miércoles, 31 de agosto de 2016

El Mallete

Voz Mallete del Diccionario Masónico. Simbolismo y Aspectos Históricos según la Tradición. Alexis Hatman. Letra y Espíritu, Barcelona, 2007.

Mallete y martillo son dos formas del mismo instrumento; R. F. Gould asocia el simbolismo del mallete con la letra Tau, y sostiene que el origen del mallete del Maestro tiene su origen en martillo de Thor [1]. El «dios del mallete» galo parece Dis Pater, cuyo nombre es muy cercano al de Zeus Pater (o Iu Piter), al cual los druidas consideran padre de la raza gala. Por ello, el mallete aparece como un equivalente simbólico del vajra («rayo») oriental, que simboliza el principio masculino de la manifestación universal, por lo que el rayo está asociado a la idea de «paternidad divina» como se comprueba por el hecho de que el rayo es el principal atributo de Iu-piter, «padre de los dioses y de los hombres», que por otra parte fulmina a Gigantes y Titanes, igual que Thor y Paáraçu Râma destruyen a los equivalentes de aquéllos con sus armas de piedra (martillo y hacha respectivamente); este doble poder de producción y destrucción está representado particularmente en el rayo.

Los rayos de Júpiter son forjados por Vulcano, lo que relaciona el «fuego celeste» con el «fuego subterráneo», este último en relación directa con el simbolismo metalúrgico. Existe en una versión según la cual el martillo de Thor sería metálico y habría sido forjado por los enanos, y su carro estaba arrastrado por dos carneros, que en la India son el vehículo de Agni (dios del fuego).

Vajra, además de rayo, significa también diamante, lo que evoca la idea de imutabilidad; como el mallete entre los galos, el vajra es una de las principales insignias de los dignatarios del Lamaismo.

Guénon señala que, por una coincidencia que no tiene nada de fortuito, los Maestros Masones tienen un atributo dotado exactamente del mismo sentido que el de los grandes lamas tibetanos, y alude al misterioso poder uno en esencia aunque doble en sus efectos de apariencia contraria, del cual ese atributo es el signo. Esto puede relacionarse con el siguiente hecho: las diversas armas, como representaciones del «Eje del Mundo», muy a menudo son de doble filo o bien de dos puntas opuestas; este último caso alude a la dualidad de los polos del eje, mientras que el primero se refiere más directamente a las dos corrientes representadas de otro modo por las dos serpientes que se enroscan en torno al bastón o al caduceo, aunque en realidad ambos símbolos coinciden [2]. Este doble poder se refleja en el ámbito mágico en el uso de «nudos» y «ligaduras», y el simbolismo del «nudo gordiano» que Alejandro corta con la espada (arma con punta), se le relaciona: aparece aquí la idea del «nudo vital», análogo al «punto sensible» de las catedrales, y que es el punto de unión de los elementos constitutivos de todo compuesto; ritualmente, la espada del masón puede jugar el mismo papel que la de Alejandro. La solución efectiva al problema que expresa el «nudo gordiano» se relaciona con el «poder de las llaves» (potestas ligandi et solvendi) [3] [4] que, en el fondo, es idéntico al del vajra o el mallete, y que implica el manejo y la puesta en escena de las fuerzas cósmicas bajo su doble aspecto de yin y yang, es decir, el poder de mandar sobre la vida y la muerte. La expresión faculty of abrac, que aparece sin mayor explicación en antiguos manuscritos de la Masonería operativa, parece hacer referencia a este poder (abrac provendría, por corrupción, del hebreo ha-baraq o del árabe el-barq, que significa «rayo» o «relámpago») [5].

El vajra, sostenido verticalmente, simboliza el «Eje del Mundo», y sus extremidades a los dos Polos o a los solsticios; representa así la «Vía del Medio», que es también la «Vía del Cielo»; pero puede inclinarse hacia un lado o hacia el otro, y entonces su correspondencia es con las dos vías tántricas de la derecha y la izquierda (dakshina-mârga y vâma-mârga), en relación con los puntos equinocciales. Símbolo de carácter masculino, el vajra tiene su complementario femenino en la tradición hindú en la concha (shankha), y en la tradición tibetana en la campanilla ritual (dilbu) que, con frecuencia, lleva una figura femenina, la de Prâjnâ-pâramita o «Sabiduría transcedente» de la que es símbolo, como el vajra lo es del «Método» o la «Vía». Siendo este atributo sacerdotal en esencia, es llevado por los lamas en la mano derecha, mientas que en la izquierda portan la campanilla, y estos dos atributos nunca deben ser separados. Estableciendo un paralelismo entre el lama y el Venerable Maestro de una Logia, la espada en su mano izquierda debería desempeñar el papel «femenino», lo que podría estar con concordancia con el hecho de que en algunos cantares de gesta (Gaiferos y Melisenda, s. XV), es la dama la que anima a su esposo infundiéndole confianza en su caballo o en su espada durante la batalla [6] [7].

