miércoles, 24 de febrero de 2016

Queridos Hermanos Masones; por Gianfranco Ravassi

         
     S. E. R. Gianfranco Ravassi es Cardenal de la Iglesia Católica, Apostólica y Romana. Presidente del Consejo Pontificio para la Cultura y de la Pontificia Comisión de Arquelología Sagrada. Miembro de la Congregación para la Educación Católica y los Consejos Pontificios para el Diálogo Interreligioso.

         
   Creemos importante la publicación de la traducción del artículo del Cardenal Ravassi, publicado recientemente en el diario italiano Il Sole 24 Ore, por la significación de su autor, un miembro señalado de la Curia romana. Si bien, como se verá, no pretende contradecir el actual juicio negativo, desde el punto de vista doctrinal, de la jerarquía católica sobre la masonería en su aspecto hermenéutico, ritual y simbólico (dejando claro que éste no es unívoco), al menos hace un llamamiento hacia la superación de enfrentamientos y agravios pasados, y a la colaboración en los valores que puedan ser compartidos por ambas instituciones, dejando a un lado, felizmente, la absurdas injurias e insultos que parten de forma gratuita y obsesiva desde sectores integristas y neoconservadores de la propia Iglesia Católica. Lástima que el Cardenal Ravassi no dé cuenta del indulto que otro miembro de la Curia romana, el Cardenal Seper, Prefecto para la Congregación para la Doctrina de la Fe desde 1968 hasta 1981, emitió, durante la vigencia del Código de Derecho Canónico de 1917, para aquellos masones católicos de los países escandinavos que formasen parte de Obediencias masónicas que no fuesen contra los dogmas o principios de la Iglesia Católica, en particular los adheridos al Rito Sueco, de filiación cristiana: ver aquí.

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«Leía hace algún tiempo en una revista americana que la bibliografía internacional sobre la masonería supera los cien mil títulos. A este interés contribuye ciertamente el aura de secretismo y de misterio que, con mayor o menor razón, envuelve en una especie de niebla las diversas “obediencias” y los “ritos” masónicos, por no hablar de su misma génesis, que según la historiadora inglesa Frances Yates, “es uno de los problemas más discutidos y discutibles en todo el campo de la investigación histórica” (curiosamente el ensayo de la escritora estaba dedicado al Iluminismo de los Rosa- Cruz, traducido por Einaudi en 1976) No queremos obviamente adentrarnos en ese archipiélago de “logias”, de “orientes”, de “artes”, de “afiliaciones” y de denominaciones, cuya historia con frecuencia se ha entrelazado -para bien y para mal- con la política de muchas naciones (pienso, por ejemplo, en el Uruguay donde he participado recientemente en varios diálogos con exponentes de la sociedad y de la cultura de tradición masónica), así como no es posible trazar líneas de demarcación entre la auténtica, la falsa, la degenerada, o la paramasonería y los varios círculos esotéricos o teosóficos.

Arduo es dibujar un mapa de la ideología que rige un universo tan fragmentario, para el cual se puede quizás hablar de un horizonte y de un método más que de un sistema doctrinal codificado. En el interior de este ámbito fluido se encuentran algunas encrucijadas bastante delineadas, como una antropología basada sobre la libertad de conciencia y de inteligencia y sobre la igualdad de derechos, y un deísmo que reconoce la existencia de Dios dejando sin embargo variables las definiciones de su identidad. Antropocentrismo y espiritualismo son, por lo tanto, dos recorridos bastante desarrollados dentro de un mapa muy variable y movedizo que no estamos en situación de esbozar de modo riguroso.

Nosotros, no obstante, nos contentamos con señalar un interesante librito que tiene una finalidad muy circunscrita, el de definir la relación entre masonería e Iglesia católica. Entendámonos ante todo: no se trata de un análisis histórico de esta relación, ni de las eventuales contaminaciones entre los dos sujetos. Es en efecto evidente que la masonería ha asumido modelos cristianos incluso litúrgicos. No debe olvidarse, por ejemplo, que en el Seiscientos muchas logias inglesas reclutaban miembros y maestros entre el clero anglicano, hasta el punto de que una de las primeras y fundamentales “constituciones” masónicas fue redactada por el pastor presbiteriano.

James Anderson, muerto en 1739. En ella, entre otras cosas, se afirmaba que un adepto “no será nunca un estúpido ateo ni un libertino irreligioso”. Aunque el credo propuesto era finalmente lo más vago posible, “el de una religión sobre la que todos los hombres están de acuerdo”.

Ahora bien, la oscilación de los contactos entre Iglesia católica y masonería tuvo movimientos muy variados, llegando también a una evidente hostilidad, marcada por el anticlericalismo de una parte y las excomuniones de otra. En efecto, el 28 de abril de 1738, el papa Clemente XII, el florentino Lorenzo Corsini, promulgaba el primer documento explícito sobre la masonería, la Carta apostólica In eminenti apostolatus specula en la cual declaraba “deberse condenar y prohibir... la antedicha Sociedad, Uniones, Reuniones, Agregaciones o Conventículos de los Libres Constructores y de los Francmasones o con cualquier otro nombre denominados”. Una condena reiterada por los sucesivos pontífices, desde Benedicto XIV hasta Pío IX y León XIII, que afirmaba la incompatibilidad entre la pertenencia a la Iglesia católica y la obediencia masónica. Lapidario era el Código de Derecho Canónico del 1917 cuyo canon 2335 rezaba: “Quien se inscribe en la secta masónica o en otras asociaciones del mismo género que traman contra la Iglesia y las legítimas autoridades civiles, incurre ipso facto en la excomunión reservada simpliciter a la Santa Sede”.

El nuevo Código de 1983 atemperó la fórmula, evitando la referencia explícita a la masonería, conservando la sustancia de que la pena está destinada también en un sentido más general a “quien da el nombre a una asociación que conspira contra la Iglesia” (canon 1374). Pero el texto eclesial más articulado sobre lo inconciliable entrela adhesión a la Iglesia católica y a la masonería es la Declaratio de associationibus massonicis emanada de la Congregación vaticana para la Doctrina de la Fe el 26 de noviembre de 1983, con la firma del Prefecto de entonces, el cardenal Joseph Ratzinger. Ella precisaba precisamente el valor del aserto del nuevo Cógigo de derecho Canónico reafirmando que permanecía “sin cambio el juicio de la Iglesia con respecto a las asociaciones masónicas, porque sus principios siempre han sido considerados inconciliables con la doctrina de la Iglesia y por ello la inscripción en aquellas sigue prohibida”.

