Crónicas, XXVIII, 19). Salomón e Hiram no hicieron más que ejecutar, a la perfección, la voluntad de Dios.

En la confusión entre ambos personajes, Hiram y Adoniram, los Masones han seguido la costumbre de todos los comentarios e interpretaciones medievales de la Biblia. Pero la leyenda masónica, principal tema de la iniciación al grado de Maestro, ha inventado la muerte trágica de Hiram, asesinado por tres malos compañeros a quienes rehusó dar la "palabra" de maestro, y después transfigurado y resucitado en la persona del nuevo maestro iniciado.

Los Francmasones han adornado a la Biblia en esta leyenda. Vamos a ver, sin embargo, que Adoniram fue asesinado en circunstancias que no carecen de analogías con la muerte de Hiram por su significado espiritual y sagrado.

Se menciona a Hiram en los Old Charges (ms. Tew, circa 1680, que hace de él el hijo del rey Hiram; m. Iñigo Jones, de la misma época). Pero la leyenda de su muerte, parte iniciática y por naturaleza secreta, no aparece documentada más que en la Franc-Masonería moderna, precisamente en la divulgación Masonry Dissected de Pritchard (1730). Sin embargo, creemos en la antigüedad de esta leyenda, cuya inspiración no adquiere su origen -y su sentido no obtiene su pleno valor— sino en la lectura que se hacía de la Biblia en la Edad Media, espíritu éste que se perdió completamente con la Reforma y la Contrarreforma.

En favor de dicha antigüedad pueden invocarse además otros argumentos. La creación de leyendas inspiradas en temas bíblicos era un hecho general en la época medieval. Era alentada por el fervor popular y por el gusto por lo maravilloso. La misma Iglesia, lejos de condenar estas glosas, en cierto modo las estimulaba. Basta con recordar cuántas leyendas similares han sido incluidas en los textos apócrifos y representadas en la piedra de las esculturas y en las imágenes de los vitrales. Algunas consistían en la cristianización de creencias y relatos antiguos, figuraciones de mitos eternos portadores de lo Trascendente. Según la imagen de Isidoro de Sevilla, la Escritura Santa era una lira cuyas cuerdas tenían una resonancia infinita.

Todos los santos patrones y los personajes maravillosos protectores de los oficios tuvieron así su leyenda…