El uso ritual del mallete está reservado a la tríada que dirige la logia, lo que considerando lo que se ha dicho respecto de la «faculty of abrac», permite a los oficiales que la componen manifestar, a través de golpes súbitos, un rayo espiritual que acompaña, la mayoría de las veces, la pronunciación de palabras rituales [8].

En el grado de Aprendiz representa el rayo que manifiesta la potencia del relámpago transformador sobre el eje cortante que es el cincel. Ambas herramientas van juntas en este grado y simbolizan la fuerza separatriz que se ejerce sobre la piedra para que tome la forma que le quiere dar el espíritu, igual que la logia desbroza y «talla» al iniciado [9].

Con el mallete las Tres Luces de la Logia «activan» el centro espiritual del candidato cuando le franquean el paso del «triple recinto» [10].

Se asocia a la fuerza de voluntad [11]. La palabra inglesa que lo designa, «common gavel», señala tanto una maza como un hacha (especie de martillo usado a dos manos), como al típico mallete para usar con una sola mano. En el primer caso (la típica laya) esta herramienta jugaría los papeles de mallete y cincel a la vez [12].

Según Guénon, el «trueno» en ritos iniciáticos de pueblos muy diversos representa una llamada al «descenso» de las influencias espirituales: la respuesta a esta llamada es dada, al final de la iniciación, por la consagración con el mallete y la espada flamígera (relámpago), de modo que hay dos elementos que en realidad son complementarios. La presencia de la espada en esta consagración (ausente en los rituales ingleses) remonta directamente a una fuente operativa muy anterior a 1717 [13].

A este respecto, Tourniac se pregunta si los tres movimientos que hace el Venerable Maestro con su mallete en el Rito de Emulación antes de asestar el golpe fatal que comunica la luz al candidato, para que los hermanos puedan unir el aplauso de sus manos con el golpe contando visualmente 1, 2, 3, nos recuerdan la trayectoria quebrada del rayo en tres trazos, como la letra Z, evocándolo de esta manera [14].

Los malletes generalmente están hechos de madera de boj, símbolo de firmeza y perseverancia, vegetal siempre verde que entre los Antiguos era símbolo de inmortalidad y que se consagraba al Hades [15]. Además, en Francia y otros países del mismo clima, los ramos de boj se utilizaban en la celebración de las «Pascuas floridas», reemplazando a las «palmas» empleadas en las regiones meridionales. Lo que hace del boj, como de la acacia, una «prenda de victoria», de resurrección e inmortalidad [16].


Notas:

[1] René Guénon, “La Gran Triade”, Gallimard, 1997, cap. VI
[2] René Guénon, “Símbolos Fundamentales de la Ciencia Sagrada”, EUDEBA, 1988, caps. XXV y XXVI
[3] Julius Evola, “El Misterio del Grial”, José J. de Olañeta, Editor, 1997, Palma de Mallorca, cap. I
[4] Denys Roman; “Réflexions d’un Chrétien sur la Franc-maçonnerie”, Éditions Traditionelles, 1995, Paris,  p. 26
[5] René Guénon, “La Gran Triade”, Gallimard, 1997, cap. VI
[6] René Guénon, “La Gran Triade”, Gallimard, 1997, cap. VI
[7] R. Menéndez Pidal, “Los Godos y la Epopeya española”, Espasa-Calpe, 1956, Madrid, p. 47
[8] Patrick Geay, “Mystères et significations du Temple maçonnique”, Ëditions Dervy, Paris, 2000, p. 101.
[9] Idem, p. 108.
[10] Philippe Langlet, “Des Rits maçonniques (I)”, Éditions Dangles, St. Jean-de Braye, France, 1994, p. 150.
[11] Idem, p. 442.
[12] Idem, pp. 444-445.
[13] Jean Pierre Schnetzler, “La Franc-Maçonnerie comme voie spirituelle”, Éditions Dervy, 1999, p. 205.
[14] Idem, p. 206.
[15] Denys Roman, “Réflexions d’un Chrétien sur la Franc-Maçonnerie”, Éditions Traditionnelles, 1995, Paris, p. 57.
[16] Idem, p. 57.