El librito al cual ahora remitimos es interesante porque adjunta -además de una introducción del actual Prefecto de la Congregación cardenal Gerhard Müller -sea dos artículos de comentario a esta Declaratio publicados por entonces en el Osservatore Romano y en la Civiltà Cattolica, sea dos documentos de otros tantos episcopados locales, la Conferencia episcopal alemana (1980) y la de Filipinas (2003). Se trata de textos significativos porque afrontan las razones teóricas y prácticas de la inconciliabilidad entre masonería y catolicismo, como los conceptos de verdad, de religión, de Dios, del hombre y del mundo, la espiritualidad, la ética, la ritualidad, la tolerancia. Es particularmente significativo el método adoptado por los obispos filipinos que articulan su discurso a través de tres trayectorias: la histórica, la más explícitamente doctrinal y la de las orientaciones pastorales. Todo está presentado según el género catequético de preguntas-respuestas: son 47 y permiten entrar también en las particularidades, como la ceremonia de iniciación, los símbolos, el uso de la Biblia, las relaciones con las demás religiones, el juramento de fraternidad, los grados jerárquicos, etc.


Estas diversas declaraciones de incompatibilidad entre las dos pertenencias no impiden, sin embargo, el diálogo como se firma explícitamente en el documento de los obispos alemanes que ya entonces hacían un elenco de ámbitos específicos a comparar como la dimensión comunitaria, la beneficencia, la lucha contra el materialismo, la dignidad humana, el conocimiento recíproco. Se debe, además, superar esa actitud de ciertos ambientes integristas católicos que -para atacar a algunos exponentes también jerárquicos de la Iglesia, que no les agradan- recurrían al arma de la acusación apodíctica de pertenencia masónica. En conclusión, como escribían ya los obispos de Alemania, hay que ir más allá “de la hostilidad, ultrajes, prejuicios” recíprocos, porque “respecto a los siglos pasados hemos mejorado y cambiado el tono, el nivel y el modo de manifestar las diferencias” que también permanecen claramente.»


Para ver el artículo en el original italiano pinchar aquí.



martes, 5 de enero de 2016

La Ciudad de los Sauces; por René Guénon

   
Capítulo XXV de La Gran Tríada, 1946

  Aunque, como hemos dicho desde el comienzo, no tenemos intención de estudiar especialmente aquí el simbolismo rituálico de la Tien ti huei, hay, no obstante, un punto sobre el que queremos llamar la atención, pues se refiere claramente al simbolismo “polar”, que no carece de relación con algunas de las consideraciones que hemos expuesto. El carácter “primordial” de tal simbolismo, cualesquiera que sean las formas particulares que pueda adoptar, se ve especialmente por lo que hemos dicho respecto de la orientación; y eso es fácil comprenderlo, puesto que el centro es el “lugar” que corresponde propiamente al “estado primordial”, y además el centro y el polo son en el fondo una sola y misma cosa, pues en esto se trata siempre del punto único que permanece fijo e invariable en todas las revoluciones de la “rueda del devenir” [1]. El centro del estado humano, pues, puede representarse como polo terrenal, y el Universo total como polo celestial; y puede decirse que el primero es así el “lugar” del “hombre verdadero”, y el segundo el del “hombre trascendente”. Además, el polo terrenal es como el reflejo del polo celestial, puesto que, en cuanto está identificado con el centro, es el punto en que se manifiesta directamente la “Actividad del Cielo”; y estos dos polos están unidos entre sí por el “Eje del Mundo”, según la dirección del cual se ejerce esta “Actividad del Cielo” [2]. Por eso a algunos símbolos estelares, que pertenecen propiamente al polo celestial, se los puede relacionar también con el polo terrenal, en el que se reflejan, si cabe expresarse así, por “proyección” en el ámbito correspondiente. Por consecuencia, salvo en los casos en que los dos polos son señalados expresamente por símbolos distintos, no hay por qué diferenciarlos, teniendo así su aplicación el mismo simbolismo en dos diferentes grados de la universalidad; y esto, que expresa la identidad virtual del centro del estado humano con el del ser total [3], al propio tiempo corresponde también a lo que decíamos más arriba, de que el “hombre verdadero”, desde el punto de vista humano, no se lo puede distinguir de la “huella” del “hombre trascendente”.

     En la iniciación a la Tien-ti-huei, el neófito, después de haber pasado por diferentes etapas preliminares, a la última de las cuales se la designa como el “Círculo del Cielo y de la Tierra (Tien-ti-kiuen), llega finalmente a la “Ciudad de los Sauces” (Mu-tang-cheng), llamada también “casa de la Gran Paz” (Tai-ping-chuang) [4]. El primero de estos dos nombres se explica por el hecho de que, en la China, el sauce es símbolo de inmortalidad; equivale, pues, a la acacia en la Masonería, o al “ramo dorado” en los misterios antiguos [5]; y, a causa de este significado, la “Ciudad de los Sauces” es propiamente la “estancia de los Inmortales” [6]. En cuanto a la segunda denominación, indica, tan claramente como es posible, que se trata de un lugar considerado “central” [7], pues la “Gran Paz” (en árabe Es-Sakînah) [8] es lo mismo que la Shekinah de la Kábbala hebraica, es decir, la “presencia divina”, que es la manifestación misma de la “Actividad del Cielo”, y que, como ya hemos dicho, no puede residir efectivamente sino en tal lugar, o en un “santuario” tradicional que se le asimila. Este centro puede representar además, conforme a lo que acabamos de decir, bien el del mundo humano, bien el del Universo total; el hecho de que está más allá del “Circulo del Cielo y de la Tierra”, expresa, según el primer significado, que aquel que lo ha alcanzado escapa por ello mismo al movimiento de la “rueda cósmica” y a las vicisitudes del yin y el yang, luego a la alternancia de vidas y muertes, que es su consecuencia, de suerte que se le puede llamar verdaderamente “inmortal” [9]; y, según el segundo significado, hay una alusión bastante explícita a la situación “extracósmica” de la “techumbre del Cielo”.