lunes, 15 de agosto de 2016

La Regla

Apolo
Por muy poco versadas que se hallen las personas en un arte, ¿no ves cómo obran? Si con la voluntad de los particulares se conforman solo hasta cierto punto, no por eso dejan de observar las reglas de su profesión, y jamás se apartan de ellas. ¿No es verdaderamente asombroso que un arquitecto o un médico tengan más respeto por las reglas de su arte que el hombre por su razón, prerrogativa que posee en comunidad con los dioses?
Marco Aurelio. Meditaciones. VI, 35.

Voz Regla del Diccionario Masónico. Simbolismo y Aspectos Históricos según la Tradición. Alexis Hatman. Letra y Espíritu, Barcelona, 2007

El símbolo de la regla se relaciona con el Sol por la conexión existente entre el simbolismo de la «medida» y el de los «rayos solares» [1]

Por otro lado, la palabra «medida» (latín mensura) deriva de la raíz men-, raíz de la que derivan, en diversas lenguas, los vocablos que designan la luna (mène, moon, mond), también los que designan la facultad racional (manas, mens, mind), la memoria (mnésis) y al hombre considerado según su naturaleza racional (mànava, man, mann, mensch), y a esta raíz pertenecen también las ideas de división o reparto. De ahí proviene también el nombre de Minerva de los etruscos y latinos [2].

Herramienta propia del segundo grado, no figura siempre entre las del Aprendiz, pero tiene un papel en el ritual del tercer grado apareciendo con toda claridad su relación simbólica con la jornada dividida en 24 horas; el reparto de éstas en dos series de 12, correspondiendo a las horas del día y de la noche (como en el número de letras que componen las dos partes de la fórmula de shahâda islámica) da lugar a consideraciones muy interesantes [3].

Su herramienta complementaria es la palanca.

Es una figura axial cuya función de medida es la de referirlo todo a la unidad. Es la que da al edificio su equilibrio, sus proporciones y su armonía, lo que explica su papel en el tercer grado.

Respecto a la shahâda, representa la atestiguación por excelencia de la Unidad divina. Así, el uso de la regla representa, en todas sus formas, el retorno al Uno y la norma

primordial. Se encuentra representada por la letra alif, con la que empieza el nombre de Allah, identificado por completo al Principio de la construcción universal (G.·. A.·. D.·. U.·.). En la tradición musulmana, la Regla de Abraham (millat Ibrâhim) simboliza «la Religión pura y liberal» de los orígenes, en la que el individuo hace su ser conforme al Ser absoluto. [4].

En el emblema de la Orden (Compás, Escuadra y Regla entrecruzados), con frecuencia la regla se encuentra substituida en las figuraciones modernas por la estrella flamígera acompañada generalmente por la G. De hecho la regla y la estrella flamígera son dos símbolos característicos del grado de Compañero y el número de relaciones entre los cinco vértices del pentágono reunidos en un solo trazo es de 24, el mismo que las divisiones de la regla [5].

En la estrecha relación con la escuadra por su significado común de medida y con el Volumen de la Ley Sagrada, símbolo de la Ley, que es la Regla espiritual [6]. Podría decirse que la Regla es el equivalente, bajo la forma de herramienta, del Volumen de la Ley Sagrada y el sinónimo de la escuadra.

Deriva del latín regula, «regla que sirve para poner derecho, en escuadra», o «patrón». A su vez, regula deriva de rego: «dirigir», «gobernar», «guiar». Rego también da rectus, que significa «derecho» (horizontal o verticalmente) [7].

La Regla además como instrumento de medida puede tomarse como instrumento de evaluación. La palabra inglesa «gauge», utilizada por los rituales («twenty-four inch gauge») es de la misma familia que la francesa «jauge», que significa tanto regla como aforo [8].



Notas:
[1] René Guénon, “Le Regne de la Quantité et les Signes des Temps”, Gallimard, 1997.
[2] René Guénon, “Símbolos Fundamentales de la Ciencia Sagrada”, EUDEBA, 1988.
[3] René Guénon, “Études sur la Francmaçonnerie et le Comagnonnage II”, Éditons Traditionnelles, 1995, París.
[4] Patrick Geay, “Mystères et significations du Temple maçonnique”, Éditions Dervy, París, 2000.
[5] Marc-Reymond Larose, “Le plan secret d’Hiram”, La Nef de Salomon, Dieulefit, 1998.
[6]  Philippe Langlet, “Des Rits maçonniques (I)”, Éditions Dervy, París, 2004, p. 214.
[7] Idem, p. 224.
[8] Idem, p. 444.


domingo, 24 de julio de 2016

Estudios sobre la Masonería y el Compagnonnage, de René Guénon

Acaba de aparecer publicado un nuevo título en la colección el Anillo de Oro de la Editorial Pardes, dedicada a la edición bilingüe de las obras de René Guénon. En esta ocasión es el primer tomo de Estudios sobre la Franc-Masonería y el Compagnonnage.

Detallamos las características de esta edición y el índice de este volumen suministrados por el editor.


Portavoz de un Conocimiento cada vez más inaccesible, desde su aparición en la primera mitad del S. XX, la obra de René Guénon ha marcado un antes y un después en el panorama de las publicaciones relativas al dominio espiritual y, más particularmente, al dominio iniciático.

Études sur la Franc-Maçonnerie et le Compagnonnage, cuarto de los libros póstumos de René Guénon, publicado en el 1964 en dos tomos, fue concebido como una recopilación de artículos y reseñas sobre el tema de la Masonería y el Compagnonnage. Los capítulos en los Anexos del tomo II fueron tomados de la revista La Gnose, bajo la firma de Palingénius, y La France Antimaçonnique, bajo la firma de Le Sphinx. El presente volumen reúne todos los artículos de la recopilación póstuma e incluye otros numerosos escritos aparecidos en varias revistas tales como L’Acacia, La France Antimaçonnique, Ignis, The Speculative Mason, que ya no volvieron a ser publicados. Seguirá un volumen análogo dedicado a las reseñas.

Considerando la extrema precisión en la utilización del lenguaje por el autor, el trabajo colectivo de traducción coordinado por Juan de la Viuda se ha llevado a cabo con máxima atención al significado, etimología y concordancia de cada término en sus diversos contextos, para intentar comprender su pleno alcance. Siendo conscientes de que conseguirlo en su totalidad se hacía prácticamente imposible, se impuso de forma natural una edición bilingüe francés-español, con texto enfrentado. Con el fin de eludir las alteraciones sufridas por la obra en ediciones posteriores, se han tomado los artículos originales del autor.

Esta publicación ha sido realizada con el reconocimiento y la autorización de la familia Guénon, circunstancia que sabrá valorar todo aquel a quien, consciente del dominio en el que se desarrollan este tipo de acciones, no se le escape la importancia de las cosas hechas “en buena y debida forma”.

   Además de a la familia Guénon, se desea agradecer sinceramente la colaboración de todos los que con sus aportaciones han hecho posible la realización de este trabajo. Excusándose por los inevitables errores cometidos, el editor agradece desde este momento cualquier comentario que se efectúe con la intención de mejorar el resultado obtenido.

  • Edición bilingüe francés - español en texto enfrentado.
  • Amplia recopilación de textos centrados en la iniciación masónica (670 páginas).
  • Texto francés tomado de los artículos originales aparecidos en las revistas RegnabitLe Voile d'Isis y Études Traditionnelles, junto con numerosos textos inéditos aparecidos originalmente en revistas tales como L'AcaciaLa France AntimaçonniqueIgnisThe Speculative Mason.
  • Cuidada transcripción del francés y traducción al español.
  • Primera edición autorizada publicada en español.

Índice de materias del Tomo I


I.
El Crismón y el Corazón en las antiguas Marcas corporativas
II.
A propósito de los signos corporativos y de su sentido original
III.
¿Colonia o Estrasburgo?
IV.
Joseph de Maistre y la Masonería
V.
El Compagnonnage y los Gitanos
VI.
A propósito de los Constructores de la Edad Media
VII.
Un nuevo libro sobre la Orden de los Elegidos Cohen
VIII. 
A propósito de los “Rosa-Cruz de Lyon”
IX.
A propósito de las peregrinaciones
X.
El enigma de Martines de Pasqually
XI.
Masones y carpinteros
XII.
Heredom
XIII. 
Iniciación femenina e iniciación de oficio
XIV.
Palabra perdida y nombres sustitutivos