     Ahora, lo que es notabilísimo, es que a la “Ciudad de los Sauces” se la representa ritualmente por un celemín lleno de arroz, y en el cual están plantados diversos estandartes simbólicos [10]; esta representación puede parecer más bien extraña, pero se explica sin dificultad tan pronto como se sabe que “celemín” (Teu) es en la China el nombre de la Osa Mayor [11]. Pues bien, se sabe qué importancia se le da tradicionalmente a esta constelación; y, particularmente en la tradición hindú, a la Osa Mayor (sapta-riksha) se la considera simbólicamente morada de los siete Rishis, lo que la hace en verdad equivalente de la “estancia de los inmortales”. Además, como los siete Rishis representan la sabiduría “suprahumana” de los ciclos anteriores al nuestro, es también como una especie de “arca” en la que está contenido el depósito del conocimiento tradicional, a fin de asegurar su conservación y su transmisión de edad en edad [12]; por ello, además, es una imagen de los centros espirituales que tienen en efecto esta función y, ante todo, del centro supremo que guarda el depósito de la Tradición primordial.

     A este respecto, mencionaremos otro simbolismo “polar” no menos interesante, que se encuentra en los antiguos rituales de la Masonería operativa: con arreglo a alguno de estos rituales, la letra G está representada en el centro de la bóveda, en el punto mismo que corresponde a la Estrella polar [13]; una plomada, suspendida de esta letra G, cae directamente al centro de una esvástica trazada en el pavimento, y que representa así el polo terrestre [14]: es la “plomada del Gran Arquitecto del Universo”, que, suspendida en el punto geométrico de la “Gran Unidad” [15], desciende del polo celestial al terrenal, y es así la figura del “Eje del Mundo”. Puesto que nos hemos visto conducidos a hablar de la letra G, diremos que en realidad debió de ser en realidad un iod hebraico, al que sustituyó, en Inglaterra, a consecuencia de una asimilación fonética de iod con God, cosa que, en el fondo, no cambia su sentido [16]; las interpretaciones diversas que de ello se han dado de ordinario (de las que la más importante es la que se refiere a la “Geometría”), como en su mayor parte sólo son posibles en las lenguas occidentales modernas, no representan, por más que digan algunos [17], sino acepciones secundarias que accesoriamente se han agrupado en torno a este significado esencial [18]. La letra iod, primera del Tetragrama, representa el Principio, de suerte que se considera que constituye por sí sola un nombre divino; además, en sí misma, es por su forma el elemento principial del que derivan todas las demás letras del alfabeto hebraico [19]. Hay que agregar que "I", la letra correspondiente del alfabeto latino, es también, tanto por su forma rectilínea como por su valor en las cifras romanas, símbolo de la Unidad [20]; y lo que al menos es curioso es que el sonido de esta letra es el mismo que el de la palabra china "i", que, como hemos visto, también significa la unidad, bien en su sentido aritmético, bien en su transposición metafísica [21].Lo que tal vez es aún más curioso es que Dante, en la Divina Comedia, ponga en boca de Adán que el primer nombre de Dios fue I [22] (lo que corresponde además, conforme a lo que acabamos de explicar, a la “primordialidad” del simbolismo “polar”) viniendo a continuación el nombre El y que Francesco da Barberino, en su Tractatus Amoris, se hiciese representar a sí mismo en actitud de adoración ante la letra I [23]. Ahora es fácil comprender lo que ello significa: ya se trate del iod hebraico o del i chino, ese “primer nombre de Dios”, que con toda probabilidad era también su nombre secreto entre los Fedeli d’Amore, no es otra cosa, en definitiva, que la expresión misma de la Unidad principial [24].

Notas:
[1] Para lo que concierne más particularmente al simbolismo del polo, enviaremos a nuestro estudio sobre Le Roi du Monde.
[2] Son las dos extremidades del eje del "carro cósmico", cuando las dos ruedas de este representan el Cielo y la Tierra, con el significado que tienen estos dos términos del Tribhuvana.
[3] Véanse las consideraciones que hemos expuesto a este respecto en Le Symbolisme de la Croix.
[4] Véase B. Favre, Les Societés secrètes en Chine, cap. VIII.
[5] Cf. L´Ésotérisme de Dante, cap. V.
[6] Sobre la "morada de inmortalidad", cf. Le Roi du Monde, cap. VII y Le Règne de la Quantité et les Signes des Temps, cap. XXIII.
[7] En el simbolismo masónico, la acacia se encuentra también en la "Cámara del Medio".
[8] Cf. Le Roi du Monde, cap. III, y Le Symbolisme de la Croix, caps. VII y VIII. Es también la Pax Profunda de los Rosa-Cruz, y se recordará, por otra parte, que el nombre de la "Gran Paz" (Tai-Ping) fue adoptado en el siglo XIX para una organización emanada de la Pe-lien-huei.
[9] Cf. Le Roi du Monde, cap. III, y Le Symbolisme de la Croix, caps. VII y VIII. Es también la Pax Profunda de los Rosa-Cruz, y se recordará, por otra parte, que el nombre de la "Gran Paz" (Tai-Ping) fue adoptado en el siglo XIX para una organización emanada de la Pe-lien-huei.
[10] Podría hacerse aquí un parangón con los estandartes del "Campo de los Príncipes" en el "Cuadro" del grado 32º de la Masonería escocesa, donde, por una coincidencia todavía más extraordinaria, se encuentra además, entre varias palabras extrañas y difíciles de interpretar, la palabra Salix que significa precisamente "sauce" en latín; no queremos, por lo demás, sacar ninguna consecuencia de este último hecho, que indicamos solamente a título de curiosidad. En cuanto a la presencia del arroz en el celemín, evoca los "vasos de abundancia" de las diversas tradiciones, de los cuales el ejemplo más conocido en Occidente es el Grial, y que tienen también un significado "central" (V. Le Roi du Monde, cap. V); el arroz representa aquí el "alimento de inmortalidad" que además tiene por equivalente la "bebida de inmortalidad".
[11] No hay ahí ningún "juego de palabras", contrariamente a lo que dice B. Favre; el celemín es realmente aquí el símbolo mismo de la Osa Mayor, como la balanza lo fue en una época anterior, pues, según la tradición extremo-oriental, la Osa Mayor era llamada "Balanza de jade", es decir, según el significado simbólico del jade, Balanza perfecta (como además la Osa Mayor y la Osa Menor fueron asimiladas a los dos platillos de una balanza), antes que este nombre de la Balanza fuera transferido a una constelación zodiacal (cf. Le Roi du Monde,  cap. X).
[12] El arroz (que equivale naturalmente al trigo en otras tradiciones) tiene un significado en relación con ese punto de vista, pues la nutrición simboliza el conocimiento, siendo la primera asimilada corporalmente por el ser como la segunda lo es intelectualmente (cf. L´Homme et son devenir selon le Vêdânta, cap. IX). Esta significación se vincula además inmediatamente a la que ya hemos indicado: en efecto, es el conocimiento tradicional (entendido en el sentido de conocimiento efectivo y no simplemente teórico) el verdadero "alimento de inmortalidad" o, según la expresión evangélica, el "pan bajado del Cielo" (San Juan, VI), pues "no sólo de pan (terrestre) vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios" (San Mateo, IV, 4; San Lucas, IV, 4), es decir, de manera general, la que emana de un origen "supra-humano". Señalemos a este propósito que la expresión ton arton ton epiousion, en el texto griego del Pater, no significa de ningún modo el "pan de cada día", como se traduce habitualmente, sino muy literalmente "el pan supraesencial" (y no "suprasustancial" como dicen algunos, confundiendo el sentido del término ousia como hemos indicado en Le Règne de la Quantité, cap. I), o "supracelestial" si se entiende el Cielo en el sentido extremo-oriental, es decir, procedente del Principio mismo y dando por consiguiente al hombre el medio de ponerse en comunicación con éste.
[13] La Osa Mayor está también, por otra parte, actualmente todavía en el cielo raso de muchas Logias masónicas, incluso "especulativas" .
[14] Señalamos esto muy particularmente a la atención de los que pretenden que "hacemos de la esvástica el signo del polo", mientras que sólo decimos que tal es en realidad su sentido tradicional; ¡quizás podrán incluso hasta suponer que nosotros hemos "hecho" también los rituales de la Masonería operativa!
[15] Este mismo punto es también, en la Kábala hebrea, aquel donde está suspendida la balanza de la que se trata en el Siphra di-Tseniutha, pues sobre el polo reposa el equilibrio del mundo; y este punto es designado como "un lugar que no existe", es decir, como lo "no-manifestado", lo que corresponde, en la tradición extremo-oriental, a la asimilación de la Estrella polar, en tanto que "hecha de Cielo", al lugar del Principio mismo; esto está igualmente en relación con lo que hemos dicho antes de la balanza a propósito de la Osa Mayor. Los dos platillos de la balanza, con su movimiento alternativo de subida y de bajada, se refieren naturalmente a las vicisitudes del yin y del yang; la correspondencia con el yin de un lado y el yang del otro vale además, de manera general para todos los símbolos dobles que presentan una simetría axial.
[16] La sustitución de la iod por la G, es indicada especialmente, pero sin explicar la razón, en la Récapitulation de toute la Maçonnerie ou description et explication de l´Hiéroglyphe universel du Maître des Maîtres, obra anónima atribuida a Delaulnaye.
[17] Hay incluso quienes parecen creer que no es sino después cuando la letra G habrá sido considerada como la inicial de God; ellos ignoran evidentemente el hecho de su sustitución al iod, que es la que le da toda su verdadera significación desde el punto de vista esotérico e iniciático.
[18] Los rituales recientes del grado de Compañero, para encontrar cinco interpretaciones de la letra G, le dan frecuentemente unos sentidos que son más bien forzados e insignificantes; este grado ha sido, por otro lado, particularmente maltratado, si así puede decirse, tras los esfuerzos que se han hecho para modernizarlo. En el centro de la Estrella flamígera, la letra G representa el principio divino que reside en el corazón del hombre "dos veces nacido" (cf. Aperçus sur l´Initiation, cap. XLVIII).
[19] Se sabe que el valor numérico de esta letra es 10, y remitiremos al respecto a lo que se dijo antes sobre el simbolismo del punto en el centro del círculo. 
[20] Quizá tendremos algún día la ocasión de estudiar el simbolismo geométrico de ciertas letras del alfabeto latino y el uso que de él se ha hecho en las iniciaciones occidentales.
[21] El carácter i es también un rasgo rectilíneo; no difiere de la letra latina I más que en estar colocado horizontalmente en lugar de estarlo verticalmente. En el alfabeto árabe, es la primera letra, alif, que vale numéricamente la unidad, la que tiene forma de un rasgo rectilíneo vertical.
[22] Paradiso, XXVI, 133-134. En un epigrama atribuido a Dante, la letra I es denominada "la novena figura", según su rango en el alfabeto latino, aunque el iod al cual ella corresponde, sea la décima letra del alfabeto hebreo; se sabe además que el número 9 tenía para Dante una importancia simbólica muy particular, como se ve especialmente en la Vita Nuova (cf. L´Ésotérisme de Dante, capítulos II y VI).
[23] Véase Luigi Valli, Il Linguaggio segreto di Dante e dei "Fedeli d´Amore", vol. II, páginas 120-121, donde se encuentra la reproducción de esta figura.
[24] Estas observaciones habrían podido utilizarse por los que han buscado establecer similitudes entre la Tien-ti-huei y las iniciaciones occidentales; pero es probable que las hayan ignorado, pues no tenían sin duda apenas datos precisos sobre la Masonería operativa, y todavía menos sobre los Fedeli d´Amore.



N. del T.: El Campamento de los Príncipes del Grado 32 del Rito Escocés Antiguo y Aceptado, citado en la nota 10 de este capítulo (no aparece en el original francés):



martes, 22 de diciembre de 2015

Número 39 de la Revista Letra y Espíritu.

Acaba de salir el número 39 de Diciembre de 2015 de la revista de estudios tradicionales Letra y Espíritu. Dejamos a continuación el editorial de este número:

El presente número de la revista, continuando el anterior, está dedicado a profundizar en el papel de la discriminación durante el recorrido iniciático, con particular atención a su relación con el horizonte intelectual. El artículo de fondo de nuestro colaborador Albano Martín de la Scala, con abundantes claves para el lector, introduce el tema y evidencia cómo el horizonte intelectual señala el punto de encuentro entre lo terrestre y lo celeste, allí donde lo racional "empujado a sus límites superiores, viene a encontrar el puro intelecto".  

El argumento de la importancia del conocimiento de sí mismo viene examinado en los tres textos siguientes, los artículos Conócete a ti mismo de René Guénon, donde se indica cómo el hombre puede encontrar el verdadero conocimiento únicamente en sí mismo ya que "todo conocimiento no puede ser adquirido más que mediante una comprensión personal", y La "E " en Delfos de Ananda K. Coomaraswamy, distinto del célebre tratado de Plutarco La E de Delfos.