Anexos
I.
La Gnosis y la Masonería
II.
La ortodoxia masónica
III.
Los Altos Grados masónicos
IV.
A propósito del Gran Arquitecto del Universo
V.
Concepciones científicas e Ideal masónico
VI.
Masonería Napoleónica

I. La Visita de Bonaparte al Or.·. de Nancy

II. Orden de los Noaquitas Franceses (1816)

III. La Logia: “Le Centre des Amis” (G.·. O.·. D.·. F.·.)

IV. La Iniciación Masónica del H.·. Bonaparte

V. “Houzé Napoleone!”
VII.
Nota sobre las diversas Sociedades Secretas Inglesas que están vinculadas a la Masonería Inglesa
VIII.
El Régimen Escocés Rectificado de 1776 a 1815
IX.
Masonería Operativa
X.
La Estricta Observancia y los Superiores Incógnitos
XI.
A propósito de los Superiores Incógnitos y del Astral
XII.
Algunos documentos inéditos sobre la Orden de los Elegidos Cohen

El “Enigma”
XIII.
I. El “Enigma”

II. Respuesta al Sr. Nicoullaud

III. El Sr. Nicoullaud reincide …

IV. Última respuesta al Sr. Gustave Bord
XIV.
Reflexión a propósito del “Poder Oculto”
XV.
Miscellanea

I. El H.·. John Yarker

II. Los Adversarios del Simbolismo

III. China: Sun Yat Sen contra Yuan Shi Kaï

IV. Un Plagiario
XVI.
Simbolismo masónico y Teosofismo

I. La Sra. H.-P. Blavatsky y la Masonería

II. El H.·. John Yarker, 33º, 90º, 97º, VIIº, etc.

III. Simbolismo Masónico y Teosofía
XVII.
Tribuna para Todos

I. Los Falsificadores de la Masonería

II. Tribuna para Todos
XVIII.
Notas y Consultas


Para solicitar un ejemplar a la propia editorial, pichar en Editorial Pardes.


jueves, 21 de julio de 2016

La Ortodoxia Masónica; por René Guénon

Se ha escrito tanto sobre la cuestión de la regularidad masónica, se han dado tantas definiciones diferentes e incluso contradictorias, que este problema, lejos de estar resuelto, no ha hecho, quizá, sino devenir más oscuro. Parece que ha sido mal expuesto, pues, a menudo, se tiende a fundamentar dicha regularidad sobre consideraciones puramente históricas, apoyándose en la prueba, verdadera o supuesta, de una transmisión ininterrumpida de poderes desde una época más o menos alejada. Ahora bien, es preciso confesar que, desde este punto de vista, sería fácil encontrar algunas irregularidades en el origen de todos los Ritos practicados actualmente. Nosotros pensamos que todo ello dista mucho de tener la importancia que agunos, por razones diversas, han querido atribuirle, y que la verdadera regularidad reside esencialmente en la ortodoxia masónica, y que esta ortodoxia consiste ante todo en seguir fielmente la Tradición, en conservar con cuidado los símbolos y las formas rituales que expresan esta Tradición y que son como su ropaje, y en rechazar toda innovación sospechosa de modernidad. Y es a propósito que empleamos aquí la palabra modernidad, para designar esta tendencia demasiado difundida que, en Masonería como en todas partes, se caracteriza por el abuso de la crítica, el rechazo del simbolismo y la negación de todo aquello que constituye la Ciencia esotérica y tradicional.

No obstante, no queremos decir con ello, que la Masonería, para ser ortodoxa, deba ceñirse a un formalismo estrecho, en que lo ritual deba ser algo absolutamente inflexible, dentro de lo cual no se pueda añadir ni suprimir nada sin hacerse acreedor de algún tipo de sacrilegio; esto sería dar muestra de un dogmatismo que resulta del todo extraño e incluso contrario al espíritu masónico. La Tradición no excluye de ningún modo la evolución ni el progreso, los rituales pueden y deben ser modificados todas las veces que sea necesario para adaptarse a las condiciones variables del tiempo y del lugar pero, bien entendido, únicamente en la medida en que estas modificaciones no afecten a ningún aspecto esencial. El cambio en los detalles del ritual importa poco siempre y cuando la enseñanza iniciática que se desprenda de ellos no sufra ninguna alteración; y la multiplicidad de Ritos no tendría graves inconvenientes, quizá incluso tendría ciertas ventajas, si desgraciadamente no tuviera demasiado a menudo como consecuencia, sirviendo de pretexto a enojosas disensiones entre Obediencias rivales, el comprometer la unidad, si se quiere ideal, pero con todo real, de la Masonería universal.