Sigue la segunda parte del Tratado Ill del Convivio, donde Dante Alighieri explica cómo la filosofia es la perfección de la razón y cómo no puede darse la verdadera felicidad sin sabiduría.

Los extractos de la Ética Nicomáquea de Aristóteles que publicamos tratan de la diferencia entre conocimiento y sabiduría y de las relaciones que la comprensión y la indulgencia tienen con el intelecto.

En este número presentamos un segundo artículo de René Guénon, Corazón y cerebro, que trata magistralmente los aspectos simbólicos en relación a estos dos elementos constitutivos del ser humano y de sus retaiones recíprocas.


El discernimiento en el Cristianismo es un trabajo propuesto por nuestro colaborador Jacopo Ammi en el cual, después de una breve introducción, se presentan extractos de las obras de Diadoco de Foticé, San Juan Clírnaco, y San Bernardo de Claraval.


jueves, 3 de diciembre de 2015

Historia del Cisma Masónico Inglés de 1717; por Jean Barles.

  asd  asaasnexo.

Traducción del Anexo 2º Reflexiones de René Guénon sobre los “Archivos de Trans-en-Provence”, revista donde se publicaron primero los artículos que constituyen el presente libro: Historia del cisma masónico inglés de 1717, Éditions de la Maisnie, París, 1990. Edizioni PiZeta, San Donato (MI), 2000. El índice del libro aparecerá al término del presente anexo.

René Guénon (1886-1951), uno de nuestros mejores intérpretes de la Tradición y del simbolismo, citó frecuentemente los trabajos de Jean Barles. Me parece importante reproducir estas reseñas que completan la rica documentación de los Archives de Trans-en-Provence. Los artículos de René Guénon fueron publicados en la revista Le Voile d´Isis, que en 1937 se convierte en Études Traditionnelles [1]. Fueron recopilados en su obra Études sur la Franc-Maçonnerie e le Compagnonnage Vol. I, Editions Traditionnelles, 1973: aquí son reproducidos en su integridad (de la Introducción de Jean Pierre Bayard)

Études Traditionnelles, París, julio de 1936

Los Archives de Trans-en-Provence publican, desde 1931 (pero sólo hemos tenido conocimiento de ello muy recientemente), interesantísimos estudios sobre los orígenes de la Masonería moderna, debidos a su director, Sr. J. Barles; éste ha emprendido esas investigaciones de una manera enteramente independiente y sin ningún apriorismo, y sin duda por eso, en muchos puntos, se aproxima a la verdad mucho más que todos los historiadores más o menos “oficiales”. Para él, la verdadera Masonería no es ciertamente, como dicen algunos, “la institución nacida en 1717”; él ve más bien esta última como el cisma que fue en realidad. En cuanto a las razones de ese cisma, encontramos que hay una tendencia (por lo demás explicable por el hecho de que ése fue el punto de partida de sus investigaciones) a exagerar el papel que han podido desempeñar los protestantes franceses refugiados en Inglaterra tras la revocación del edicto de Nantes; en efecto, con la sola excepción de Désaguliers, no se ve que hayan tomado una parte activa en la organización de la Gran Logia. Ello no cambia nada, por otra parte, en cuanto al fondo de las cosas: los fundadores de la Gran Logia, cualquiera que haya sido su origen, eran en todo caso incontestablemente “orangistas”; y había ahí una intrusión de la política a la cual los Masones fieles al antiguo espíritu iniciático de su Orden no eran menos opuestos que a las diversas innovaciones que se siguieron. Barles hace observar muy justamente que las Logias que se unieron en 1717 eran todas de formación muy reciente, y también que, por otro lado, había todavía en esa época muchas más Logias operativas en activo de lo que se dice ordinariamente. Un punto sobre el cual nos permitiremos no ser de su opinión, sin embargo, es el que concierne al incendio de los archivos de la Logia de San Pablo: según toda verosimilitud, los responsables de ello no fueron en absoluto Masones tradicionales temerosos de que se publicaran los Old Charges, cosa de la que nadie hubiese tenido seriamente la intención, sino, muy al contrario, los innovadores mismos, que precisamente no habían reunido esos antiguos documentos más que para hacerlos desaparecer tras haberlos utilizado como les convenía, a fin de que no hubiera pruebas de los cambios que ellos habían introducido. Es fastidioso también que el autor haya creído que “especulativo” quería decir simplemente “no-profesional”; al respecto, remitiremos al artículo que se podrá leer en otra parte, y en el cual explicamos el verdadero sentido de las palabras “operativo” y “especulativo”. En ese mismo artículo, damos también la explicación de los términos “Masones libres y aceptados”, sobre los cuales ha errado igualmente, a falta de conocer la interpretación tradicional, que, por lo demás, nunca ha dado lugar a ninguna divergencia. Él no parece conocer tampoco las relaciones simbólicas por las cuales se explica el papel de los dos san Juan en la Masonería, ni el origen antiguo de las “fiestas solsticiales”; pero, después de todo, esas diversas lagunas son muy excusables en alguien que, evidentemente, nunca ha hecho de esas cuestiones un estudio especial. Señalemos por otra parte que el Sr. Barles ha reencontrado por sí mismo algo que se relaciona con un secreto “operativo” muy olvidado hoy: se trata de la correspondencia “psíquica” de los signos y toques, es decir, en suma, de su correspondencia con la “localización” de los centros sutiles del ser humano, a la cual nosotros mismos hemos hecho algunas alusiones; y él concluye, cono mucho razón, que hay ahí la indicación de un lazo directo con las grandes iniciaciones de la antigüedad. Tendremos ciertamente, a continuación, y a medida de su publicación, que volver sobre esos trabajos, de los que debemos repetir aún todo el mérito e interés que encierran.