Lo lamentable es, sobre todo, tener que comprobar demasiado a menudo en un gran número de Masones la ignorancia completa del simbolismo y de su interpretación esotérica, el abandono de los estudios iniciáticos sin los cuales el rito no es sino un cúmulo de ceremonias vacías de sentido, como en las religiones exotéricas. En este sentido hoy en día hay, particularmente en Francia e Italia, negligencias verdaderamente imperdonables; podemos citar, por ejemplo, aquella que cometen los Maestros que renuncian a llevar mandil, cuando no obstante, como bien ha demostrado recientemente el M:. Il:. H:. Dr. Blatin, en un comunicado que debe estar todavía presente en la memoria de todos los HH.·., es el mandil la verdadera indumentaria del Masón, mientras que el cordón no es más que su adorno. Algo más grave todavía es la supresión o la simplificación exagerada de las pruebas iniciáticas y su reemplazo por el enunciado de fórmulas casi insignificantes; y, a este propósito, no podemos hacer nada mejor que reproducir unas líneas que al mismo tiempo nos dan una definición general del simbolismo, y que consideramos perfectamente exactas: "El simbolismo masónico es la forma sensible de una síntesis filosófica de orden trascendente o abstracta. Las concepciones que representan los Símbolos de la Masonería no pueden dar lugar a ningún tipo de enseñanza dogmática; ellas escapan a las fórmulas concretas del lenguaje hablado y en absoluto se dejan traducir por palabras. Son, como se dice muy justamente, los Misterios que se sustraen a la curiosidad del profano, es decir, las Verdades que el espíritu no puede alcanzar sino después de haber sido cabalmente preparado. La preparación al entendimiento de los Misterios es alegóricamente puesta en escena en las iniciaciones masónicas por las pruebas de los tres grados fundamentales de la Orden. Contrariamente a lo que alguno se ha imaginado, estas pruebas no tienen en absoluto como objetivo el de hacer resurgir el coraje o las cualidades morales del recipiendario; ellas figuran una enseñanza que el pensador deberá discernir, y luego meditar, en el transcurso de toda su carrera de iniciado" [1].

Vemos en ello que la ortodoxia masónica, tal y como la hemos definido, se refiere al conjunto del simbolismo considerado como un todo armónico y completo y no exclusivamente a este o aquel símbolo en particular, incluso una fórmula como A  L.·. G.·. D.·. G.·. A..·. D.·. U.·., de la que se ha querido a veces hacer una característica de la Masonería regular, como si ella pudiera por sí misma constituir una condición necesaria y suficiente de regularidad y cuya supresión, después de 1877, ha sido a menudo reprochada a la Masonería francesa. Aprovecharemos esta ocasión para protestar enérgicamente contra una campaña todavía más ridícula que odiosa, si cabe, dirigida desde hace ya algún tiempo contra esta última, en Francia mismo, en nombre de un pretendido espiritualismo que no tiene razón de ser en este caso, por ciertas gentes que se revisten de cualidades masónicas más que dudosas; si estas gentes a quienes no queremos hacer el honor de nombrar, creen que sus procedimientos asegurarán el triunfo de la pseudo-masonería que ellos mismos tratan vanamente de lanzar bajo etiquetas diversas, se equivocan extrañamente.

No queremos tratar aquí, al menos por el momento, la cuestión del G.·. A.·. D.·. U.·.. Esta cuestión ha sido, en los últimos números de L´Acacia, objeto de una discusión muy interesante entre los HH:. Oswald Wirth y Ch. M. Limousin; desgraciadamente, esta discusión ha sido interrumpida por la muerte de este último, muerte que fue un duelo para la Masonería entera. Sea como fuere, diremos solamente que el símbolo del G.·. A.·. D.·. U.·. no es en absoluto la expresión de un dogma, y que, si se comprende como es debido, puede ser aceptado por todos los Masones, sin distinción de opiniones filosóficas, pues ello no implica en absoluto el reconocimiento por su parte de un Dios cualquiera, como se ha creído muy a menudo. Es lamentable que la Masonería francesa se haya equivocado a este respecto, pero es justo reconocer que no ha hecho en esto más que compartir un error bastante general; si se consigue disipar esta confusión, todos los Masones comprenderán que, en lugar de suprimir al G.·. A.·. D.·. U.·. es preciso, como dice el H.·. Oswald Wirth, en las conclusiones a las que nos adherimos plenamente, buscar el hacerse una idea racional, y tratarlo de esta manera como a todos los demás símbolos iniciáticos.