Ídem, Diciembre de 1936

En los Archives de Trans (nº de agosto-septiembre), el Sr. J. Barles, continuando los estudios sobre El cisma masónico inglés de 1717 del cual ya hemos hablado, completa las indicaciones que había dado anteriormente sobre la biografía de Désaguliers. Por otra parte, publica un documento que, piensa él, permite por su naturaleza resolver afirmativamente la cuestión controvertida de la iniciación masónica de Napoleón I: es el acta de una ceremonia que tuvo lugar en la Logia de Alessandria (Italia) en 1805, y, efectivamente, Napoleón es calificado ahí de Masón en varias ocasiones; pero conocemos ya otros diversos documentos del mismo género, y sabemos que no bastan para convencer a ciertos historiadores... –En el nº de octubre, J. Barles, reproduciendo nuestra reseña precedente, levanta objeciones sobre dos puntos a las cuales debemos responder. Primero, es muy exacto que numerosos protestantes franceses estaban refugiados en Londres a principios  del siglo XVIII, pero, a excepción de Désaguliers, nada indica que hayan sido nunca Masones, y no se ve en qué la presencia de millares de profanos, cualquiera que sea por lo demás su situación social, podría influir directamente sobre acontecimientos que conciernen propiamente al dominio iniciático. Después, en lo que concierne al incendio de la Logia de San Pablo, es verosímil que la responsabilidad no deba atribuirse a Payne, ni quizás incluso a Désaguliers; pero ¿puede decirse otro tanto de Anderson, personaje mucho más sujeto a caución desde muchos puntos de vista?

Ídem, junio de 1937

-En los Archives de Trans (nº de marzo), el Sr. J. Barles aborda la cuestión de las relaciones de la Masonería con los Rosa-Cruz, pero desgraciadamente con informaciones muy insuficientes e incluso de dudosa calidad; se refiere, en efecto,  a la Histoire des Rose-Croix teosofista de F. Wittemans, e incluso da cuenta de una aserción de fantasía del Imperator de la A. M. O. R. C. Por lo demás, no hay que confundir Rosa-Cruz y Rosacrucianos, y, entre estos últimos, habría aún muchas distinciones que hacer; pero lo que es cierto en todo caso, es que, si hubo en la Masonería inglesa Rosacrucianos auténticos y no degenerados, no es del lado “especulativo” donde pudieron encontrarse. Señalemos también que conviene desconfiar de la leyenda, que se busca acreditar actualmente por razones poco claras, según la cual Newton habría jugado un papel en la Masonería, únicamente so pretexto de que estuvo en relaciones personales con Descartes; ésa es una suposición totalmente gratuita, y además no vemos verdaderamente en qué un “gran hombre” desde el punto de vista profano, debería forzosamente tener una importancia cualquiera en el orden iniciático.


Ídem, septiembre de 1937

-En los Archives de Trans (mayo, junio y julio), el Sr. Barles, prosiguiendo sus investigaciones sobre el origen de la Gran Logia de Inglaterra, examina más particularmente ciertos detalles de la biografía de Désaguliers: sus obras científicas y otros aspectos de su actividad profana, la recepción que se le hizo en la Logia de Edimburgo en 1721 (señalemos de pasada que deacon es”diácono”, y no “decano”, que se dice en inglés dean), y su visita a la Logia de Bussy, en París, en 1735. Quizás no hay que buscar el sacar de todo eso consecuencias excesivas; sobre todo, el saber profano y las asociaciones destinadas a desarrollarlo o a expandirlo proceden de un dominio enteramente diferente de aquel donde se sitúan las cuestiones de orden propiamente masónico, y, aparte el hecho de que las mismas individualidades pueden a veces encontrarse de un lado y del otro, lo que no compromete evidentemente más que a ellas, no vemos qué relación más o menos directa puede haber entre esas dos cosas. En cuanto al sentido real de los términos “operativo” y “especulativo”, sobre lo cual el Sr. Barles parece todavía perplejo, no podemos hacer nada mejor, para ayudarle a dilucidar esta importante cuestión, que rogarle tenga a bien remitirse a las explicaciones precisas que hemos dado aquí sobre el asunto, al cual hemos dedicado incluso un artículo especial. 

Ídem, diciembre de 1937

-En los Archives de Trans (nº de agosto-septiembre), el Sr. J. Barles estudia la preparación del libro de las Constituciones de la Gran Logia de Inglaterra; habría mucho que decir sobre la manera especial como los Old Charges fueron utilizados en ello... y deformados tendenciosamente. Nos limitaremos a hacer destacar que, desde el punto de vista iniciático, los innovadores estaban muy lejos de constituir una “élite”, cualquiera que fuese su “cultura” profana, y que, en lugar de “elevar el nivel intelectual de la antigua Masonería”, dieron prueba sobre todo de ignorancia y de incomprehensión con respecto a su tradición; no conocían además todos los grados, lo que explica muchas cosas; ellos no podían ciertamente pertenecer a la “Orden de los Rosa-Cruz”, tanto más cuanto que tal nombre jamás ha sido llevado auténticamente por ninguna organización.

Enero de 1938

-En los Archives de Trans (nº de octubre), el Sr. J. Barles continua su examen de la redacción del libro de las Constituciones por James Anderson; éste, en el relato insertado en la edición de 1738, ha presentado, naturalmente, como una revisión necesaria lo que fue en realidad un trabajo de alteración querida de los Old Charges; señalemos además que, en ese mismo relato, todos los hechos concernientes a la fundación y los principios de la Gran Logia de Inglaterra están tendenciosamente deformados, como resulta de un estudio histórico publicado en el Grand Lodge Bulletin d´Iowa y del cual hemos dado cuenta a su tiempo. Nos permitimos atraer sobre éste la atención del Sr. Barles, que se limita a decir, siguiendo a Monseñor Jouin, que “está permitido preguntarse si la elección de Anderson, que no estaba motivada por ninguna otra razón, fuese de las más juiciosas”; ¿es tan seguro que no había, al contrario, serias razones para que las cosas fuesen “arregladas” de esta manera totalmente especial, para lo cual Anderson estaba quizás realmente más cualificado que otros  a quienes ciertos escrúpulos habrían podido retener?