Esperamos que llegará un día no muy lejano en que se establecerá el acuerdo definitivo sobre los principios fundamentales de la Masonería y sobre los aspectos esenciales de la doctrina tradicional. Todas las ramas de la Masonería universal volverán entonces a la verdadera ortodoxia, de la cual algunas de ellas se han alejado un poco, y todas se unirán al fin para trabajar en la realización de la Gran Obra que es el cumplimiento integral del Progreso en todos los dominios de la actividad humana.

Notas:

[1] Rituel interprétatif pour le Grade d´Apprenti, redactado por el Grupo Masónico de Estudios Iniciáticos, 1893.


lunes, 20 de junio de 2016

Número 40 de la revista Letra y Espíritu

Acaba de salir el nº 40 de la revista Letra y Espíritu. A continuación reproducimos el Editorial de la revista.


En “La enfermedad de la angustia” René Guénon habla del estado de desequilibrio y de inestabilidad que caracteriza nuestra época y como esta situación genera inquietudes y además, con frecuencia, angustia, males que tienen una raíz común en la ignorancia y que son incompatibles con el verdadero conocimiento, que es su cura. 

El tema de la agitación está tratado por nuestro nuevo colaborador Bruno Montolio con el artículo “Los perjuicios de la prisa”, en el que se pone de relieve cómo el mundo en el que vivimos es presa de los nefastos influjos de este vicio y de cómo ésta es un grave obstáculo en el camino espiritual.

En “La vida solitaria de Petrarca”, proponemos un extracto de la primera parte, en la que se muestra el contraste entre la dramática condición de "cautiverio", agitación e inquietud en el que se encuentra un rico y deshonesto ciudadano y, por el contrario, las posibles aperturas espirituales en un hombre virtuoso favorecidas por la vida solitaria, que transcurre en la calma y en el silencio de la naturaleza. Todas las formas tradicionales están de acuerdo en atribuir una gran importancia al silencio desde distintos puntos de vista, y su uso como instrumento en la búsqueda del conocimiento es uno de estos. 
Sobre el tema de los beneficios espirituales ínsitos en el silencio, entendido no sólo en sentido físico sino también interior, proponemos algunos extractos del “Heredero de las cosas divinas” de Filón de Alejandría y, siempre con referencia a la tradición hebrea, el capítulo XXXII de la obra Selección de Perlas de Rabbi Salomón Ibn Gabirol.

El tema del silencio y el del secreto, conectado con él en la tradición cristiana y en el taoísmo están tratados respectivamente en el artículo de nuestro colaborador Jacopo Ammi “Silencio y Secreto en la Tradición cristiana” y en la recopilación de citas de Lao-Tsé, Líe-Tsé y Tchoang-Tsé Apólogos sobre el secreto.

La verdadera sabiduría está escondida y velada, no se aprende en los libros: el tema, estrechamente vinculado a “La sabiduría del idiota” de Nicolás de Cusa presentado en el no 39 de esta revista, se desarrolla en el texto “De la verdadera sabiduría”, según el escrito de Francesa Petrarca que proponemos en este número. 

El escrito del Sufi Ahmad ibn 'Ajiba “Explicaciones de los talismanes” en los que está velado el estado de señorío trata, de manera sintética y profunda, "de la remoción de los velos que cubren el secreto bien guardado" de la Verdad. El verdadero secreto reside en lo inexpresable, presente en toda verdad de orden trascendente, el odio moderno hacia éste, creado a propósito por las fuerzas anti-tradicionales para impedir penetrarlo "no es otra cosa que una de las formas del odio por todo lo que supera el nivel ‘medio’, y también por todo aquello que se aleja de la uniformidad que se quiere imponer a todos". Este es el tema profundizado por René Guénon en el artículo “El odio por el secreto”.

    Cierra el presente número una breve fábula con el título “El clavo”, en el que se retoma el tema de los daños causados por la prisa.