Febrero de 1938

-En los Archives de Trans (nº de noviembre), el Sr. J. Barles llega esta vez a la Gran Maestría del duque de Wharton, del que ya hemos hablado en nuestras últimas reseñas, a propósito de un artículo de la Revue Internationale des Sociétés Secrètes. Este tema es también de los que parecen más difíciles de aclarar: el duque de Wharton habría sido primero elegido irregularmente en 1722, pero seguidamente, para evitar disensiones, su predecesor, el duque de Montagu, dimitió en su favor el  3 de enero de 1723, y la instalación regular tuvo lugar el 17 de enero; Désaguliers fue entonces nombrado Diputado Gran Maestro. Las Constituciones de Anderson fueron presentadas a la Gran Logia en 1723,  aprobadas y firmadas por el duque de Wharton y Désaguliers; pero lo que es más singular, es que esta aprobación no lleva fecha; la ratificación ¿tuvo lugar en la asamblea del 17 de enero, como piensa Mons. Jouin, citado por Barles, o solamente el 25 de marzo como lo dice Thory (Acta Latomorum, T. I, p. 20), que, por otra parte, por un error evidente, inscribe esos acontecimientos en la data de 1722? Como quiera que sea, no nos explicamos que Barles considere como posible una identificación de dos personajes totalmente diferentes: Philippe, duque de Wharton, y  Francis, conde de Dalkeith; el segundo sucedió muy normalmente al primero como Gran Maestro, el 24 de junio de 1723; ahí al menos, nada hay oscuro. Lo que sí lo es, es la continuación de la carrera del duque de Wharton: en 1724, se adhiere a una especie de falsificación de la Masonería, conocida con el nombre de Gorgomones; el mismo año, llegado al continente, se convierte al catolicismo y se adhiere abiertamente al partido de los Estuardo; después, en 1728, constituye una Logia en Madrid, lo que indica que en realidad no había renunciado a la Masonería; al fin, murió en Tarragona en 1731. Las precisiones sobre lo que hizo entre 1724 y 1728 parecen faltar por completo, y eso es tanto más lamentable cuanto que ese punto podría presentar un interés particular en conexión con la cuestión de los orígenes de la Masonería francesa: en efecto, si no existían todavía Logias en Francia en 1723, y si, por tanto, el duque de Wharton no pudo ser su Gran Maestro por el hecho mismo de que era por entonces Gran Maestro de la Gran Logia de Inglaterra de la cual aquellas Logias dependieron primero, no pudo recibir esta cualidad más que durante el período de que se trata, y en el curso del cual es muy posible que haya residido efectivamente en Francia; luego en tal dirección deberían impulsarse sobre todo las investigaciones de aquellos que quisieran dilucidar más completamente esta cuestión.


Ídem, abril de 1938

-En los Archives de Trans (nº de diciembre), el Sr. J. Barles examina la actividad de Désaguliers en 1723-1724: éste continuó ejerciendo las funciones de Gran Maestro Adjunto durante tal año, que fue el de la Gran Maestría de conde de Dalkeith. A este le sucedió, el 24 de junio de 1724, el duque de Richmond, que tomó como Gran Maestro Adjunto al caballero Martin Folkes (al que Thory, sin duda por error, cita con esta calificación para el año 1723). Añadamos que Désaguliers retomó las mismas funciones el año siguiente, bajo el conde de Abercorn: no vemos por tanto cómo puede decirse que “su colaboración con el duque de Wharton debió serle desfavorable”. Por otra parte, parece precisamente que el Sr. Barles continúa confundiendo, como en el anterior artículo, al conde de Dalkeith con su predecesor, duque de Wharton, cosa que altera evidentemente los hechos considerados.

Notas:
[1] La revista cambió de nombre en 1936, luego se publicaron todas las reseñas en Études Traditionnelles (Nota del Traductor).


SOMMARIO

MIO PADRE JEAN BARLES (1864-1943) E LA MASSONERIA

INTRODUZIONE DI JEAN-PlERRE BAYARD

PRIMA PARTE

  1. -Motivazioni dello studio
  2. -Documentazione di base

LE ORIGINI (1721-1772)

   3. -Origini oscure
   4. - Origini corporative
   5. -Nel campo delle incognite

APPENDICE ALLA PRIMA PARTE

   Segni, Gesti e Toccamenti

SECONDA PARTE

   6. -Lacune da colmare
   7. -Situazione interna nel 1715
   8.-Revoca dell'Editto di Nantes
   9. -Caratteri generali del provvedimento
  10. -Conseguenze specifiche
  11.- Dal punto di vista religioso
  12. -Altre conseguenze
  13. -Protestanti francesi a Londra

   APPENDICE ALLA SECONDA PARTE

   Risposta ad alcune lettere

   2* APPENDICE ALLA SECONDA PARTE
   Revoca dell'Editto di Nantes e Massoneria

TERZA PARTE

  14. -Rivoluzione massonica del 1717
  15. - Massoneria operativa o speculativa
  16. - La Massoneria speculativa in Scozia
  17. - Inghilterra: 1°. Elias Ashmole
  18.- Inghilterra: 2°. Locke
  19. - Inghilterra: 3°. Il regno di Elisabetta
  20.- Inghilterra: 4°. Plot (1686)
  21.- Inghilterra: 5°. Regolamento del 1663 Conclusione

QUARTA PARTE - LA GRAN LOGGIA DI LONDRA FRA IL 1717 E IL 1729

   22. -Anticipazione necessaria
   23. - Liste a stampa del 1723, 1725 e 1729

   APPENDICE ALLA QUARTA PARTE

QUINTA PARTE - L'INGHILTERRA NEL XVI E XVII SECOLO

   24.-I Tudor e gli Stuart
   25. -La Francia, paese di guerre di religione
   26. -L'Inghilterra, paese del libero pensiero
   27. - Sfavorevole posizione dei cattolici

SESTA PARTE - LA MASSONERIA INGLESE PRIMA E DOPO IL 717

   28. - La Massoneria inglese verso il 1700
   29. - La Massoneria e la rivoluzione del 1688

SETTIMA PARTE - I PROTESTANTI FRANCESI IN INGHILTERRA NEL XVII SECOLO

  1. - Alcune precisazioni
  2. -Osservazioni derivate da queste precisazioni
  3. -Registri della Compagnia dei Tessitori

   APPENDICE ALLA SETTIMA PARTE

OTTAVA PARTE - LA RIVOLUZIONE INGLESE DEL 1688 E LE SUE CONSEGUENZE

NONA PARTE - EFFEMERIDI  DI  EMMANUEL REBOLD

DECIMA PARTE - FONDAZIONE DELLA LOGGIA DI SAINT-PAUL (1691)

   1. -Data di fondazione
   2. -Riferimenti di origine massonica
   3. -Mire politiche

UNDICESIMA PARTE - RETTIFICA ALLA DECIMA PARTE

DODICESIMA PARTE - IL PASTORE JEAN DÉSAGULIERS

TREDICESIMA PARTE - GUGLIELMO III E I PROTESTANTI FRANCESI

   1. - Naturale alleanza fra Guglielmo III e i protestanti francesi
   2. - Concatenazione degli avvenimenti
   3. -Persecuzione ingiustificata dei protestanti
   4. - Guglielmo III di Nassau, principe di Orange
   5. - Occupazione di Grange (1660-1667)
   6. - Situazione dell'Olanda nel 1670-1671
   7. -Inizio della guerra di Olanda
   8. -Fine della guerra di Olanda
   9. - Lotta serrata fra Guglielmo III e Luigi XIV
   10.- Stretto vincolo fra Guglielmo III e i protestanti

   APPENDICE ALLA TREDICESIMA PARTE

    1.-Luigi XIV rifiuta le proposte degli Olandesi (1672)
    2. - Una clausola poco nota del trattato di Utrecht
    3. - Luigi XIV ingrossò la corrente di irreligione agli inizi del XVII secolo

QUATTORDICESIMA PARTE - L'INGHILTERRA E LA MASSONERIA INGLESE FRA IL 1688 E IL 1701

    1. -Prime medaglie
    2. -Il presagio di Orange
    3. -Altre medaglie
    4. -Inizio del regno di Guglielmo III
    5. - La Massoneria dal 1688 al 1701 Guglielmo III fu massone?

QUINDICESIMA PARTE - REGNO DELLA REGINA ANNA (1702-1714)

    1. -Attriti  fra Inglesi e stranieri
    2. - Situazione politica dal 1689 al 1707
    3. -Preludio alla caduta dei whigs

SEDICESIMA PARTE - VERSO LO SCISMA: COLLEGAMENTO FRA RIFUGIATI FRANCESI E WHIGS

    1. - Concatenazione degli avvenimenti
    2. - II ruolo dei protestanti francesi

DICIASSETTESIMA PARTE - DICHIARAZIONE DEL 1703

DICIOTTESIMA PARTE - LEGAME DEI RIFUGIATI CON GLI INTELLETTUALI

    1. - Fine del regno della regina AnnAvvento di Giorgio I
    2. -Élite intellettuale dei rifugiati
    3. -Abraham de Moivre
    4. - Jean-Théophile Désaguliers fra il 1698 e il 1712

 DICIANNOVESIMA PARTE - J.-THÉOPHILE DÉSAGULIERS A OXFORD E A LONDRA.

    1. - Jean-Théophile Désaguliers, studente a Oxford
    2. -Conferenze scientifiche ad Oxford
    3. -A Londra, in ChanneI Row

VENTESIMA PARTE - JEAN-THÉOPHILE DÉSAGULIERS FRA IL 1713 E IL 1717

    1. -Conferenze pubbliche
    2. - Désaguliers alla Royal Society
    3. - II beneficio di Stanton Parva e Lord Chandos
    4. -Figli di Jean-Théophile Désaguliers
    5. -Osservazioni

SITUAZIONE POLITICA FRA IL 1709 ED IL 1717

   1. - Fine della guerra di successione in Spagna
   2. -Lotta accanita fra tories e whigs
   3. - Ultimo periodo del regno della regina Anna
   4. -Primi anni del regno di Giorgio I
   5. -Ripercussioni sulla Massoneria
   6. -Rapporti franco-inglesi

VENTUNESIMA PARTE - PRIME RIGHE DEL RACCONTO DI ANDERSON

VENTTOUESIMA PARTE - INIZIO DEL RACCONTO DI ANDERSON

   1. -Nel 1717 c'erano a Londra più di quattro logge
   2. -Ragioni a sostegno dell'asserzione
   3.-«After thè Rebellion»
   4. -Le quattro logge fondatrici

VENTITREESIMA PARTE - SEGUITO DEL RACCONTO DI ANDERSON

   1. - Osservazione di un lettore
   3. -Seguito del documento: conciliaboli, risoluzioni
   4. - Scelta di un Gran Maestro

VENTIQUATTRESIMA PARTE - FINE DEL RACCONTO DI ANDERSON

   1. - Cosa occorre intendere per "Old Brothers"?
   2.- Perché San Giovanni Battista?
   3. - Cosa significa la parola "Libero" (Free)?
   4. - Nomina di un Gran Maestro

VENTICINQUESIMA PARTE - LA VITA DI JEAN THÉOPHILE DÉSAGULIERS SECONDO DAVID-C. A. AGNEW

VENTISEIESIMA PARTE - ROSA-CROCE E MASSONERIA

VENTISETTESIMA PARTE - OPERE DI DÉSAGULIERS

VENTOTTESIMA PARTE - ALTRE INFORMAZIONI SU DÉSAGULIERS

   1. -Désaguliers ingegnere
   2. -Estratto dalla Storia della Loggia di Edimburgo
   3. - Osservazioni suggerite da questa citazione
   4. - Quel che l'opera citata dice di Désaguliers
   5. –Esame dei dati biografici
   6. -Seguito della citazione
   7. -Osservazioni a proposito di questo brano

VENTINOVESIMA PARTE - ALLA LOGGIA DI EDIMBURGO (AGOSTO 1721)

TRENTESIMA PARTE - DÉSAGULIERS A PARIGI (SETTEMBRE 1735)

TRENTUNESIMA PARTE - PREPARAZIONE DEL LIBRO DELLE COSTITUZIONI

    1. -Orientamenti della nuova Obbedienza
    2. - Necessità di una Costituzione. Documentazione
    3. - Storia del Libro delle Costituzioni
    4. -Il duca John Montagu

TRENTADUESIMA PARTE - PRIMA REDAZIONE E REVISIONE DEL LIBRO DELLE COSTITUZIONI

2. - Qualche parola su James Anderson
3. - Esame ed approvazione del Libro delle Costituzioni

TRENTATREESIMA PARTE

   1. -Chi fu il duca di Wharton
   2. - Curriculum massonico del duca di Wharton
   3. -Punti contestabili
   4. -La parte di Désaguliers nell'intrigo
   5. - Verbali della Gran Loggia

TRENTAQUATTRESIMA PARTE - DÉSAGULIERS NEL 1723-1724

A CONCLUSIONE - APPREZZAMENTI AL NOSTRO STUDIO

ALLEGATO 1

   1. -La Loggia di Alessandria
   2. -Verbale della riunione
   3. -Prospetto della Cerimonia
   4. -Verbale della Cerimonia
   5. -Discorso del Venerabile

ALLEGATO 2 - Riflessioni di Rene Guénon sugli "Archivi di Trans-en-Provence"..... 342